Le puse canela al Danette de crema americana.
Mmm… interesante.
Le puse canela al Danette de crema americana.
Mmm… interesante.
Hace rato estoy usando el programa Belvedere para organizar mis archivos.
Básicamente hace lo mismo que Hazel hace en Mac, pero es mucho más básico.
Por ejemplo, hice una regla para que todas las imágenes con la palabra “efímero” en el nombre sean borradas una semana después de ser creadas.
Ergo: cuando pongo imágenes acá en el blog y ves que dicen “efímero” es porque los originales de esas imágenes se borrarán de mi disco, para limpiarse automáticamente.
(Adoro automatizar cosas, por eso cuando tenga una Mac me voy a divertir mucho)
Si ponés un carmelo de oruzú en un vaso de agua toda la noche, al despertar verás que algo curioso pasó.
El caramelo conserva su integridad pero es muy muy blando, como si el agua le hubiera extraído algo del interior.
Lo descubrí por accidente el año pasado.
Libros electrónicos, o eBooks, gratis.
¡¿Dónde?! ¡¿Dónde?!
Acá: http://cid-e5f40b34a450bc1c.skydrive.live.com/browse.aspx/eBooks
Es mi carpeta pública de eBooks en Skydrive.
Por ahora hay pocos y están en español. Quizá vaya agregando nuevos. Quizá no. Por el momento podés ir fijándote si hay algo que te interese. Yo no leí ni la mitad, así que si alguno tiene una falla podrías comunicármela. (Aunque dudo que te tomes la molestia.)
Esto lo hago porque cada vez que busqué eBooks gratuitos no hubo vez que no me encontrara con un inmundo site pobremente diseñado o tuviera que registrarme o bancarme las limitaciones del enfermo que tuvo la original idea de complicarme la vida.
Bueno, conmigo no es así. Le das click al link, le das click al libro que quieras, te lo bajás y gozás de la vida. Chau, a otra cosa.
(Cuando estoy de buen humor riego bondad en el mundo)
Ayer tomé el 29 en el parque Lezama.
Hace un lindo recorrido.
Lo que no me gusta es la máquina de monedas. Muy vieja. Similar a la de la línea 74. Otra bosta. (Me refiero a la máquina, la línea es buena, pero poco frecuente.)
Me pudrí en cierto momento y bajé cerca de Córdoba al dos-mil-y-pico. Caminé unas cuadras entre gente apurada y miradas curiosas (*) hasta el subte de Catedral.
Traté de usar una tarjeta con valor de un viaje, que había previamente utilizado pero que no tenía marcado en el reverso la impresión de haber sido desvirgada. Aprendí que aún así, el lector tira un error que dice: “Saldo nulo” o algo por el estilo. Es un detector de virginidad de tarjetas. (Mierda!)
El vigilante vino a mi rescate, mientras yo trataba de convencerlo de que mi tarjeta era virgen, aunque en realidad sabía muy bien que no lo era. (Al contrario. Menuda trola mi tarjetita. Se pasó por cada molinete…)
Él me dijo algo que no entendí por su hablar rústico y sus bajos decibeles. Pero una mujer entrada en añitos que iba a viajar se acercó y me dijo que reclamara en la boletería. Fui hasta allá, le comenté mi situación a los gritos a la vieja teñida de rubio con camisita celeste, porque esa estación tiene la boletería dentro de un quiosco y los que atienden están como metidos un metro adentro y tenés que gritarles. Me dijo que volviera a hablar con el experto del molinete, el vigilante.
Ya podrido de todo y todos, aborté mi maquiavélico plan. Saqué una tarjeta buena, pasé por el molinete y dije: “valamierda!”
A veces me ha salido bien. (Cuando la puertita del costado está abierta y no hay vigilantes). Y a veces no. (Cuando debo usar algún verso o truco para pasar.)
Adoro colarme en el subte. Es una experiencia religiosa. Se siente liberador pensar “voy a cagar al Estado que tanto me caga a mí”. Igualmente pago los impuestos en regla, así que me siento bien conmigo mismo.
