Tiramisu.
(Qué rico estaba. Lo adoro)
Tiramisu.
(Qué rico estaba. Lo adoro)
Es ese momento del mes otra vez.
Momento de ver los gráficos estadísticos, en este caso, de Agosto.
Récord de visitas en un día.
ANTES DE MIRAR EL GRÁFICO: Tené mucho cuidado en cómo lo leés, porque si te fijás vas a ver que la última raya cae abrúptamente. Eso es porque cuando el día termina, como hoy, ya se empieza a contar lo del día siguiente, y hasta que eso no suba, aparece abajo de todo, como si nadie hubiera entrado al blog. (Esto es algo que detesto de los gráficos de WordPress.)
En fin, hoy hubo 113 visitas. Pero ese no es el récord. El récord es el pico del día 27, que tuvo 179 visitas. Es el mejor día de tráfico en la historia del blog.
Así que en cuanto a cantidad de visitas en un sólo día, el récord está SUPERADO.
Vamos al semanal ahora.
Récord de visitas en una semana.
Durante Agosto el récord de visitas en una semana se batió varias veces seguidas. Hace dos semanas ya había un nuevo récord. La semana pasada se volvió a superar ese récord, y hoy, al marcar el fin de esta semana, de nuevo se superó el récord, siendo de 906 visitas.
Este número es increíble. Si nos ponemos a pensar en el mes de Marzo o Abril con 400 o 600 visitas mensuales, el récord semanal de Agosto nos hace ver las cosas con perspectiva. El crecimiento durante este mes fue increíble. Pero eso se verá aún más en el próximo gráfico.
Entonces, el récord de visitas semanales está SUPERADO. (Necesito a Julian Weich anunciando estas cosas al mundo. Lástima que me parece falso y no me cae bien.)
Vamos al último gráfico.
Cantidad de visitas mensuales. Gráfico de Agosto.
De nuevo: como aún no comienza Septiembre, eso está tocando el fondo del gráfico. Te invito a mirar el nodo que marca 2812 visitas. Ese es el nuevo récord mensual. Casi un aumento de mil visitas sobre el mes anterior.
Veníamos con un crecimiento de 400 visitas por mes, pero en Agosto la pendiente de crecimiento se duplicó, haciendo que la curva del gráfico se volviera más empinada.
Yo no esperaba ese crecimiento, sinceramente. Esperaba—y pretendía—un crecimiento sostenido. Crecer de a 400 visitas por mes. Pero Agosto me sorprendió con un crecimiento exponencial. Vamos a ver si se mantiene en Septiembre, cosa que me preocupa más.
Por el momento basta decir que el récord de visitas mensuales fue también SUPERADO.
Un mes espectacular, en resumen. Los tres récords fueron batidos, la pendiente de crecimiento se fue a la mierda de lo lindo, y las estadísticas actuales empequeñecen a las previas.
Eso es lo que todo adicto de la estadística quiere ver.
Gracias, Agosto.
(Y gracias a vos, querido lector, por hacerlo posible.)
Ya se vienen las estadísticas de Agosto.
(Te aviso para que te pongas como una quinceañera húmeda al ver a su cantante pop favorito)
Hoy estaba el subte de Constitución cerrado en todas las entradas salvo una.
¿Por qué?
Por la hinchada de River. O sea, por el fútbol, claro. El maravilloso deporte que es entretenimiento nacional. Entonces como a un montón de negros boludos se les ocurre hacer quilombo porque no tienen nada mejor que hacer en la vida, yo tengo que caminar y buscar una entrada alternativa para acceder a un transporte público.
¿Yo qué culpa tengo de que haya un partido? Ni sabía que había partido. Ni me importa tres carajos que haya o deje de haber. A ver si se entiende. Yo no estoy en contra del fútbol, sino en contra de la gente pelotuda que decide parar el mundo porque se juntaron 22 personas que dicidieron correr detrás de una pelota.
Porque en definitiva es eso. El fútbol son 22 tipos corriendo por una pelota. ¿Por qué carajo me tengo yo que molestar en saber que existen siquiera? Porque a ellos se les ocurre joder.
Porque no pueden simplemente gritar y gruñir en la cancha. No, no. En la calle también. En el subte también. En el auto también. En el bondi, por qué no, ya que estamos. Y así es como esto no tiene fin.
