Muchas veces me pongo a pensar las cosas desde el punto de vista de mi futuro yo.
Esto sirve para restar importancia al presente y enfocarme en el largo o mediano plazo.
Funciona así.
Hoy cuando terminé de querer ahorcarme por pelotudo luego de dar mal medio examen de álgebra, pensé todo desde lo que yo llamo “la perspectiva de futuro”.
Esto es imaginarme a mi futuro yo haciendo algo como trabajar o cuidar de mis futuros hijos—no deseados—o recibiéndome de contador, o simplemente rascándome el culo. No importa.
Lo que sí importa es que este ejercicio me permite pensar que mi futuro yo—ese que quizás cuide de sus hijos no deseados o se reciba o se rasque el culo—va a mirar hacia atrás, hacia donde yo estoy parado ahora y va a pensar algo del estilo “cómo me enojé esa vez conmigo mismo, y ahora me importa tres carajos, ahora parece tan insignificante ese momento”.
Y lo es, si me pongo a pensarlo friamente. (Friamente luego de querer destruir algo y putear en voz alta por media hora.)
No es la primera vez que me va mal en un parcial. Y probablemente no sea la última tampoco. Si sigo bajo esta línea de pensamiento puedo inferir que así como ahora me resbalan los fracasos del pasado, en el futuro me van a resbalar los fracasos de hoy, cuando el hoy se haya convertido en pasado.
Todo este cuentito te lo dije para ejemplificar mi teoría o visión de la perspectiva de futuro. Las cosas que hoy te molestan, ¿te van a molestar dentro de una semana? ¿Dentro de un mes? ¿Dentro de un año? ¿Cuando seas viejo?
Si la respuesta es “no”, entonces no vale la pena hacerse mucho drama al respecto.
Con esto quiero decir que en vez de hacer tanta mea culpa por cada fracaso, es más útil arremangarse e intentarlo una vez más que estar continuando una eterna cadena de fracasos y escudándose en la excusa de que “total mañana ya no me va a importar” sin aprender nada al respecto.
(Soy introspectivo pero no pelotudo)










