Mojando la vainillita.
No es un eufemismo para coger, eh. Quise decirlo literalmente.
(Nunca está de más aclararlo)
Mojando la vainillita.
No es un eufemismo para coger, eh. Quise decirlo literalmente.
(Nunca está de más aclararlo)
Mojé un bocadito Bonafide de dulce de leche en un café con crema y canela.
(Rico. No fue un orgasmo hecho postre, pero bueno, pocas cosas lo son)
Honey cakes en el té con leche.
(Bueno, che, estaban algo secos)
Scones (o scons) en el té con leche matutino.
Al volver de mis seis horas de facu comí:
Y tengo la sensación de que estoy olvidando algo, pero creo que está todo.
Como podrás inferir, tengo un apetito voraz al regresar de ese antro educativo.
Y por cierto, cuánta pendejada que hay ahora. Deben haber habilitado el CBC o algo. Hace unas semanas éramos pocos y estábamos bien. Ahora está repleto de púbers por todos lados. Parece un maldito McDonald’s pero sin la comida.
(Comida + Quejas = Buen artículo)
Mojé una porción de torta de chispas de chocolate con cubierta de almendras en un cafecito.
(Aparte el día está nublado y frío; qué linda toda la escena, carajo)
Ayer mojé cuatro vainillas en mi cafecito vespertino.
(Qué ricas son, la puta que las parió)
Actualización: ¡Mierda! Esto ya te lo dije ayer. Bueno, perdón, eh. A veces yo también hago cagadas. Lo cual me hace más humano y menos… grandioso. (?)
Comencé a escribir lo de hoy.
Mientras tanto me comí cuatro vainillas que mojé en un cafecito de media tarde.
Necesito música calmada para escribir. Coldplay al rescate.
Dos cubanitos con dulce de leche y una medialuna de ayer, en el café.
Mojé algunas Tentaciones de Bagley en un cortado.
Mojé dos alfajorcitos Jorgito de dulce de leche en mi té con leche vespertino.
Son ricos, la verdad.
(Aparte quedan más suaves tras la mojada, claro)
Magdalena rellena de dulce de leche en café.
Mojé un panqueque de dulce de leche en mi té con leche vespertino.
(No es más rico así, pero valía la pena probar)
Hoy mojé dos bolas de fraile de dulce de leche en mi té con leche mañanero.
(Exquisitez)
Actualización: Y ayer mojé una tortita negra en mi té vespertino.
Breve reseña de hoy, entre pensamientos y actividades:
· Quedan 46 temas por subir a Skydrive
· Salí con mi novia
· Me está gustando Google Calendar, pero me pregunto por cuánto tiempo
· Mojé unos palitos de anís en la leche, y no es nada del otro mundo
· Probé el jugo natural de naranjas exprimidas Puro Sol; más info sobre esto luego
· Me he dado cuenta de que el libro Veinte leguas de viaje submarino me tiene las pelotas un poco llenas
· Leí que Apple estará por última vez en Macworld este año, y sin la keynote de Steve Jobs; la noticia me deprimió un poco
· Vi muchos podcasts en video, entre ellos trailers de cine, y recordé que este nuevo interés surgió gracias al programa Miro, pero ahora uso únicamente iTunes
· No le di más bola a Songbird
· Me he dado cuenta de que me gusta tanto Stargate Atlantis como me gustaba Stargate SG-1 en sus comienzos
· No tengo ganas de bancarme a mi familia en las fiestas próximas
· Estoy algo fastidioso desde que terminé el CBC, porque ahora me siento libre y lleno de tiempo para utilizar, pero no tengo ganas de hacer nada y eso me desanima un poco más
· Detesto este calor inmundo que azota mi ciudad
· Estaba pensando que si tuviera mucha guita me encantaría tener un grupo de gente a mi alrededor que apareciera cuando yo dijera algo interesante o gracioso para decir: “Wow! Es verdad! Tiene razón! Él es nuestra salvación! Larga vida a Leo!”; una onda secta, sí
· De nuevo estuve probando Wakoopa, el programa que lleva una estadística de cuántas horas uso cada programa de mi PC; y de nuevo me pregunto cuánto pasará antes de que lo mande al carajo
Y ese es mi resumen del día.
(Porque no te quería dejar con la intriga)
Lo que mojé: Pan dulce.
En qué lo sumergí: Té con leche vespertino. (“La leche”.)
No me convenció. Me gusta más en seco.
Finalmente, salimos del subte para darnos cuenta de que la lluvia se había largado. Pero el McDonald’s donde íbamos a degustar los McNuggets estaba ahí nomás, así que no hubo mucho drama.
Luego de hacer el pedido nos dirigimos al primer piso, desde donde veíamos a la gente de afuera buscar refugio alocadamente bajo los techos, como desgraciados.
Desde adentro, y cobijados bajo el calor del McDonald’s, observamos la escena como algo pintoresco. Le comenté a ella lo interesante de la ventana que estábamos mirando.
Dependiendo de qué lado de la ventana estuvieras, estabas mojado y frío, esperando que la tormenta pasara; o calentito, comiendo, y disfrutando del show, queriendo que la tormenta no parara nunca porque era una linda imagen.
En fin, retomando el objeto de este artículo, te presento los McNuggets.
De izquierda a derecha: los McNuggets, la hamburguesa de mi novia que ni probé, y la Coca enorme compartida porque “no teníamos tanta sed”.