Yo no veo que nadie corte el tránsito por un partido de tenis o por un torneo de golf. No. Es este puto, maldito y repugnante fútbol, que atrae a la misma gente de mierda una y otra vez.
Estoy muy viejo y muy cansado para soportar esto.
¿Cuándo se va a terminar esta pelotudés fanática?
(Lo más triste es que yo sé la respuesta)
Estrenamos tag: Gente de mierda.
(No sé cómo no se me ocurrió antes)
Hoy en el subte un nene de mierda me pisó dos veces.
Luego se paró al lado de la chica hippie sentada a mi izquierda y golpeó su pierna con la mochilita que llevaba. Me tenía harto el nene. Era como que se cagaba en el más mínimo respeto hacia los demás.
Así que hice lo que todo hombre desquiciado habría hecho en mi situación.
Lo pisé.
Cuando el pequeño hijo de puta se paró de la mano de la rechoncha mami y se quedó esperando que la puerta abriera, delante de mí, pude pisarle el pie desde atrás, a modo de venganza.
Al pequeño zángano le molestó, porque un segundo después se dio vuelta con gesto de desagrado. Luego se bajaron.
¡Sí, hijo de puta, te pisé! Y lo disfruté cada instante. Y te tendría que haber pisado dos veces y apretándote contra el piso del vagón cada uno de tus insignificantes deditos, la reputa madre que te parió, que era una gorda pelotuda con cara de alegría. (Típica madre pelotuda que no educa a los hijos pero se la pasa fornicando y haciendo nuevos.)
(Rechoncha pelotuda. Ella es el verdadero problema por no educar bien a su pequeña basura con piecitos torpes)
Ayer escuché un tipo que le decía a otro que estaba en la cuadra de enfrente: “¡Qué alegría verte!” con tono efusivo. Hasta me parece que se abrazaron y todo.
Nunca me pasó esto, pero me intriga. ¿A qué se debe tanto afecto? ¿Serían hermanos? No creo. ¿Serían amigos? Probablemente. ¿Te parece saludar a un amigo así? La verdad que no tengo idea. He tenido muy pocos amigos y con ninguno recuerdo haber tenido esa clase de afecto.
Quizá el tema esté en que los amigos que tuve no eran realmente amigos.
(Y ahí es donde la cosa empieza a cobrar sentido)
Ayer salíamos unos cuántos del subte C para hacer combinación con la línea A, y yo estaba al final de toda la gente.
Los veía subir las escaleras y en un momento me detuve en el descanso. Parado en el centro, los observé durante unos segundos, caminando todos en grupo como una masa amorfa.
Parecían vacas caminando directo al matadero. Me sonreí brevemente, pensando en lo ridículo de toda la situación.
(La gente me entretiene)
¿Qué significan los viajes de egresados?
Nunca entendí eso. Si estás terminando ese puto secundario, tras cinco años de soportar a los mismos pelotudos y de ser dirigido por los mismos viejos ridículos, ¿por qué mierda querrías hacer un viaje con esa gente?
Y aunque te caigan bien, más allá de eso, ¿qué carajo tiene que ver ir a un colegio con hacer un viaje? ¿Acaso vos vas a una agencia de turismo a aprender Geografía? No.
Siempre me pareció tan boludo eso.
Ayer en el subte había un boludo tocando el tambor en la línea A, estación Lima.
Lo ignoré completamente, adentrándome en la pantalla de mi cel y tras los inmaculados audífonos de mi iPod, para que pensara que yo ni siquiera lo había visto u oído.
(Adoro ignorar a la gente que se empeña en llamar mi atención)
Ayer vimos una pareja echada en el pasto.
Cuando se levantaron, cada uno acicaló al otro, quitándole el pasto de la espalda. Parecían monos sacándose los piojos mutuamente.
¿Tiene nombre el techo corredizo de los autos?
“La vida es una mierda, y te lo digo yo, que soy optimista.”
Así empezamos el día en familia con mi vieja.
Hoy fuimos al Patio Bullrich.
Wow. Y cuando digo “wow” quiero realmente decir… “wow”.