(*) Esos pelotudos que me miran directo a los ojos con gesto de “uy… un hombre alto de ojos verdes. Nunca vi uno.” ¡Hay cientos! ¿Qué mierda tengo de particular que todos se quedan mirando? La gente está loca, te digo.
Descubriendo que Word me permite publicar directamente al blog.
Actualización: el problema es que no me deja asignar tags al artículo, con lo cuál es al pedo.
Iba a contarte cuántas canciones quedaron para puntuar. La versión resumida es que me faltan 745.
La versión extendida es más interesante.
Resulta que como ahora separo las canciones a ser puntuadas en las listas Sin puntuar e Indecisas, para ver cuántas me faltan en total debo sumar ambos totales. Eran respectivamente 686 y 59 canciones.
Hace tiempo dejé de intentar hacer cuentas mentalmente, de modo que resolví usar la calculadora que tengo a un lado de la pantalla. No andaba la muy turra.
Bueno, podría usar la calculadora de Windows, pero recordé un truco que había leído hace tiempo: Google permite hacer cuentas en el cuadrito de búsqueda. Pero tampoco tengo ganas de irme hasta Google para que me haga la cuenta.
Tengo Firefox 3 acá mismo, con el cuadro de Google ya integrado. Me puedo evitar tener que irme hasta Google. Sin embargo, en mi afán minimalista, saqué el cuadro de Google de Firefox porque me tenía re podrido su presencia por la sencilla razón de que las pocas veces que lo uso no justifican alborotar el diseño de mi Firefox.
¿Entonces?
¡La barra de direcciones de Firefox!
Si vos ponés cualquier cosa sin el “www” ni “.com” ni nada, lo que hace Firefox es enviarle eso que escribas a Google, generando una operación que te devuelve resultados. Deduje que podría simplemente escribir 59+686 en la barra de direcciones de Firefox y obtener el resultado en Google.
Así fue.
Estuve perfeccionando mi sistema para organizar la música que “adquiero” de internet por medios dudosos.
1. Bajo todo a la carpeta Descargas de Windows Vista.
2. Filtro la música descargada con una carpeta inteligente [Música nueva] que busca todos los archivos de audio dentro de la carpeta Descargas.
3. Selecciono todo eso con el atajo CTRL+E y lo arrastro a iTunes, asegurándome de estar en el apartado Música.
4. Cuando iTunes termina de copiar todo, borro los originales de la carpeta inteligente Música nueva, que a su vez los borra de su carpeta originaria: Descargas.
5. Esas canciones importadas a iTunes son automáticamente filtradas en una lista inteligente [Sin puntuar] que me permite verlas a todas juntas para comenzar a puntuarlas una por una.
6. Si la canción me gusta, le asigno la cantidad de estrellas que crea conveniente según mi caprichoso criterio. Si no me gusta le cambio el título a “mierda”, y si no estoy seguro de borrarla o puntuarla, la arrastro a otra lista de reproducción normal [Indecisas].
7. Además agregué dos criterios a Sin puntuar. Que no muestre ni las canciones con el título “mierda” ni las que estén en la lista Indecisas. De modo que cuando hago alguna de esas cosas a una canción estando en Sin puntuar, automáticamente la canción desaparece de mi vista.
8. Cuando me cansé de puntuar voy al apartado Música, hago una búsqueda con el criterio “mierda”, uso el atajo CTRL+A para seleccionar todo, y borro a las muy yeguas.
9. Luego, usando el lanzador de aplicaciones Enso, llamo a otro programa que se encarga de vaciar la Papelera de reciclaje automáticamente, dejando todo limpito.
Adoro la planificación.
Uno de mis eternos proyectos sin futuro es encontrar la manera más simple de hacer un backup online que se mantenga actualizado continuamente.
Es decir, quiero que todas las cosas que tengo en mi usuario de Windows sean sincronizadas con un servidor externo gratuito de capacidad ilimitada y cada vez que yo cree un nuevo archivo o borre alguna canción de iTunes, esos cambios se reflejen en la versión online.
Repito: Quiero un backup de todo. Música, documentos, imágenes, descargas, etc.