Los McNuggets vienen en una linda cajita de cartón pintado berreta, cosa de que no te olvides que estás en McDonalds, donde la idea central es minimizar costos para maximizar utilidades.
Son ricos, pero curiosos. Si uno los observa, los McNuggets parecen ser una suerte de trozos duros de pollo, fritos u horneados. Aunque me parece que eran fritos. Pero no tienen la textura de una pechuga de pollo, a pesar de que el color blanco de la carne es exactamente el de una pechuga de pollo. Es como si hubieran preparado una masa de pollo y luego cortado esa preparación en trozos redondeados similares, para luego freírlos. Esa es mi tesis.
Esa delicia que estaba tentado en probar nos arrebató 12 pesitos de los bolsillos. Pero no me arrepiento, estaban buenos. (Bah, y aparte esta vez no me tocaba pagar a mí.)
Pero luego de esta comida tenía antojo de algo dulce. Así que me dirigí abajo, al McCafé, para ver si habría algo para satisfacer mis ansias. Quizá un espesso y una cookie.
Bueno, me convenciste.
Mi novia no quería café, así que nos dividimos la cookie mientras me encargaba de endulzar el posillito de café con los obligatorios tres sobres.
Luego surgió un debate sobre cómo agarro la—ridículamente minúscula—tacita.
Es jodido agarrarla porque el haza es muy pequeña. Entonces la sostengo con los dedos gordo e índice, buscando mantener el equilibrio en una parsimonia que más parece un acto de circo que el simple hecho de tomar café.
Una idea para las cafeterías: sirvan media taza de café en una taza grande, con un haza que te permita agarrarla como corresponde, evitando que la experiencia se convierta en una lucha o un desafío. No quiero un reto, quiero tomar café. No debería ser tan jodido.
Por último, aunque de hecho fue lo primero que hice al llegar con el café, mojé el bizcochito o galletita “de obsequio”, que en realidad viene incluida en el costo del café pero supuestamente es un plus. (Sí, dale. No me hagas cosquillas que me cago de risa.)
Al salir nos tocó estar “del otro lado de la ventana” cuando nos dijeron que no había subte y debimos caminar bajo los techos en un alocado frenesí bajo la lluvia, misma que había mayormente había pasado pero seguía molestándonos con su incesante goteo.
Nos vimos observados por gente de un lindo hotel, que con suma comodidad nos miraba como si estuviéramos locos, exactamente de la misma forma que nosotros observábamos una hora antes a los que cruzaban Corrientes corriendo bajo la lluvia como si el agua los fuera a derretir. Es curioso cómo se dan las cosas. Te reís de la gente y terminás siendo “reído” por otros.
(Al primer vivo que me diga esa frase estúpida de que todo lo que uno hace le vuelve, lo reputeo)
El budín mojado.
Lo que mojé: Dos porciones de budín de chocolate Bimbo.
Con qué lo mojé: Té con leche.
Unté además una de las dos porciones con dulce de leche, antes de mojarla.
(Una delicia)
Melitas en la leche.
Lo que mojé: Melitas.
Con qué lo mojé: Té con leche, típico de la mañana.
(Porque una mañana sin la infusión, no es una mañana)
Mojando las Mayco.
Lo que mojé: Galletitas Mayco.
Con qué lo mojé: Café cortado. (“Porque no tiene mucha leche”.)
De paso degusté las galletitas Mayco que nunca había probado.
(Son ricas)
Mojando el arrolladito.
Lo que mojé: Arrollado/pionono de dulce de leche.
Con qué lo mojé: Té con leche.
(Me gusta la variedad a la hora de mojar en las infusiones)
Mojando en la leche.
Lo que mojé: Budín de naranja Bimbo.
Con qué lo mojé: Té con leche.
(Me hice dos leches hoy porque la primera la tomé temprano, fuera de horario, y después me dio antojo de otra en el horario usual)
Mojando de nuevo.
Lo que mojé: Palmeritas, de Tía Maruca.
Con qué lo mojé: Café.
Son un poco duras, a pesar de la mojada.
(Me siguen gustando mucho)
Mojada de ayer.
Lo que mojé: Tarta de ricota con un marcado sabor a limón. (Estaba exquisita.*)
En qué lo mojé: Té con leche vespertino.
(* Y eso que la tarta de ricota siempre me pareció una cosa muy boluda)
Mojando el bizcocho.
Lo que mojé: Biscuits.
Con qué lo mojé: Té.
Ahogando las penas en un cafecito.
Lo que mojé: Una galletita de masa con dulce de batata derretido.
Con qué lo mojé: Café.
(No importa si combina o no combina, yo lo mojo y a la mierda)
Porque siempre se puede mojar algo más.
Lo que mojé: Galletita casera con dulce de batata derretido.
Con qué lo mojé: Té.
(Cuando mojo, el té no tiene limón, como he comentado antes)
Mojando en casa.
Lo que mojé: Budín Bimbo sabor chocolate.
Con qué lo mojé: Cafecito.
(En realidad sería un “cafezote” porque lo tomé en mi taza grande, la leotaza)
Mojando en McCafé.
Lo que mojé: Medialuna y mini galletita.
Con qué lo mojé: Café con crema.
Lo que mojé: Dos medialunitas de grasa.
Con qué lo mojé: Café.
(Heaven)
Nuevo logro culinario: mojé una porción de rosca de almendras en el té con leche.
Sí, señoras y señores. Me gusta mojar (*). Y a mucho orgullo, carajo.
(*) En el café, té y afines. Nada de dobles sentidos, por favor.