Extraído de Oh, no… es Navidad.
Nuestro árbol está guardado en un lugar bastante alto, así que sutilmente alguien de mi familia se acerca para decirme: “ejem, ejem… habría que bajar el árbol, Leo”. Quién podría negarse a un pedido hecho con semejante tacto. Una vez más, me veo obligado a bajar la enorme caja de cartón atada con desgano de principio de año, y comenzar a armar la estructura del gigantesco árbol. Me sentía como un chico jugando con un Lego gigante. Las enormes piezas encajaron, por lo que rápidamente dejé la escena del crimen evitando quedarme para decorar al pequeño demonio verde con ramas.