“¿Y cuánto ocupa todo eso?”—pregunta la voz en off.
Decenas de gigabytes.
Ahí está el mayor problema de hacer un backup en DVD. No me alcanza y es caro a largo plazo.
Ventajas de mi proyecto del backup online.
· No hay que acordarse de hacer más backups. El programa que sincronice mis cosas con el servidor estará siempre abierto de fondo. Yo no tengo por qué verlo.
· No más DVD’s. Ni esperar que graben. Ni andar viendo cómo mierda hacer para no gastar 4 o 5 DVD’s en el backup semanal.
· La copia es exactamente igual a lo que yo tengo.
· La copia tarda menos sucesivamente. La primera vez que hace el backup copia todo mi usuario. La segunda vez y las siguientes, sólo copia las cosas que hayan cambiado.
· Como está online, puedo acceder a esos archivos desde otra computadora y bajarme algo que necesite ver en otra parte, modificarlo y volver a subirlo luego.
Todo muy lindo, pero ¿qué se puede usar para llevar a cabo este proyecto?
Saqué una cuenta, bajé el programa y desde entonces estoy haciendo un backup continuamente.
Hace una semana y media lo estoy usando.
Todavía está por el 5%.
(Cuánta basura tengo)
Ahora tengo una nueva política para tratar a la gente que envía cadenas.
Les reenvío la cadena automáticamente y borro el mensaje.
Cuando veo que algún pelotudo/a me manda una cadena, lo agrego a un filtro que le reenvía su basura de vuelta a él/ella y lo borra de mi bandeja de entrada.
A ver si así aprenden que las cadenas joden.
(Todo gracias a los filtros de Gmail)
Ayer no dí muchas explicaciones sobre la nueva historia, Puerto Madero tendrá que esperar.
Todo comenzó hace como un año. Yo había ido a tomar el subte en Uruguay para ir a sentarme en mi banco habitual en Puerto Madero, frente al cartel de Nextel.
Al bajar la escalera vi a esa chica y me quedé pensando cómo encararla. De hecho, ni siquiera pensaba en eso a esa altura, solamente la estaba mirando, como quien pasa por la vidriera de Delicity y ve una porción de Lemon pie.
En fin, no voy a seguir contando porque la idea es que leas la historia. Pero sí quería agregar algunas notas sobre el trasfondo de ese momento.
Para empezar, yo nunca le dí mucha importancia a ese episodio de mi vida, porque he vivido unos cuántos similares. Algunos infructuosos y otros victoriosos. Me ha llevado no demasiado tiempo deducir que la clave no es acercarse a la persona que te atrae con un plan, sino simplemente ir con más o menos una idea de qué decir para empezar a hablar. Lo demás va cayendo sólo, si la chica quiere hablarte. En caso contrario, al menos te sacaste la duda y podés volver por donde viniste. (Yo no persigo. Mi orgullo lo impide.)
Ya me olvidé a qué iba con todo esto…
(¡Ah, sí!)
Decía.
No estaba en mis planes contar esa historia porque no me parecía lo suficientemente importante. Al mismo tiempo, seguía recordando esporádicamente a la chica del subte.
De modo que la idea de contar la historia comenzó a gestarse, pero a medida pasaba el tiempo, los detalles se volvieron más y más borrosos.
Al final decidí no escribir un carajo.
Pero cuando me encontré con la idea del concurso de las anécdotas de viajes que hizo Metrovías, pensé rápidamente qué anécdota de viaje tendría para contar. Mi mente me regaló con una acertada primera opción.
La chica del subte.
Por esa razón durante el mes de febrero y la primera mitad de marzo estuve yendo repetidas veces a mi McCafé habitual del centro.
Corregía, agregaba, borraba y tiraba ideas para contar mejor la historia. La debo haber releído fácilmente unas cuarenta veces. Quizá más.
El mayor reto fue quitar muchas cosas que le daban a la historia un cariz humorístico. Pronto me dí cuenta que yo no estaba tratando de contar nada con humor, sino mostrar de forma sincera un momento de mi vida, sin disfrazarlo con toques de humor para hacerlo más llevadero.