Ese lugar es algo particular, digámoslo así. Primero que no es un shopping común y corriente. No hay marcas de ropa para pendejos. Entre las cadenas de ropa sólo había una de croto estilo underground—que yo llamo “ropa para parecer muerto de hambre”.
Los baños. Ja! Los baños son un sueño. Había agua caliente. Bah, tibia, pero cuenta. ¿Podés creer? ¿En la ciudad de Buenos Aires, encontrar un shopping cuyos baños hacían alarde de una delicada agua tibia que escurría dulcemente entre mis palmas? Es algo inaudito, dejame de joder.
Aparte, no sólo eso. Los cubículos estaban decorados con azulejos claros que llegaban al suelo. Nada de estar viéndole las patas al de al lado. No, no. Ahí había intimidad, carajo. Y la canilla, por Dios, lo que era esa canilla. El agua salía como una espuma, sin golpear violentamente mis manos, sino acariciándolas con la ternura con la que te acaricia una mujer.
¡Eso es un baño, la puta madre que nos parió a todos! (No sé cómo voy a cagar en casa después de ver eso. Va a ser jodido.)
Cuando salí le dije a mi novia: “tenemos que volver, me quiero quedar a vivir ahí. Es tan lindo…”
En fin, hermoso. El resto del lugar me gustó además por lo cómodo que es de recorrer. El Patio Bullrich tiene un público más selecto. Son casi todos viejos. O gente adulta-con-hijos-propios. Creo que vi seis personas menores de 30 años. Dos eran bebés. Dos éramos mi novia y yo, y el resto eran una chica y luego una nena con anteojos. Listo. Pará de contar juventud, porque no hay más.
¡Fantástico! Esa era la clave de la paz. Deshacerse de los pendejos. (Lo cual explica por qué en el Abasto no se puede estar más de media hora sin sentir ganas de ametrallar a esa manga de pelotudos quinceañeros que pulula el lugar cual ratas el puerto.)
Luego otra cosa. Una señora caminaba delante nuestro y de repente se detuvo, girando 180º hacia nuestra dirección. Ni me tocó ni chocó ni nada pero enseguida me dijo “disculpe”. “¿Viste eso? ¡Me pidió disculpas! ¡En esta ciudad de mierda una persona me dijo ‘disculpe’! ¡Ay, Dios, esto es increíble!”—le comenté a mi novia.
Y luego, al salir de The Coffee Store—donde decidí usar edulcorante para variar un poco la rutina y ver qué se sentía—la chica que nos atendió nos vio salir y también nos agradeció y despidió al vernos pasar. (Yo le había dejado la guita/propina en la mesa porque ella estaba atendiendo en otra parte.) Qué educados que son todos, carajo. Qué lindo lugar.
Y qué bien se visten. Todos estaban bien vestidos. No había ni un boludito con una remera de fútbol, ni una grasa con pantalones chupines color fucsia o peinados que les taparan los ojos. No. Eran personas normales, vestidas bien. (Menudo hallazgo.)
Luego bajamos a un subsuelo donde había un local enorme de Rouge. Me encantó el diseño negro con rojo y las estanterías llenas de perfumes diversos. Apenas pisamos el lugar una vendedora me ignoró completamente para ofrecerle a mi novia una tarjetita con perfume. La olí y me pareció de una delicadeza muy femenina. A mi novia también le gustó. El temita es que era una fragancia Armani, lo cual nos da una idea del costo. (Inaccesible para nuestros inexistentes sueldos.)
Duramos segundos en ese local, volviendo a subir por la escalera mecánica hasta la superficie, donde continuamos recorriendo cada recoveco del encantador shopping.
Mi novia me alertó de un libro de Modigliani que justo vio al pasar por la vidriera de Yenny. “Sí, pero sale 609 mangos. Mejor no lo compramos, bebé”—comenté. Todavía me pregunto qué tendría ese libro para costar tanto. Era bastante grande y parecía tener una calidad exquisita, pero aún así, 609 mangos no pagaría por eso. Me gusta el arte, la lectura y Modi, pero en la puta vida tuve 600 morlacos para tirar así como así. (Bah, ni la mitad tampoco, así que mejor ni hablemos.)
Vimos un sector para niños escondido en el último piso—como se acostumbra en todo buen shopping que se precie—pero nos preguntamos qué chicos irían allí, si las personas jóvenes no sumaban ni una docena.
