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Compré el bermuda de Stone.
El vendedor estaba y adiviná qué más: LA PILA DE BERMUDAS SIN VENDER.
¡VISTE!
Siempre hacen esa táctica los vendedores. “Ay, no sé si lo voy a tener, eh… uhh… qué miedo…. comprame ya!”. Vas a la semana y sigue todo ahí. Andá a cagar.
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Mientras esperaba afuera del aula de Administración para comenzar la clase de hoy, se largò fuerte la lluvia y pude verla caer en todo su esplendor en el centro del patio de la sede de la UBA.
Era preciosa. Me encanta la lluvia. El cielo oscurecido, la luz tenue, el aire fresco que te llena los pulmones –pero no fresco de frío, sino fresco por la frescura que el agua inyectó en él– la música de mi iTouch –el tema With or without you de U2 es perfecto para escuchar a todo volumen viendo la lluvia caer–, las columnas de agua, los rayos a lo lejos, los truenos que se escuchan segundos después… es hermosa la lluvia. No cambio un sólo día de lluvia por todos los días “hermosos” –para la gente común, no para mí– repletos de ese Sol pelotudo que te calcina, y ese calor de mierda que te pega la ropa a la piel, y te mete los calzones en la raja del orto. La lluvia es tan especial y particular como el día soleado nunca podrá ser.
(Sin mencionar el show de ver corretear por doquier a los incautos mientras uno está cómodamente a cubierto; eso es gratificante en sí mismo)
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Hoy entregaron los parciales de Administración.
El tipo dice mi nombre, levanto la mano para que me ubique, me mira, y sosteniendo el parcial me dice: “¿Què me hizo?”. “Chau, caguè. Me saquè un dos o un uno. Ay, mierda, ahora tengo que volverme puto estudiando todos estos dìas para esta mierda…”–pensé.
Pero dije: “Eh… ¿Què pasó?”
“Se sacò 10.”
Yo: “…”
Todos me miraron.
Yo: “,,,”
Una chica del grupo y alguien màs me felicitaron, pero yo no salìa aùn de mi asombro. El tipo agregò que le gustó que era un parcial “coherente” para leer porque estaba todo escrito de cosas, prolijo y demás. (Nunca me hacían dicho algo tan lindo sobre un parcial, sinceramente. Suelo intentar ser prolijo, pero tampoco es como que me importa mucho.)
Para cuando comencè a volver al planeta Tierra el tipo ya estaba con la nota del siguiente.
Resulta que en ese parcial yo había chamuyado una respuesta sobre un tema que no había estudiado, deduciendo según el enunciado. Me preguntaba qué era un sistema complejo, o algo así, y puse que un sistema complejo sería uno donde habría muchos elementos afectándose entre sí, o alguna pelotudez por el estilo. Evidentemente estaba bien. Los demás temas los conocía pero no me tenía mucha fe.
Y había otra consigna donde se debía poner la inicial de cada escuela administrativa o autor leído según el tema dado en la consigna. O sea, si te ponían “línea de montaje”, poner la “T” de “Taylor”, por ejemplo. Ahí había muchas cosas que no tenía la más puta dónde iban. Obviamente hice “de-tin-marín-de-do-pingüé” y mandé varias al azar. Parece que le pegué con eso también. Y el resto lo conocía, eran varias preguntas, así que aún si esas dos hubieran estado mal quizás hubiera sacado un siete u ocho.
Tuve suerte.
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Qué embole. No quiero ir a la facultad. Quisiera quedarme en casa de mi novia, mirando alguna película, sinceramente. Igualmente iré porque ya no tengo muchas faltas más para especular.
(A veces creo que estoy tirando mi juventud a la basura; pero espero que dentro de veinte años pueda mirar atrás y decir “menos mal que soy contador o me hubiera cagado de hambre”)
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Hoy pude satisfacer el antojo de comer los aros de cebolla de Burguer King.
Seis mangos. Qué afano. Me dieron una bolsita miniatura con unos pocos aros. ¡Seis mangos para eso!
Encima, la gorda hija de puta que me atendió me quiso tragar un peso de vuelto.
“Me tenés que dar un peso”–le digo.
“Te lo di”–dijo la perra.
