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Hoy en Derecho –sí, al final fui a la f…

Hoy en Derecho –sí, al final fui a la facu pero para cursar una materia, a otra no fui porque quería dormir más– el tipo llega y empieza a despotricar contra el bicentenario y que Cristina no quería ir al Colón, y que Macri se cree el dueño del evento, y demás.

Cuando termina le empieza a preguntar a algunos qué opinan. (?) No sé cómo, terminamos hablando de la corrupción, y que él pagó una coima y se sintió sucio y le dio asco todo el sistema. Entonces salta uno de atrás mío, el filósofo frustrado, y le dice que para cambiar el sistema corrupto primero tenemos que entrar a él siendo corruptos, como cuando uno miente en el curriculum. (Ese fue el ejemplo que dio.)

En esa vena salta otro pibe y cuenta que un policía le quería cobrar peaje o no-sé-qué y como lo vio apurado quería que le diera una coima para salir del paso y poder dejarlo ir pronto. Entonces el pendejo que cuenta esto dice: “¡Es capitalismo puro! ¡Él vio que yo estaba apurado y se aprovechó! ¡Es capitalismo puro!” (???)

Entonces salta el filósofo frustrado de atrás, el mismo de antes, y dice: “No, yo no creo que eso sea capitalismo. Capitalismo es cuando tenés un chancho…” y acá es donde el tiempo se detuvo para mí.
Acá es donde, en espacio de dos segundos, pensé: “¿PERO QUÉ CARAJO HAGO YO ACÁ? HACE UNA HORA QUE ME ESTOY COMIENDO ESTA PELOTUDÉS. ¿EL CAPITALISMO ES COMO UN CHANCHO? ¿UN CHANCHO? AH, NO, BASTA. ESTO ES TOO MUCH, FLACO. ANDÁ A LAVARTE EL CULO…” Agarré la campera y la mochila, me paré y me fui. Todos me miraron.

Había pasado más de una hora desde el comienzo de la clase. Vamos a repetir eso para darle más énfasis: Había pasado más de una hora. Más de una hora debatiendo pelotudeces que no tenían NADA que ver con Derecho. Pero nada, eh. Cero, nothing, zip.

Y esto me da en los huevos, porque el chabón de Derecho me caía tan pero tan bien, que ahora me siento muy decepcionado de él. Es un boludo. Llega puntual, cosa que admiro muchísimo, pero se pone a pelotudear cada comienzo de clase con alguna noticia u otra idiotez y entonces yo me siento como un pelotudo, porque me tomé todo el trabajo de salir temprano de casa para llegar bien pasando por los putos piquetes que agarra ese colectivo de mierda que tanto odio, y al final el chabón se caga completamente en mí, porque en vez de hablar de, oh, no sé… ¡DERECHO!, habla de la actualidad. Andá a cagar. Si quisiera hablar de las noticias pondría el noticiero.

Pero la concha tuya, yo no voy a la UBA a hacer debate, tesoro. No me interesa. Voy a que me des una clase. Para eso está destinado ese espacio de clase de Derecho. No es para debatir la actualidad. Porque incluso si me dijeras que debatimos Derecho, bueh, lo justifico. Putearía también, pero estaría más o menos justificado. Pero no. Acá el flaco se puso a hablar e incitó a otros a hacerlo también, sobre temas que nada tienen que ver con el Derecho. ¿Entonces para qué goma curso yo esa materia?

Yo no entiendo esto. Imaginate que en medio de una materia matemática, el profesor o profesora saltara y dijera: “Bueno, vamos a debatir sobre el problema este que surgió en el Senado, porque me parece que es importante tratarlo”. En una materia matemática no encontrás uno que te justifique hacer algo diferente a ver números. Pero las materias escritas o sociales –no sé cómo carajo definirlas, más allá de no-matemáticas– tienen esta particularidad de ser dadas por profesores que gustan de hablar pelotudeces ajenas a su campo de estudio. Y nadie les dice nada porque está visto como algo normal. Aunque no lo es para nada, cuando lo analizás un poco, como ahora.

Si la UBA quiere dárselas de formadora de personas de bien con conciencia social, (JAJAJA, en qué país viven), que haga materias para debatir estas pelotudeces. Pero por favor, no me vengan a meter de prepo un montón de debates sobre nimiedades que nada tienen que ver con las materias que curso. Porque yo no voy a la facultad a rascarme la concha. Voy porque quiero aprobar las 22 putas materias que me quedan, donde cada una que apruebo me cuesta un Perú porque detesto estudiar. No voy a jugar al club de debate. Voy a aprobar materias para que me den el preciado título de contador, para obtener un laburo de tal y cobrar un lindo sueldo, para finalmente mudarme de casa y comenzar a vivir mi vida junto a la mujer que amo.

Y acá viene otra cosa que me da por los huevos. (A esta altura, mis huevos ya son un omelette.) El profesor nos dice, al igual que tantos otros profesores de materias sin contenido para llenar dos horas, “aprovechen este espacio para expresarse”, o algo así.

