El miércoles fuimos al Zoo con mi novia.
Abajo, las infaltables fotos y comentarios de la aventura.
Primero: Por ser estudiantes de la UBA, la entrada fue gratuita. (¡Al fin un beneficio!) De todas formas, la entrada normal, sin los paseos raros ni exhibiciones extrañas, como el reptilario o el show de criaturas marinas, cuesta $9 por persona. No está mal.
Vamos a las fotos. (Y andá sabiendo que soy malo muy malo para los nombres de los animales.)

Las llamas, creo.

Ésta supuesta llama se negaba a mirar al público. Seguramente tendría las bolas llenas de ver gente todos los días. Yo las tendría.

Este es el primero de los distintos edificios que vimos sin utilidad aparente más allá de la decoración. Me gusta. Ni idea para qué carajo lo usarán pero que es lindo, es lindo.

Linda foto. Los animales... eh... ¿ciervos? ¿qué carajo serán? Mierda, por qué no pondrán más carteles informativos.

Mientras algunos se juntan en el árbol del fondo, otros vienen a nuestro encuentro, como las divas del lugar listas para darnos el show.

Parece que se hartaron de vernos. Se dispersan los ingratos. ¡Todavía que pagamos para verlos! (En realidad entramos gratis, pero bueno, igual cuenta.)

Adoro las sombras y luces de estas fotos.

¡¿Pero cuántas fotos les sacamos a estos bichos, carajo?!

Algo de perspectiva en el edificio lindo e inútil #1.

El sector ponja. O chino. (A todo esto, no vimos nada oriental en ese sector, que yo recuerde al menos.)

Entrando a China town. (?)

Los pochoclos del Zoo eran económicos y muy ricos. Tenían caramelo y sabor real, no ese sabor pedorro a pochoclo de fantasía, como en tantos cines.

La cebra nos muestra el culo. Acá es cuando empezamos a darnos cuenta de que los animales no nos daban mucha pelota.

Close up: El culo de la cebra en toda su gloria. Lindas rayas.

La jirafa se refugiaba bajo la sombra.

Algunas exhibiciones no mostraban mucho, mayormente debido a animales tímidos o echados.

La caja de pochos no era grande, pero alcanzó. Y la calidad era buena porque no contenía demasiadas bolitas sin explotar, mismas que detesto encontrar.

Cuánto verde. Quizá demasiado para mi gusto.

Sector cerrado y cartel prohibiendo cruzar las barandillas. (Había muchos carteles para los infaltables boludos.)

Tacho de basura hecho con envases reciclados de tetra brik. Era duro.

Otra construcción antigua. Ésta tenía alguna exhibición tropical o algo así. No entramos porque había que pagar y preferimos tomar algo.

Me gusta la arquitectura de esa edificación.

Había pequeños animales sueltos en sectores de pasto apenas limitados con una soga color verde oscuro que dejaba escapar sin problemas a cualquier animal. Sigo sin entender por qué.

Me encanta que el bicho ese mira con cara de sorpresa.

El cartel del orangután. La tipografía es típica de Zoo, recordándome al juego Zoo Tycoon.

Un clásico: el nene que se le cuelga al padre, pero no mira un carajo de la exhibición.

Supuestamente ahí está durmiendo el orangután. Si lo llegás a ver en esa escena, te merecés un lavarropas y un viaje a Disney.

La caja de pochos tenía el contorno superior recortado en forma irregular. Muy lindo detalle.

El sector de comidas era amplio y cómodo, con sombrillitas y toda la cosa. Las sillas no eran las mejores del mundo, pero para el exterior estaban bien. La vista era particularmente interesante. (Ah, sí, todo está auspiciado por Mirinda en el Zoo.)

La pandilla de oportunistas.

Las mismas palomas, correteando tras otro copo de pochoclo.

Las palomas de antes y algunas más... haciendo ya-sabés-qué.

Me encantan porque se hacen las boludas pero apenas ven morfi, se tiran de cabeza.