“No, no me lo diste”–retruqué, dejando que mi mente comenzara a divagar anticipando todos los posibles desenlaces de esta charla.
“Ay, pensé que te lo había dado”–comentó ella, con tono totalmente despreocupado y resuelto.La miré, y en vez de darme el vuelto, atendió a una pareja de inoportunos hinchapelotas que JUSTO aparecieron en ese instante, para romperme los soberanos huevos. Los atendió con calma, les pidió más dinero para darles bien el cambio porque no tenía –cómo me pudre que los comerciantes no tengan cambio; ¡para qué mierda tenés un negocio si no vas a tener cambio, la puta que te parió!– y finalmente usó una de las monedas para darme mi peso de vuelto.
Me quedé tranquilo mientras esperaba mi orden. La otra empleada, una “rubia”, puso las cosas mal en la bandeja, poniéndome un café que no había pedido, cosa que la gorda forra arregló luego.
Otra cosa que detesto: Los que te atienden en los fast food.
(Y cuando te atiende una gorda enorme en un local de comida, te replanteás toda la experiencia alimenticia, porque tenés miedo de terminar como ella)
PD: Me querías cagar el vuelto pero te agarré, puta. ¡Te agarré!
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Suelo escribir “sory” a pesar de que sé que en inglés se escribe “sorry”. Lo hago como algo informal, y por costumbre, pero sólo con gente conocida.
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Fui a Stone a ver bermudas. (¿Se dice “la bermuda” o “el bermuda?” Tenemos un debate con mi novia por este tema, irresuelto, desde hace meses. Es más, lo habíamos olvidado.)
Había uno que me gustó, tenía cinco bolsillos –dos de ellos cómodos–, buen cierre, nada de botones –odio los botones en la bragueta, qué cosa más impráctica, la puta madre–, y un diseño interesante, con rayas verticales leves. Ok, me gustó.
Ciento setenta y seis mangos. ($176). Fah. Con razón a) odio comprar ropa, y, b) a veces quisiera no usar ropa de marca. La uso porque la calidad suele ser mejor y el diseño me gusta más que la ropa pedorra de supermercado, que también tengo pero no me gusta mucho. (Aunque hay excepciones.)
Qué caro.
Encima le pregunto por el bermuda, y tras dármelo, me ofrece ver remeras. A lo que le digo: “No”. Por favor. Cuando voy a ver remeras, son todas una cagada y nadie tiene; todos te venden pantalones. Ahora que voy porr un pantalón, me quieren enchufar la remera. Bueno, no. No funciona así, eh. Ya tuve novias histéricas, no me hace falta encontrarme vendedores histéricos también. Compraré la puta remera cuando YO quiero comprar la remera, no cuando a vos se te ocurra vendérmela porque necesitás la comisión para gastártela en un boliche caro pensado que te vas a coger a una minita de la alta. Yo voy a comprar algo específico; si no lo tenés o tardás en atenderme, chau flaco. Otro comercio aparecerá ante mis ojos pronto, y seguro estarán más interesados en agarrar mi dinero.
Encima le digo al vendedor que volveré para llevármelo en unos días –no tengo guita, viste; necesito que mis padres paguen las cosas, como buen nene mimado–, y con cara de pucherito me hace la típica táctica de vendedor de ropa: decirme, al pasar, “si es que aún lo tengo…”.
Ay, mirá vos. Sos re piola. O sea que me querés meter miedo para que te lo compre YA. O sea que me querés hacer creer que lo vas a vender en estos días. Justo ese modelo. Justo ese talle. Y sobre todo teniendo en cuenta que hay cuatro pilas de bermudas, sin mencionar los otros que estaban colgados.
Pero yo sé lo que le molesta. Él no va a estar el día que yo lo vaya a comprar el pantalón. Y le jode haberme atendido sabiendo que la comisión no se la va a ligar él, sino algún otro vendedor pelotudo pseudo-cool como todos los que atienden esos locales de ropa de marca, que actuán como si estuvieran en un boliche y uno fuera una mina que se tienen que chamuyar.