Flaco. No quiero aprovechar tu clase para opinar porque tu clase es para que vos… des clase. Ya sé que es un concepto innovador, pero consideralo, porque la idea es básicamente esa. Si yo me anoto para “Derecho”, la idea es que vos, el profesor de Derecho, me enseñes… Derecho. No que me vengas a hacer la escuelita de vida donde aprender valores y amor. Eso no es tu misión. Tu misión es darme tu materia, evaluar mi parcial y dejarte de joder.

Te cuento cómo funcionaría mi ideal de clase de la facultad. Supongamos que curso una materia de 17 a 19. Yo llego a las 17. El profesor llega a las 17. En punto. Los dos. Ni un minuto antes, ni un minuto después. El tipo saluda y empieza EN ESE INSTANTE a dar su clase hasta donde tenga material. Si termina antes de las 19, bárbaro, nos vamos antes. Sino, da la clase hasta las 19. Y a las 19 termina de dar la clase, aunque le falte decir algo. No importa. Si termina a las 19, termina a las 19. No a las 19.01, ni a las 19.10. (Y recordando al sorete de Iribarne: NO A LAS 19.45. Forro.) El profesor nos dice las fechas de todos los parciales, finales y demás, con antelación. Nos toma el examen y lo corrige pronto. Toma exactamente lo que mandó a estudiar y nada más. Ninguna sorpresita, ninguna cosa rara, ninguna palabrita cambiada ni preguntita capciosa. No. Lo que dio es lo que toma. Punto. Nos da las notas, y los que aprobaron son libres de seguir su vida.

Nótese que en mi ideal de clase de facultad no hay espacio para debates pelotudos, ni para que el profesor llegue tarde, cagándose en mí, ni para que me tome cosas que no dijo que iba a tomar o que no dio en las clases. En mi ideal no existen estas forradas que te hacen los profesores de la UBA. Y estoy cansado, cansadísimo, de que me quieran cagar. Tengo los huevos ASÍ de que me quieran cagar.

Y lo peor es que nadie dice nada. Pero yo sé, porque los veo, que hay muchos otros que piensan lo mismo que yo, que cursan conmigo, pero que no hacen nada. Están ahí plantados como potus, sin decir palabra, bufando y puteando por lo bajo cuando los otros idiotas opinan. Porque no te creas que opinan todos. Los que opinan son una ínfima minoría del grupo que compone toda la clase. Y me revientan tanto porque no pueden simplemente guardarse sus opiniones para ellos. Es como que necesitaran demostrarle a los demás que tienen ideas propias. Sí, ya sabemos que pensás, pelotudo. Yo también pienso cosas durante el día. ¿Pero te parece que tengo tan baja autoestima como para necesitar decirte a vos, en una clase de Derecho, lo que opino sobre Cristina y el bicentenario? ¡QUÉ CARAJO TE IMPORTA!

Esto encima lo fomentan algunos profesores, que creen que la gente es mogólica –cosa que no puedo discutir– y entonces necesita un espacio para expresarse, pensar e intercambiar ideas. ¿Te parece que una clase de Derecho es para discutir las noticias? Yo sugiero ir al café de la esquina. Ahí podemos ir y debatir incesantemente por horas y horas hasta arreglar cada problema imaginable del mundo. No serviría de absolutamente nada, pero al menos le darían de comer al dueño del local y mantendrían el sueldo del mozo que los atendió.

Lo peor es que como los incitan a expresarse, los hijos de puta empiezan a opinar. Y tenés que comerte cada pelotudés, cada cosa tenés que escuchar, que se te caen las medias de espanto. Hoy una decía, cita textual: “Me gusta el bicentenario porque son 100 años…” Luego saltaba el otro boludo al que cada cosa le parecía “capitalismo puro”, y por último el filósofo frustrado explicando que el capitalismo es cuando tenés un chancho. Basta, flaco, basta. Esto no tiene sustento. No da para más. Me recuerda a la canción de los elefantes columpiándose en la tela de araña. Esta tela de araña se hizo mierda hace rato ya, pero los elefantes no paran de seguir intentando ver cómo columpiarse sobre sus restos.

Siempre sale algún pelotudo de no-sé-dónde con ganas de opinar y por alguna puta razón, no le da vergüenza. Él opina, total, estamos al pedo acá. Si tenés una opinión, nos alegramos por vos, pero no nos la cuentes. Sólo porque juntaste las dos neuronas e hicieron cortocircuito, no es motivo de celebración. Guardá tu profundo pensamiento para la posteridad. Anotalo, contáselo a tus hijos, hablalo con tus amigos en el pasillo, o ponelo en un blog donde la gente lo lea por voluntad propia. Pero no obligues al mundo a escuchar tus insípidas opiniones. Sólo porque vos las tenés, no significa que los demás queramos escucharlas.


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