En fin, es un lugar muy lindo. Hace años que no iba y si hubiera sabido que era así, hubiera regalado a ese lugar con mi majestuosa presencia hace tiempo.
(Es el opuesto exacto del Spinetto)
En mi viejo blog de informática, en un artículo sobre diccionarios, una lectora me dejó este descabellado comentario. (Lo que aparece entre corchetes es mi respuesta.)
Dios mío, la web está cada día más parecida a la TV.
(Y eso no es un halago)
Return to flatrock [allMeadow & Rob Costlow]
Este tema es una versión remix de una de las composiciones de piano de Rob Costlow que uso de sonido de fondo cuando escribo la novela.
(Debería decir “cuando escribía la novela”, porque hace rato que no estoy dándole mucha bola a ese proyecto. Tengo que retomarlo.)
En cualquier caso, es un tema breve y calmo, perfecto para viajar, observar el mundo o simplemente rascarse el culo.
(¿Y a quién no le gusta un tema así? Está para chuparse los dedos)
Y así comienza otro día.
Desperté tosiendo por este puto invierno que se niega a morir (y en contraste me está matando a mí) a las 9:16. No sabía si escuchar un podcast, seguir dando vueltas en la cama o prender la tele.
Al final me resigné y decidí levantarme porque tenía sed y me había tomado el vasito que siempre tengo a mano con gaseosa de pomelo. (No soporto irme a dormir sin tener a mano algo para tomar.)
Me hice el té con leche, que simplemente llamo “la leche”, y resolví escuchar el podcast de MacWorld. (Que me emboló sobremanera. Por suerte tenía otros para mitigar el embole.)
Yo ya estaba vestido, en la cocina, bebiendo mi infusión y con el iPod puesto, cuando apareció mi viejo con cara de dormido y me preguntó: “Eh… ¿vos vas a alguna parte?” “No, no”—respondí yo. Supongo que al verme vestido tan temprano habrá creído que iría a usar la bicicleta, como en otras oportunidades.
A la hora lo acompañé a cargar nafta y acá estoy.
(Resumen de mi mañana, para que estés al día)
El gran problema que surge cuando uno tiene sueño y se quiere ir a bañar es que cuando salga de la refrescante duchita, ya no va a tener sueño.
Alguien llegó a este blog buscando cómo hacer chocolate en rama.
A esa persona, y a futuros pasteleros con ganas de saber cómo hacer mi chocolate favorito, les dejo este link de la cocina de la Abuela Cata. (?)
(Yo tampoco sé quién mierda es, pero el chocolate debe ser rico)
Me jode que no se deje una pestaña en la cinta adhesiva Scotch cuando la terminaron de usar.
¡Hacele la pestaña! No tengo ganas de pasarme quince minutos tratando de ver cómo carajo despegar la cintita para poder pegar algo.
Me gustaría tener una camisa vieja para hacer “la gran Superman” y arrancármela desde el centro, haciendo que los botones salten por el tirón.
Aunque no sé qué podría decir para acompañar el momento.
“¡Este es un trabajo para Leonardo!”
(Ya imagino el traje con la enorme L en el pecho)
Hay algo que siempre me jodió del MSN.
No hay forma de comunicar el tono del diálogo.
El tono es la forma en que se dicen las cosas. Si yo te digo “Sos un boludo” en tono cálido, vos interpretás que te estoy jodiendo y la cosa termina ahí. Pero si te digo “Sos un boludo” en tono agresivo, vos interpretás eso como un insulto.
El tono es muy importante en un diálogo. Es una sutileza implícita que nos permite agregarle riqueza a nuestros decires. No es lo mismo un “te amo” dicho con ternura que dicho a los gritos como un vendedor de helados que ofrece bombones congelados.
Y eso es lo curioso de todo esto. Aunque de forma escrita en ambos casos el texto es el mismo, el tono cambia todo el sentido de esas palabras.
Para hacerla corta, lo que digo es que si el MSN no es capaz de capturar eso, no es capaz de ser sustituto de un diálogo cara a cara, de persona a persona, como los de verdad.