Dejate de joder. Si lo vendés, ME RES-BA-LA, corazón. Sigo usando el bermuda croto que tengo puesto, y listo, te vas bien a la mierda. Es sólo ropa, no es la muerte de nadie si no se me da y no te lo puedo comprar. Y no pertenezco a “la alta”, donde el que no está bien vestido es mal visto. (Otra ventaja de la clase media.)
Me fui sin hacerme problema. Boludo.
(¿Ya te dije que detesto a los vendedores de ropa?)
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Hace un tiempo me ocurre que cuando conecto mi iTouch a la máquina, se le adelanta una hora el reloj. A mi hermano le ocurre igual en el suyo.
Bueno, hoy comencé a cronometrar cuánto tardaba en llegar a casa desde la de mi novia, y al llegar recordé, luego de conectar el Touch, que tenía el cronómetro andando. Lo miré y me marcaba que había tardado dos horas y media de viaje. Lo miré de nuevo y noté pronto todo el error, y la curiosidad.
Lo normal es que tarde poco más de una hora para regresar de casa de mi novia, y no había pasado casi nada de tiempo desde que conecté el Touch a la PC hasta que miré el cronómetro. De modo que la conclusión obvia que sacamos de esto es que el cronómetro se basa para hacer la cuenta de cuánto tardo, en la hora de inicio. Y al cambiar la hora del dispositivo en una más, sumó una hora también al cronómetro, lo cual es ridículo, porque debería ser independiente.
Quizás sea esto lo que me pasó la semana pasada cuando instalamos Windows 7 en la PC de mi novia y mi cronómetro –que usaba yo para ver cuánto tardaría el OS en instalar– marcaba “-55 minutos” un rato después. (En la máquina de ella me lo retrasa al reloj del Touch.)
En conclusión: Apple tiene que solucionar estos temas con la hora. Debería ser algo bastante básico. No estoy pidiendo que corrijan una exploit de seguridad, o un bug en una Time Capsule. Es simplemente la hora del puto iPhone OS.
Get your shit together, Apple.
(Este fue otro episodio de CSI: El Touch)
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Ah, no te conté. Había empanaditas. Estaban ricas.
(Disculpame que te dejé con la duda, eh. Me salió el Hitchcock de adentro)
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Me pregunto cómo será tener sexo en el espacio. ¿La gravedad qué papel jugará en cuanto al tema erección?
(Esto surge cuando tengo una clase aburridísima en la facultad y mi mente se pone a divagar)
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Y luego de esa extensa review me voy a comprar empanaditas. Espero que haya.
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Wave: Una semana después. (Review/Crítica/Primer vistazo)
Hace una semana que fui invitado a Google Wave, y durante estos días tuve tiempo de usar el servicio con algunos conocidos. Noté varias cosas sobre este nuevo servicio, autodenominado “la reinvención del email”.
Antes de empezar:
- Wave –con mayúsculas– es el nombre del servicio, y wave –con minúsculas– es el nombre dado a cada conversación o intercambio entre dos o más partes, como si fuera un email donde existe Gmail que es el servicio y el mail en sí, que es la conversación entre dos o más partes.
- Cada bloque de texto que escribe cada persona en el ida y vuelta de la conversación se llama blip. O sea, si yo te saludo con un “Hola” y lo dejo así, eso es un blip. Si vos abajo me lo respondés con un “¿Eh? ¿Vos quién sos?”, eso es otro blip. Y todos los blips componen la wave en la que estamos hablando, que sería una suerte de documento donde múltiples partes pueden trabajar simultáneamente, y editando lo que escribieron antes, además de ver en tiempo real cómo los demás van escribiendo. (Todo esto imposible actualmente usando email.)
- Una wave difiere además de un email en que puede incluir gadgets o elementos dinámicos, sean mapas, encuestas, videos de Youtube y demás. Más gadgets serán creados con el tiempo. Además se pueden compartir imágenes de la PC a una wave, simplemente arrastrándolas desde la ubicación en la PC hasta la ventana de Wave. Automáticamente irán subiendo, y serán mostradas una al lado de la otra, a modo de miniaturas con efecto polaroid. Las mismas pueden verse como un slideshow de fotos.
Al entrar a Wave lo primero que vas a pensar es “¿Y ahora qué hago?”