La verdad es que no quiero hacer de todo una historia sarcástica. A veces es propio del ambiente en el que se desarrolla la historia darle esa onda irónica, y en otras ocasiones se intenta contar algo con otro tono. Más racional. Por llamarlo de alguna forma.
Otra cosa nueva para mí fue el límite de tres páginas impuesto en las bases del concurso. Yo ahora suelo explayarme bastante en las historias. Perdí la costumbre de contar algo conciso y al punto en pocas páginas.
Más aún cuando caí en la cuenta de que aquél momento que antes me había parecido tan breve e indigno de ser escrito, al momento de ponerlo en papel se me presentaba como una tarea de proporciones escandalosas.
La historia había crecido demasiado en poco tiempo. Como esas nenitas de ocho y nueve años que ya están buscando novio y se transan a los nenes de primaria. (La futura generación de trolas.)
Varias visitas al café, canciones, episodios de “no tengo cambio” con la gente de McCafé, y frustraciones por no encontrar la forma perfecta de contar la historia se sucedieron hasta que finalmente logré terminarla.
Para entonces me sentía conforme con el producto final, pero sabía que no era perfecto. Y aún ahora, a mis ojos no lo es.
Sin embargo, esta experiencia me permitió probar nuevas cosas.
O, si querés que te lo diga como una persona de Recursos Humanos: “Esta nueva experiencia nos ha permitido embarcarnos en un proyecto conjunto que nos encamina a un florecimiento en común, donde hemos incorporado nuevas propuestas y sinergías conjuntas que nos permitirán desembocar en el próspero desarrollo de este emprendimiento”. O algo así.
(Esa gente me hace reír. Qué ganas tienen de complicarle el texto al lector y decir las cosas de la forma más asbtracta posible.)
Ahora en serio. Esta historia podría llegar a ser un punto de cambio en mi narrativa. Nada radical, pero sí lo veo como un cambio evolutivo.
Concretamente:
· No siento la necesidad de ser totalmente fiel a los hechos
· No me importa tanto si me olvido de alguna palabra que haya dicho la persona con la que hablé
· No necesito explayarme por hojas y hojas para describir una escena breve y concreta
· Siento una necesidad más fuerte de corregir incesantemente lo que escribo.
Me he dado cuenta que cada corrección aumenta mucho el nivel de la producción. También me lleva muchísimo tiempo más, pero eso no es relevante.
Y habiendo dicho eso, una última cosita.
Si no fuera por esa historia —no estoy totalmente seguro— quizá no habría tomado el valor necesario para embarcarme en un nuevo proyecto literario, paralelo a mi contínuo trabajo con las historias que disfruto contar.
Estoy escribiendo una novela.
(Chan)
¡Momento!
No sólo puede agregarse la nube de tags. También pude agregar la lista de tags que tenía antes.
Mmm… voy a seguir experimentando a ver si queda algo mejor.
Es más de la una de la madrugada pero debía quedarme para diseñar esta hoja de Excel con mis finanzas.
Te recomiendo darle click para agradarla y ver los detalles.
Solamente quería un rápido resumen de mis finanzas, total soy pobre. (En realidad no tengo laburo, eso es todo.) Las plantillas que vienen con Excel no me convencían.
Además, aunque me gustaran, no las hubiera usado. Pocas veces uso el diseño de otro. (Una excepción es este blog.)
Finalmente Excel incluye algunas herramientras de color que me sirven. Estuve más de una hora para crear eso, pero no por la dificultad sino por mi necesidad de que quedara perfecto para disfrutarlo en el día a día.
Con este lindo gráfico puedo saber cómo estoy de cash sin tener que contar nada en “las arcas del botín”. Los valores cambian al vuelo el resultado del dinero disponible “para quemar” apenas modifico alguna de las otras cifras.
Adorable.
(¿Ya mencioné que me gusta diseñar incluso la cosa más mundana y sólo busco estar rodeado de belleza?)
Acabo de escuchar un montón de temas de la banda Weezer. ¿Cuántos aprobaron?
Ninguno.