El carrusel. ¿Por qué hay un carrusel en el zoológico? Es como poner un tobogán en la puerta del teatro infantil. Sólo porque hay chicos, no significa que debas ponerles juegos. Igualmente se veía lindo, así que no me molesta, sólo me llama la atención.

Acá es cuando vi que la caja de pochos tenía una falla estructural en la parte de abajo, causando que algunos cayeran esporádicamente, quizá para beneficio de las palomas oportunistas.

Nunca supe de qué carajo era esta exhibición. ¿De agua verde? Ni idea.

Gente emocionada viendo el agua verde bajo los árboles. Basta que haya uno mirando para que todos los boludos aledaños vayan también. (Aunque no haya nada por ver.)

Más animales sobre un sector de pasto delimitado por una soga verde. Al menos posan de forma simétrica.

Hola. ¿Qué hacés ahí?

Bienvenidos al Zoo. El enorme mapa nos fue de utilidad.

La parte de atrás de una exhibición. Animales sueltos acá también. (Supongo que será normal. ¿O no?)

El sector escondido, con asientos hechos de tronco.

El sector escondido, con la enorme jaula que vimos luego, de fondo.

La entrada secreta al sector escondido.

Alguien se había tomado la molestia de acondicionar este lugar para los que disfrutan de la naturaleza. Notá las piedras y el cerco vegetal alrededor del lugar.

La enorme entrada al sector escondido, donde descubrimos que de escondido no tenía un carajo.

La enorme jaula antes mencionada, contenía a un cóndor, si mal no recuerdo.

Los altos edificios siempre estaban ahí para recordarnos que estábamos en un ambiente artificial y no en la naturaleza salvaje.

¿Bambies?

El problema de este tipo de animal es que es fácilmente confundible con otros similares en cuanto al tamaño y la forma corporal.

Es increíble lo que se logra con un editor de fotos decente.

El dromedario—porque el camello tiene una joroba y el dromedario dos—me llamó la atención por tener una joroba caída. Parecía una almohada.

Me encanta el edificio estilo árabe que le hicieron al dromedario. Como si el animal supiera.

El cartel de la cabra enana. Menos mal, porque sino las confundiría con ciervos o "bambies". (Bueno, la naturaleza no es mi fuerte, perdoname por vivir.)

No sé adónde van esas cabras enanas africanas. Algún visitante les estaría dando alimento, supongo.

Donde hay comida, hay palomas.

Este momento de las cabras enanas africanas fue traído a vos gracias a Mirinda, sponsor del Zoo, aparentemente.

¿Y esto qué sería?

Estas tienen más pinta de llamas que las otras del principio. Estoy confundido.

No tengo la más puta idea de qué son estos bichos.

Un clásico: la nena con la mochila de osito.

Más animales en el pasto. Igualmente por lo poco que se movían, no me preocuparon mucho.

Edificio inútil pero lindo #2.

El kiosquito de comidas a mitad del camino. Ese que está parado no soy yo, eh. A ver si me confundís. No, no.

El tapir, auspiciado por Mirinda.

Eh... ¿y el tapir? ¿Hola?

Los caminos eran amplios y el lugar no rebosaba de gente, cosa siempre bienvenida. Igualmente había más de la que nos agradaría ver. Pero eso es una constante.

Buscando al tapir prófugo.

El ticket de compra del kiosquito a mitad de camino.

Los pumas, echados. Empiezo a creer que fuimos al Zoo a la hora de la siesta, dada la poca bola que nos dieron los animales.

Los pumas echados, toma dos.

El paso de agua, símil "fuente de los deseos".

La "fuente de los deseos" desde el puentecito.

Nunca falta el que tira monedas. Los chicos decían: "mirá, mamá! monedas!". Ahí están las monedas que escasean.

Las palomas afanándole la comida a los... ni idea qué son.

"¡Estas palomas de mierda, me dejan sin morfi!"

Todos a la mesa.