Creeme, no conozco una sola persona que no lo haya pensado. Y es que el servicio es tan distinto a lo conocido, y su interfaz tan nueva, que se siente… extraño. Al menos esa es la primera sensación. Conviene tomarse unas horas para explorarlo un poco, cosa de no volverse loco. (Como dije hace una semana, si te manejás bien con el inglés te conviene leer el libro online de Gina Trapani sobre Wave.)
Todos los paneles que componen la ventana de Wave son colapsables o minimizables. Al minimizarse aparecen como rectángulos en el área superior, a la derecha del logo de Google Wave preview. El primer panel de la izquierda recuerda mucho a la barra lateral de Gmail, ya que podés filtrar las waves que tengas según si están en la inbox o en la basura, o bien archivadas. Es como Gmail en ese sentido. (De hecho, si nunca usaste Gmail y te interesa Wave, quizá sería mejor comenzar a familiarizarte con Gmail primero, y luego podrás relacionar lo visto allí con lo que te encuentres en Wave.)
Abajo a la izquierda tenés el panel de contactos, que al principio sólo tendrá a la persona que te invitó al servicio. Dentro de los dos días yo recibí ocho (8) invitaciones para distribuir. Me quedé con cinco y regalé tres acá. (En realidad regalé algunas más a otros que ya las tenían “reservadas” por ser conocidos de toda la vida, o parientes.)
Estas invitaciones llegan como una wave especial que contiene un gadget consistente en un campo de texto donde escribir la dirección de mail a quien invitar al servicio, y una cuenta regresiva que te marca cuántas invitaciones tenés.
Cabe destacar que estas invitaciones no se envían instantáneamente, a diferencia de lo que ocurría con las de Gmail hace años, cuando ese servicio estaba a prueba. Las invitaciones van saliendo cada cierto tiempo, determinado por Google, para controlar la propagación del servicio. Y, con algo de cinismo, podríamos decir que esto es porque si dejaran que todos los interesados entráramos al mismo tiempo y usáramos el servicio, el servidor probablemente colapsaría intentando manejar todos nuestros tecleos continuamente. (Más que cinismo es realismo, como habrás comprobado si probaste Wave hasta ahora.)
Quizá te parezca exagerado, pero ocurre que durante estos últimos días he notado que Wave está muy inmaduro aún. Carece de elementos comunes para establecer una comunicación normal y práctica. Es decir, Wave pretende ser una suerte de reemplazo no sólo para el email, sino también para la mensajería instantánea –chau, Messenger–, los sistemas de foros, los comentarios de un blog, los posts de un blog, y alguna que otra cosilla que se me debe haber escapado. El problema de hacer mucho es que se tiende a la distracción, y al final el producto tiene a sufrir de una implementación desprolija. Hay varios ejemplos de esto en Wave.
Si estás acostumbrado al molesto relampagueo del botón de Messenger cada vez que alguien te manda un mensaje instantáneo con ese servicio, verás que existe algo similar en Wave. Sin embargo está implementado por la mitad. Con esto quiero decir que si bien el servicio te avisa cuando recibís un mensaje nuevo, ya sea marcando en negrita el título de la wave determinada –como ocurre en Gmail al recibir un nuevo correo– o bien titilando el rectángulo correspondiente de la wave si ésta está minimizada arriba, no hay forma de darse cuenta en una wave con muchos mensajes si alguien te comentó algo más arriba, es decir, si existen nuevos blips más arriba de tu campo de visión dentro de la wave que tengas abierta y estés leyendo.
Como una wave no es algo fijo y estático como un email, si vos y yo empezamos a hablar y la charla dura horas, el documento irá creciendo a tal punto que verás aparecer una barra de scroll para poder moverte dentro de toda su extensión. El gran problema de Wave en este sentido es que no te dice “unos párrafos más arriba, mirá que tu contacto te respondió un blip” y como al hablar demasiado lo hablado se va empujando hacia arriba, eventualmente algún blip se te escapa y no lo ves. Esto se soluciona haciendo scroll cada tanto y viendo hacia arriba qué no leíste. Es un tanto molesto, y si hablás con alguien que siempre escribe debajo tuyo sin citar ningún blip tuyo en el medio de la charla, dudo que lo notes, pero no deja de ser molesto. También para solventar este problema Wave marca cada blip nuevo con una barrita verde vertical a la izquierda de sí mismo, cosa de que de un vistazo te des cuenta si no viste un mensaje nuevo. Pero como ya te dije, esto no ayuda cuando alguien cita un blip que está más arriba de tu campo de visión.