(Y no te atrevas a decirme que los emoticones reemplazan el tono. Andá a cagar)
Hoy a la mañana me quedé monitoreando este blog para ver cuando el contador de visitas llegara a 8888. Iba a hacer una referencia a Riberito y todo, pero me cagaron.
Miré un minuto y había 8885. “Faltan tres nada más”—pensé. Leí un artículo de Ars Technica sobre que LimeWire ahora tiene una tienda de música que a nadie le importa. Cuando terminé y volví a recargar la página del blog, noté que ya estaba en 8890 visitas. “Me cagaron, la puta madre”—dije.
Así que ahora tengo mi revancha. Falta una visita para llegar a las 9000 desde que el blog comenzó en febrero.
Febrero es el mes número dos. O sea que estoy haciendo un promedio de más de 1000 visitas por mes. Porque estamos en el mes ocho, Agosto, y ya llegamos a 9000 visitas.
Esto lo vamos a ver en detalle el domingo, que termina el mes y se vienen las estadísticas, todas muy favorables, por lo que estuve viendo hasta ahora.
¿Quién será el lector número nueve mil?
(Lo sé, lo sé, yo tampoco podré dormir preguntándomelo)
Resulta que cada vez que termina de hacer un backup, Sychredible abre esa puta ventana que me informa de lo afortunado que soy por poder usar el producto, recordándome además que si no lo voy a usar para uso personal, debería pagarlo.
¡Ya lo sé! ¡Me lo dijiste cuando entré en sesión!
¿También me lo vas a decir cada vez que hagas un backup? ¿Cada 70 minutos me vas a salir con esa ventana de mierda que encima me roba el enfoque, para decirme eso?
Chau, corazón. Ningún programa, por bueno que sea, amerita soportar esto.
Ya te estoy desinstalando. Andate a la puta madre que te parió.
(SyncToy 2, aquí voy)
Mucha gente cree que Gmail tiene 7 GB de capacidad porque tiene un poco más de 7000 MB de capacidad.
Eso es incorrecto.
1024 MB → 1 GB
7168 MB → 7 GB
Así que no redondeemos. 1000 MB NO SON 1 GB.
Gmail no tiene aún 7 GB de capacidad.
Hace dos días que no salgo de mis Leo-aposentos.
A ver si hoy hacemos algo, porque ya estoy cansado de estudiar (?) y escuchar musiquita punchi.
(Necesito una dosis intravenosa de rock)
A calentar una comida con el baño María lo llamo “hacer un bath Mary”.
Nueva mini-fotito-cuadrada.
(A ver cuánto pasa antes de que me pudra y la cambie nuevamente)
No pensé que sería tan pronto.
Synchredible se actualizó ayer y ahora cada vez que inicio sesión me agradece por usar el programa y me comenta que si le doy un uso personal, es gratuito.
Lo cual está muy lindo.
Lo que no está muy lindo es que ahora me tengo que comer esta ventana pelotuda cada vez que inicie sesión. Y lo que es peor: el botoncito de Close no aparece hasta pasados unos segundos.
Así que debo:
1) Bancarme la ventana
2) Bancarme la espera para que se active el botón de cerrar
3) Recién ahí cerrar la estúpida ventana
Conclusión: Estoy a un paso de mandarlo a la puta madre que lo parió y probar SyncToy 2.
(Me enferma que me jodan el inicio del sistema)
Fire.FM tiene una limitación que es en realidad una limitación de Last.FM y siempre me rompió las pelotas sobremanera: no hay forma de pausar la reproducción.
Y cuando estás cargando un archivo por streaming (*) eso es clave. Porque vos lo dejás en pausa, el archivo se carga, y cuando está todo, le das Play. Pero eso no se puede hacer con Last.FM, entonces te tenés que comer una reproducción entrecortada, lo cual es una cagada total.
(*) Streaming es reproducir un archivo sin que esté completo, a medida que se va cargando, como los videos de YouTube, que empiezan a verse aunque no estén totalmente cargados.
No soporto el tango.
La tonada, las palabras, el tono melancólico y al mismo tiempo sobrador… aaj. Me enferma.
(Otra cosa argentina que no comparto)
Por supuesto, yo termino de contarte mi experiencia con Synchredible y Microsoft saca la versión final de SyncToy 2.
