Ayer estaban haciendo un acto por San Martín, o algo así.
Un montón de gente sin nada que hacer, agolpada para ver un show conmemorativo en una plaza. Estaban los mosqueteros boludos esos (los granaderos) y los infaltables desquiciados con las cámaras de fotos. No vaya a ser que se pierdan el momento mágico de la conmemoración de una muerte. La muerte de alguien que jamás conocieron pero que por alguna extrañísima razón sienten ligado a sí mismos. (En realidad lo que pienso es que fueron por inercia, porque había otra gente ahí y les dio curiosidad, no porque les interesara San Martín en lo más mínimo. Llámenme cínico.)
Y entonces, rodeando todo ese carnaval cocolichero, continué mi caminata, pero no sin detenerme a pensar por qué tendremos esta necesidad de recordar a los muertos “importantes” de esta forma. Con actos y espectáculos, haciendo un gran escándalo y pretendiendo que gente absolutamente desconocida –que ya está muerta y comida por los gusanos– fueron nuestros amigos de toda la vida.
Nunca lo entenderé. Si el tipo fue patriota, bien por él. Si fue una buena persona, bien por él. Si no lo fue, bueno, es un tema suyo. Sinceramente, ¿qué carajo me importa a mí la vida de San Martín? O la de Sarmiento –el animal ese que educaba bajo el lema de “letra con sangre entra”–, y otros supuestos héroes nuestros.
Mientras tanto hay “héroes” actuales a los que nadie les da bola y tampoco son conocidos míos. (Doctores, gente que trabaja ad honorem, etcétera.) Entonces si a los vivos no les doy bola porque no los conozco ni son mis allegados, por qué deberían importarme los “héroes” del pasado que tampoco conocí ni fueron contemporáneos míos.
El pasado pasó. Si estos próceres hicieron algo por el país, qué bien. Ahora el país es una mierda. Así que todo fue inútil. Mejor sería dejar de pretender que somos patriotas porque vamos a un acto mientras seguimos en la inercia decadente a la que estamos acostumbrados.
Lo peor es que mientras todos se la dan de patriotas y gritan “Viva Argentina”, el país sigue siendo una república bananera de segunda. Y eso no va cambiar por más patriota que sean. Sólo cambia si se intenta progresar. Pero con la mentalidad del argentino –principalmente el porteño– eso nunca cambiará. Seguiremos matándonos entre nosotros llevados por la envidia, el resentimiento y la exclusión social.
Me pudre este teatro patriótico anual porque siempre pienso lo mismo.
Pero eso sí, eh: no te olvides de ponerte la escarapelita el 25 de mayo. Eso cambia todo.