Algo común es encontrar mensajes de error, como que la wave “está sufriendo turbulencia y puede explotar”. O ver un aviso diciendo que estás “OFFLINE” con la opción de reconectarte. Sin mencionar algunos problemas de sincronización –imaginate lo que debe ser para Google estar trabajando sobre el mismo documento colaborativo entre muchas personas, todas al mismo tiempo, mostrando en tiempo real cómo escribe cada una a las demás; ahora multiplicalo por todos los documentos colaborativos que deben existir, es decir, todas las waves, y sumale además los gadgets, mapas, videos y demás de cada una–, la imposiblidad de recordar la posición de los paneles –los minimizás, te vas, volvés, y está todo como la primera vez que usaste el servicio, no como lo habías dejado vos; es decir, no hay persistencia–, la imposibilidad de crear más de dos columnas de lectura para las waves, la imposibilidad de configurar el servicio –esto es algo temporario– y otras limitaciones.
Por todo esto es difícil no ver en Wave un gran potencial para reemplazar muchas cosas que usamos ahora para comunicarnos. La realidad es que en el corto plazo, Wave solamente cambia la forma en la que vemos los servicios y productos que utilizamos, sin cambiar efectivamente cómo nos comunicamos. En unos años es posible que sea la forma de comunicación preferida por la mayoría de la gente y finalmente derrote al email. (Dios quiera y la Virgen; el email existe hace cuarenta años.) Lo que creo que ocurrirá es que el email seguirá existiendo como el más bajo común denominador para comunicarnos en internet por mucho tiempo aún. Quizás la prueba de esto es que para poder acceder a Wave necesitamos una cuenta de email. El día que Wave reemplace realmente al correo electrónico, deberá ser tan ubicuo como éste.
La clave de la ubiquidad es la federación. Google presenta Wave como un servicio, y un protoloco de código abierto, para que cualquiera pueda crear su propio cliente de waves. Así como la clave de la interoperabilidad del email es que cualquiera puede crear su servidor de correo y dar sus propias cuentas de correo a los demás –yo podría tener una cuenta leonardo@justleo.wordpress.com si quisiera ponerme a ver el código para hacerlo y supiera cómo, por darte un ejemplo–, la clave de que Wave triunfe y se popularice es la interoperabilidad. Es decir, que cualquier pichi pueda crear su servidor de waves y dar cuentas a sus empleados y demás, tal cual ocurre con el email. Eso está planeado en un futuro cercano por Google.
En resumen, si lo querés probar, pedile a alguien una invitación y sacate las dudas, pero si no estás seguro, mejor esperá un tiempo, al menos hasta que algunas de las mayores limitaciones sean eliminadas. El servicio no está listo aún para dar cabida a las necesidades de alguien dependiente del email en busca de algo mejor. Probablemente tome entre seis meses y un año llegar a un punto de estabilidad en el cual la gente se sienta cómoda usándolo.
Esperar parece ser algo común en Wave, pero dudo que sea en vano, el servicio promete mucho.
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The love thieves [Depeche mode]
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No sé si te conté esto, aunque sé que lo he dicho algunas veces en público.
Si yo fuera una mina, sería la más puta de todas. Pero lejos, eh. La más puta. No conforme con eso, además me haría la recatada y fina, a pesar de cepillarme a cuanto chongo se me cruzara.