Lo bueno de esta herramienta es que es gratuita y funciona bien. Pero lo más importante es que como todo programa de sincronización, lo que hace es backupear los cambios que se produjeron desde la última vez que hiciste backup.
O sea, la primera vez que usás este programa para hacer un backup, tarda mil horas. Porque te hace un backup de TODO lo que vos le digas.
Ahora bien, una vez eso haya pasado, las siguientes veces te hace backups incrementales. Eso significa que se fija qué archivos cambiaron, qué cosas borraste y qué cosas nuevas hiciste, y las refleja en la carpeta de backup.
El problema que yo tenía con Synctoy es que lo que yo borraba en mi usuario, no se borraba en el backup. O sea que tenía datos al pedo acumulando espacio.
Ahora, en la versión final de SyncToy 2 dicen haber arreglado este problema.
(Les creo, pero por ahora voy a seguir con Synchredible hasta que se me acaben los 39 días de prueba que tengo)
Hace días que estoy usando Synchredible para hacer un backup de todo mi usuario de Windows en un disco local.
Y funciona muy bien. Lo lindo que tiene es que me permite ajustar—en minutos—la cantidad de tiempo que pasa entre backups.
Lo puse en 70 minutos. Así que si alguna tragedia ocurre, sólo pierdo aquellas cosas que hayan cambiado en la última hora, aproximadamente.
Lo malo es que como todo buen software—salvo muy pocas excepciones—hay que pagarlo. Me quedan 39 días de uso y después no sé qué pasará. Y la razón por la que no sé es que ya extendí la cantidad de días de prueba. Originalmente eran 15 y lo extendí a 45, creo.
Vamos a ver qué ocurre. En ninguna parte vi que haya que pagar por esto cuando termine el período de gracia, pero creo que es lógico inferir que esa es la única resolución posible.
A menos que el programador esté tan loco que te ponga un período de prueba y cuando llegues al día cero de prueba, te salte una ventanita que te pregunte si realmente lo querés seguir usando. Le decís que sí, no pagás nada y sos feliz.
Pero algo me dice que eso no será así.
(Seguramente nos enteraremos de esto antes de que los 39 días pasen)
Hace mucho que no como helado.
Este clima malparido tampoco ayuda. Que frío, que calor, que sí, que no, que refresca, que hay humedad, que te cagás de calor pero si abrís la ventana se te congela el culo… es insufrible.
El clima se ha converido en esa minita histérica que tuviste de novia alguna vez. Esa mina que siempre rompía las bolas por H o por B, ¿te acordás?
Bueno, eso mismo pero con el frío y el calor.
A ver cuándo se viene la primavera y terminamos de una vez con este frío y todas las enfermedades que trae aparejadas.
(Así puedo degustar un buen almendrado sin temor a tener otro dolor punzante de garganta)
Me estoy pudriendo de que siempre debamos buscarle un sentido o una razón a las cosas que nos ocurren o nos dejan de ocurrir en esta vida.
A cagar con el orden del universo.
Yo digo que no hay orden. Es casualidad. No hay nada. Vivimos porque justo se juntaron microorganismos y se dio la vida. Y por inercia estamos nosotros habitando esta roca que le da vueltas al Sol.
No hay destino, ni magia, ni nada.
Y valamierda.
(Hoy estoy hereje; por ahí mañana me reconcilio con el orden establecido)
Qué embole.
Me pregunto si habrá algo interesante para hacer en la web.
Es más, voy a buscar “algo interesante para hacer en la web”.
Actualización: Nah, no hay nada.
Cada día de este mes es una constante reafirmación del récord mensual de visitas/lectores.
(Y no dejo de debértelo a vos)
Ya no escuchamos música como antes, en orden, en CD.
En esta “Era iPod” hacemos un tenedor libre con nuestra música. Picamos un temita techno, pasamos a uno rockero, nos movemos a uno más pop, y terminamos en un dance.
Es fantástico.
De un tema sobre la guerra compuesto por Nek, podés pasar a la canción de la piña colada, que ya no recuerdo ni de quién es.
(Estas son las cosas que disfruto de la modernidad)
—¿Qué querés ver, ma? ¿Las tragedias y muertes… o Carlos Arguiñano?
—Poné a Arguiñano.
—Okey. No más muertes por hoy.
(La TV del mediodía)