Una mujer dijo: "Ay, mirá cómo el bebé toma la teta de la mami! Ahhh!" (Siempre hay alguna mina que grita algo como eso. Por qué carajo serán así.)

El elefante tomando agua. Combina perfectamente con el edificio de al lado.

Al ver que lo mirábamos y que se acercaba gente, se dio vuelta y se fue. (Estos animales no se interesan en la fama, evidentemente.)

El sector del yaguareté, auspiciado por Mirinda. Un nene preguntó qué era. El padre le dijo que era un leopardo. ¿Qué dice el cartel? Que a menudo se los confunde con leopardos. Bárbaro.

El yaguareté. Tampoco se molestó en mirarnos. Se quedó echado ahí. Ni bola.

El león blanco, no es albino. Qué bien.

El león blanco, ese que no es albino, echado también. (Estarían de huelga los animales ese día. Dejame de joder.)

Infaltable cartel para pelotudos inquietos que se trepan al alambrado.

La jaula de los leones normales. Ni idea dónde están los leones.

El cartel del león, auspiciado por Mirinda, por supuesto.

Un clásico: el que pide direcciones.

Un clásico: el que saca fotos a mitad del paso.

El cartel del leopardo de las nieves, auspiciado por Mirinda.

"¿Y la nieve? ¿No es el leopardo de las nieves? ¿No hay nieve acá?"

Seguimos con la jaula del león, a ver si lo encontramos.

No, no lo encontramos. Pero qué linda escalera.

El oso misterioso.

El oso cauteloso.

Éste sí que era misterioso. Ni quiso salir de la cueva, y eso que tenía piletita. (Aunque no tan linda como la del tapir prófugo.)

Al ver el cartel de "Hacete el oso", donde todos los pendejos se medían, decidí medirme yo también.

¡Encontramos al león! Estaba echado, al igual que el resto de los animales no-prófugos. (Qué desastre, la puta madre.)

Mejor vista del cartel "Hacete el oso".

Me hice el oso. Mido 1,80 y pico.

Edificio inútil #3. Y este ni siquiera es lindo.

Pero tiene vista al agua verdosa, eso sí.

A ver si el otro lado es mejor... No.

Edificio inútil pero lindo #4. Me encanta esta arquitectura por el pasillo con balcón pero al aire libre. Muy lindo eso.

Qué lindo.

Vista de los caminos cercanos a la salida.

Áreas verdes para animales que correteaban libremente.

Pájaros, mamíferos. Todo en el mismo lugar. Es como un Wall-mart pero de animales.

El banco donde nos sentamos antes de dirigirnos a la salida.

Me pregunto qué habría en ese edificio.

Siempre hay algún boludo que tiene que pasar cuando sacás la foto.

No había notado los banderines hasta ahora. Me pregunto si significarán algo. (Dudo que tenga que ver con el estado de las olas.)

Close up: el edificio que fotografié hasta el hartazgo.

El... ¿pato? Sea lo que fuere, andaba libremente en un sector verde.

Una frase de Borges sobre los tigres.

Borges y el tigre. (?)

Contrucción rara pero linda #5. Vista de lejos.

Notá la columna apoyada del lado derecho. Linda.

Tortuga escondiéndose en el agua, apenas visible.

La islita donde estaba la construcción rara pero linda #5.

Pájaros correteando libremente.

La islita, de lejos.

Súper combo: la islita y los supuestos patos que quizá no lo sean.

Nunca supimos qué era la cúpula del fondo.

Mi novia me hizo ver el arcoiris. Luego alguien dijo: "mirá! el arcoiris!", y más tarde, otro repitió "uy, mirá, un arcoiris, mami!". (Acá es donde mi novia ideó la teoría de que a todos nos sorprenden las mismas pelotudeces.)

La magia de un buen programa de retoque fotográfico. El agua es más azul que la del caribe.

El arcoiris, toma dos.

La salida.

Baños y cabinas telefónicas.
Fue divertido, hace años que no íbamos ninguno de los dos al zoo.
(Recuperé cerca de tres horas de mi infancia perdida)