Quizás en otra vida lo haya sido, quién sabe. Eso si creés en lo de las vidas. A veces no sé en qué carajo creer. Encima los de una creencia te dicen que lo otro no existe y lo de ellos es lo único que cuenta. Alguien debería surgir con una teoría unificadora que mezclara todas estas creencias, tomando lo mejorcito de cada una, cosa de que nos podamos meter con eso sin estar preguntándonos si al creer en algo no deberíamos creer o dejar de creer en otra cosa. Es tan confuso. A veces creo que la religión y las creencias tienen serios problemas de licencias y copyright, por decirlo de alguna forma. No hay interoperabilidad. Necesitamos una suerte de software libre para las creencias. Que mi cristianismo pueda adoptar la idea de reencarnar en otras vidas. Que los judíos puedan comer cerdo sin tanto problema. Que los musulmanes puedan dejar que sus mujeres sean tratadas con igualdad en vez de ir siempre tapadas como si fuera pecado sacarse el velo. En fin, esas cositas quisiera. Interoperabilidad de protocolos religiosos, hablando en idioma geek.
(Mierda, cómo me voy de tema a veces. Esto era sobre que si yo fuera una mina sería una terrible puta y terminamos con la religión y la interoperabilidad. No me quiero ni imaginar cuánto más volaría si me drogara; menos mal que nunca consumí nada de eso)
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Tengo un irrefrenable antojo de comer unos aros de cebolla de Burguer King.
Como sabemos, tuve dos esperiencias con los aros. La primera, que fue también la vez que compré algo en Burguer, y la segunda, cuando sentí este mismo irrefrenable antojo de volver a saborearlos, por primera vez. (O sea, cuando quise repetir por primera vez, que en total sería la segunda.)
El antojo vuelve, y yo, cual embarazada hinchapelotas, QUIERO los aros de cebolla. Menos mal que no soy una mina.
(Te sugiero clickear esos dos links y leer las reviews de los aros)
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El otro día probé el helado Slice sabor kiwi.
Los Slice suelen ser pasables, y éste no era excepción, sin embargo el sabor a kiwi era tan leve que llegué a pensar que estaba chupando algo sin sabor. Incluso a veces me pareció que tenía un gusto más parecido a manzana.
Igualmente el kiwi siempre me pareció medio boludo como fruta. Hace años que no como ninguno, creo. Por cierto, ¿cuándo carajo llegan las cerezas? Me encantan, y siempre escasean, las muy guachas.
En fin, lo comí como novedad, pero prefiero el de Ananá o bien, el de multifruta.
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Logmein Ignition, la app para controlar una PC a distancia usando el servicio Log me in, bajó de 30 dólares a 20 por 48 horas.
Aún así sigue siendo muy cara para mí. (Son cerca de $80 en Argentina.)
Estoy dispuesto a seguir esperando a que baje hasta al menos 10 dólares. No me molestaría pagar 40 mangos por una app tan útil. (Sobre todo cuando dudo para ir al baño porque estoy esperando que la máquina termine con una tarea para ponerla a trabajar en otra cosa.)
Pero por ahí vos sos un honesto comprador que paga por sus apps y te interesa, así que te aviso.
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La botella de la bicicleta se está pagando sola. Ahora no siento esa sed abrumadora cada vez que vuelvo de la bikeada. Bárbaro.
Ah, mirá que está cortado todo el centro, como de costumbre. Debe haber un estúpido maratón o una estúpida bicicleteada. (Mi hermano siempre putea sobre esto porque le cortan el tráfico al bondi que toma.)
Si vas a salir, tenelo en cuenta.
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Un artículo que me gustó.
Acabo de leer un post en un foro que frecuento que me dejó impactada. Resulta que una chica que participa usualmente comentaba lo que le pasó ayer: fue a tomar un café y vió a dos hombres sentados en una mesa. Uno de ellos le gustó, y dedujo, por el juego de miradas, que él también estaba interesado.
Cuestión, ella se fue al poco tiempo y, a pesar de pasarles por al lado al salir, ninguno de los dos dijo ni hizo nada. Ella agregaba que se quedó con bronca de que no se hayan animado, pero que ella no podía hacer nada, sino no iba a poder salvar el prejuicio de “mujer fácil que encara a hombres”, gracias a la sociedad machísta en la que vivimos.
El resto del artículo lo podés leer en su blog original.
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Soñé que cagaba a mi novia con la presidente Kirchner.
(¡Pronto! ¡Un psicólogo!)