Asco. Más espacio del disco ha sido liberado.
Ok, ok, te voy a mostrar algo.
Ayer estuve haciendo un boceto en Flash CS3. Y no me gusta por lo que es, sino por lo que podría ser si lo sigo trabajando durante semanas.
Aunque no planeo hacerlo. Por eso te lo muestro como curiosidad:
Es una cagada. (Como un futbolista.) Pero podría llegar a evolucionar. (No como un futbolista.)
(Quizá lo use como idea cuando rediseñe el sitio el año que viene o antes)
Conclusiones sobre el helado de canela.
· Es muy rico, la clave es no pasarse con la canela.
· A muchas personas la canela les resulta indigesta.
Estas cuestiones no deberían impedir a las empresas como Frigor, Noel y afines crear sus propios helados de canela. (Aunque la idea es mía.)
Sin embargo van a ser un asco a pesar de no ser indigestos. Y he aquí el por qué.
Yo usé canela de verdad. Yo usé crema de verdad La Serenísima. Yo no tuve que minimizar costos con saborizantes pedorros ni agregar conservantes de mierda.
Mi helado de canela tenía gusto a helado de canela. No a una sopa química de tutti-fruti.
Yo sé que igual les importa tres carajos y seguirán haciendo ese inmundo menjunje cremoso que llaman helado.
Sepan que es una mentira. Yo no lo consumiré y prefiero pagar a los chorros de Freddo o Munchis antes que comprar un mísero pote de helado berreta de ustedes.
Váyanse a cagar.
Esta es la historia del helado de canela inventado por mí, Leonardo Damián.
Behold. (Prepárense, agárranse, guarda.)
Todo comenzó una tarde. ¿O fue una noche? Bueno, ni idea. Ah, momento! Me puedo fijar cuándo lo publiqué en el blog. A ver, ya vuelvo.
(Pasan 40 segundos…)
Ok, fue a la una de la mañana. Al menos esa es la hora en que publiqué la idea del helado de canela. Pasaron algunas semanas desde eso y casi exactamente un mes.
Pero eso no es lo importante. Lo importante es que hoy es el día en que se ha gestado por primera vez el helado de canela. Y este proyecto ha crecido tanto que ya no es sólo un mero proyecto. Es un sueño.
Un sueño gourmet que este pobre desgraciado de abundante cabellera castaña y ojos verdes está por hacer realidad en algunas horas.
Repasemos los ingredientes de mi idea original: crema americana, oporto, canela.
Bien. Estuve pensando en esto. ¿Qué es la crema americana en realidad? Es crema de leche helada. Ajá. Entonces, si lo que quiero es lograr perfección, tengo que controlar todos los pasos del proceso culinario. Lo cual nos permite llegar a la siguiente conclusión: no puedo usar crema americana hecha por otro. Es decir, no puedo andar por ahí comprando crema americana y simplemente echarle encima oporto y canela y listo, valamierda!
No, no, no. Esto demanda calidad. Algo que no obtengo de un comerciante cuya mayor aspiración es minimizar costos para maximizar beneficios.
De modo que deberé hacer la crema de leche.
Ahora nos queda el tema del oporto. Estuve probándolo y me resultó un tanto amargo para ser utilizado en este postre experimental. Por fortuna encontré una botella de ponche de no-sé-qué-mierda y me gustó. Así que pensé en mezclarlo con la crema luego de ser batida.
Además surgió una pequeña idea extra.
Deberíamos agregar un poco de polvo de cubiertas de merengue, para dar consistencia, y hasta dejar unos pequeños trozos. Luego quedaría mezclar todo eso con canela, y a ver qué pasa.
Con todo esto en orden, y a unas horas de haberlo preparado, estoy por embarcarme en una dolorosa espera mientras la preparación se enfría a nivel “congelación en el Ártico”.
¿Qué surgirá de esta empresa? ¿Un nuevo helado de canela digno de llevar el prefijo “Leo-”? ¿Un desastre cremoso sin futuro que terminará siendo crema saborizada para mi café irlandés?
Pronto lo sabremos.
(Es emocionante mi vida, viste?)