Era confuso, como todos mis sueños. Al principio creo que era mi novia, pero luego en la siguiente escena era la presidente. Y sobre el final de nuestra charla (era una charla o una transa o algo así, creo, no cogíamos ni nada más serio, gracias a Dios y la Virgen) volvía a ser mi novia, o yo la sentía como si fuera mi actual novia a pesar de que creo que la cara era la de la presidente. (Un quiloooombo.)
Esto nos ha ocurrido tanto a mi novia como a mí, soñar que nos cagamos o que nos confesamos habernos cagado, y toda la novela. Me pregunto qué nos querrán decir nuestros subconscientes, teniendo en cuenta que en la realidad somos fieles.
Si algún fana de Freud quiere dar un paso al frente y opinar, adelante.
PD: No, no me calienta la presidente. Nunca me gustó tampoco a nivel humano y ni siquiera voté por ella.
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¡Las invitaciones de Wave ya salieron!
Hay dos personas que me agregaron en Wave, así que presumo que todos los que fueron invitados debieron recibir su invitación para estas horas. Caso contrario, aguanten un poco ya que es posible que Google no envíe absolutamente todas mis invitaciones, sino sólo algunas.
Una vez más, gracias por participar y felicidades a los que se llevaron la suya.
Demás está decir que si tengo más invitaciones las estaré regalando por acá. Igualmente dudo que me den más, así que si querés ir buscando por otro lado, mejor.
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Cuando leés un buen libro te da pena llegar al final, pero querés continuar leyéndolo para ver qué pasa.
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Diferencia entre pulmonía y neumonía.
No hay diferencia. Aparentemente significan lo mismo. Algunos comentan –en Yahoo Respuestas, que no es parangón de gente cuerda precisamente– que antes se utilizaba el término pulmonía vulgarmente, mientras el término médico es neumonía. Ahora parece que le dicen neumonía y chau.
Me pudre eso del “vulgarmente”. Suena como si algo empleado comúnmente fuera menos importante que otra terminología más académica. Será que me revienta la formalidad innecesaria debido a mi eterna guerra contra la inútil complejidad que la gente se esfuerza en agregar a todas las cosas.
En fin, la cuestión es que pulmonía y neumonía son lo mismo.
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Estuve escribiendo y corrigiendo algo de Valentín, un viejo proyecto que –fiel a mi estilo– nunca terminé.
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Waiter rant
de Steve DublanicaExcelente. Me reí muchas veces. Lo escuché como audiolibro, y aquél que lo leía era un excelente lector. (Dan John Miller.)
Uno de los libros que más disfruté este año.
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No me quedan más invitaciones para Wave.
Felicidades a los tres que las recibieron hoy. (José, Matthias y Ricardo)
Aparte invité al francés al que le había dicho que si tenía Wave invitaría. (Siempre cumplo con mi palabra)
Y obviamente invité a mi hermano y novia.
Se nos acabó todo, gente, lleno total. Bajá la persiana y vamonó’.
Leonardo
Queda una invitación a Wave.
Actualización: Ahorrá tus clicks. Ya todas fueron entregadas. Gracias por participar.
Leonardo
Ya entregué una cuenta de Wave. Quedan dos. Una es para vos. LLAMÁ YA.
Actualización: Ahorrá tus clicks. Ya todas fueron entregadas. Gracias por participar.
Leonardo
Tengo tres (3) invitaciones para Google Wave.
¿A quién le interesa?
No tienen que decirme para qué lo van a usar, ni escribir un poema, ni chuparme las medias, ni hacer nada de lo que les piden en otros blogs que se mueren por un poco de atención. Acá simplemente con un “Che, Leo, me invitás a Wave?” ya está.
Cero drama. Los primeros tres que me escriban, serán invitados. Lo que sí, tengan en cuenta que las invitaciones tardan en salir porque Google está tratando de controlar con qué velocidad se propaga el servicio.
Cuando me escriban el mail para solicitar que los invite, pongan el correo de Gmail que van a usar como cuenta para entrar en Wave y aclárenme su nombre así lo anuncio acá y saben si los invité o no.
Suerte.
Actualización: Ahorrá tus clicks. Ya todas fueron entregadas. Gracias por participar.
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Los que tengan Wave y quieran conversar conmigo y otros lectores, vengan a la wave pública que creé. En el panel de búsqueda de waves escriban “With:public justleo” y me encontrarán.
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Si querés entender Wave, hacete un favor leyendo este libro hecho wiki, creado por Gina Trapani, la mina que estaba detrás del site LifeHacker y es una host en This Week in Google.
http://lifehacker.com/5395376/the-complete-guide-to-google-wave-is-a-comprehensive-book-on-wave
(Es una grosa esa mujer, me cae muy bien y tiene voz de buena persona)
Leonardo
Nueva imagen estilo cartoon en la barra lateral. Me gusta cómo quedo cartoonizado.
Actualización: En realidad creo que más que “cartoon” es un estilo “cómic”.
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¡Tengo cuenta en Google Wave!
(Gracias a Gastón, un compañero de facultad geek como pocos; y que me cae bien por esta razón)
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Más de 72 mil visitas.
Seguimos creciendo y creciendo, como una organización estatal. Y no llegamos a ninguna parte.
(Como una organización estatal)
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Gymnophobia. (Wikipedia.)
(…) Is a fear (phobia) of nudity. Gymnophobics experience anxiety from nudity, even if they realize their fear is irrational. They may worry about seeing others naked or being seen naked, or both. Their fear may stem from a general anxiety about sexuality, from a fear that they are physically inferior, or from a fear that their nakedness leaves them exposed and unprotected.[1] The word “Gymnophobia” is derived from the Greek “gymnos” (naked) and “phobos” (fear).
(No encontré un artículo en español, así que cito el texto en inglés y ahora te lo traduzco en caso de que no te lleves bien con el idioma.)
(…) Es un miedo (fobia) a la desnudez. Los gymnofóbicos [Creo que la palabra existe en español] experimentan ansiedad ante la desnudez, aún si se dan cuenta de que su miedo es irracional. Pueden preocuparse al ver a otros desnudos o ser vistos desnudos, o ambas. Su miedo puede originarse de una ansiedad general sobre sexualidad, por un miedo de que ser físicamente inferiores, o por un miedo de que su desnudez los deje expuestos y desprotegidos. La palabra “Gymnophobia” es derivada del griego “gymnos” (desnudo) y “phobos” (miedo).
Qué curiosa esta fobia. Pensar que paralelamente existe gente que iría en bolas por la calle, si los dejaran. Esa clase de paralelismos siempre me llamó la atención. Lo que unos temen, otros lo hacen sin inmutarse. Lo que unos aman, otros ignoran en una consciente indiferencia.
Y muchas cosas parecen estar de alguna manera conectadas a la sexualidad. Ahora bien, si tenés miedo de estar desnudo, la idea sería tratar de superarlo, aunque sea con ayuda profesional. Porque convengamos que muchos de los mejores momentos de tu existencia ocurrirán en circunstancias de desnudez. Aparte, nadie se ve como un dios del Olimpo estando desnudo, sobre todo a medida que nos ponemos viejos.
Por otra parte, mi recomendación es un tanto boluda porque quien sufre de una fobia no puede razonar su problema, e incluso si lo hace, termina repitiendo el accionar fóbico previo una y otra vez. Las fobias no son como tener miedo a que te roben en cierta calle y decidir caminar por otro lado. Es más complejo que eso. Es sentir un pánico arrebatador a causa de una situación, un objeto, un estado o una condición particular. Pero insisto: Si tenés fobia a la desnudez, decile adiós a tu vida sexual. Por eso es imperante tratar de solucionarlo en vez de estar siempre vestido en toda situación.
(A menos que te pongas una venda en los ojos cuando tengas sexo)
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La conexión WiFi se cagó al poco rato de prender el router. Como de costumbre.
En modo de canción, dije: “Y la conexión se cayó…. parabam-pam-pám”.
Mi madre me preguntó: “¿Y por qué se cae?”
A lo que respondí, en tono jocoso: “No lo sé, tesoro, no lo sé. Yo sólo soy una víctima de las volteretas del universo.”
Leonardo
Comí un alfajor de maicena Cacharaz. Muy rico.
El alfajor de maicena más suave que comí en mi vida. ¡No se partía, carajo!
(Acaban de ganarse un consumidor)









