Helados del otro día.

El helado BC en palito. Es muy bueno para ser en palito. Aparte el palito en sí tiene una forma particular que me gusta. Olvidé fotografiarlo, claro.
Helados del otro día.

El helado BC en palito. Es muy bueno para ser en palito. Aparte el palito en sí tiene una forma particular que me gusta. Olvidé fotografiarlo, claro.
Wave: Una semana después. (Review/Crítica/Primer vistazo)
Hace una semana que fui invitado a Google Wave, y durante estos días tuve tiempo de usar el servicio con algunos conocidos. Noté varias cosas sobre este nuevo servicio, autodenominado “la reinvención del email”.
Antes de empezar:
Al entrar a Wave lo primero que vas a pensar es “¿Y ahora qué hago?”
Creeme, no conozco una sola persona que no lo haya pensado. Y es que el servicio es tan distinto a lo conocido, y su interfaz tan nueva, que se siente… extraño. Al menos esa es la primera sensación. Conviene tomarse unas horas para explorarlo un poco, cosa de no volverse loco. (Como dije hace una semana, si te manejás bien con el inglés te conviene leer el libro online de Gina Trapani sobre Wave.)
Todos los paneles que componen la ventana de Wave son colapsables o minimizables. Al minimizarse aparecen como rectángulos en el área superior, a la derecha del logo de Google Wave preview. El primer panel de la izquierda recuerda mucho a la barra lateral de Gmail, ya que podés filtrar las waves que tengas según si están en la inbox o en la basura, o bien archivadas. Es como Gmail en ese sentido. (De hecho, si nunca usaste Gmail y te interesa Wave, quizá sería mejor comenzar a familiarizarte con Gmail primero, y luego podrás relacionar lo visto allí con lo que te encuentres en Wave.)
Abajo a la izquierda tenés el panel de contactos, que al principio sólo tendrá a la persona que te invitó al servicio. Dentro de los dos días yo recibí ocho (8) invitaciones para distribuir. Me quedé con cinco y regalé tres acá. (En realidad regalé algunas más a otros que ya las tenían “reservadas” por ser conocidos de toda la vida, o parientes.)
Estas invitaciones llegan como una wave especial que contiene un gadget consistente en un campo de texto donde escribir la dirección de mail a quien invitar al servicio, y una cuenta regresiva que te marca cuántas invitaciones tenés.
Cabe destacar que estas invitaciones no se envían instantáneamente, a diferencia de lo que ocurría con las de Gmail hace años, cuando ese servicio estaba a prueba. Las invitaciones van saliendo cada cierto tiempo, determinado por Google, para controlar la propagación del servicio. Y, con algo de cinismo, podríamos decir que esto es porque si dejaran que todos los interesados entráramos al mismo tiempo y usáramos el servicio, el servidor probablemente colapsaría intentando manejar todos nuestros tecleos continuamente. (Más que cinismo es realismo, como habrás comprobado si probaste Wave hasta ahora.)
Quizá te parezca exagerado, pero ocurre que durante estos últimos días he notado que Wave está muy inmaduro aún. Carece de elementos comunes para establecer una comunicación normal y práctica. Es decir, Wave pretende ser una suerte de reemplazo no sólo para el email, sino también para la mensajería instantánea –chau, Messenger–, los sistemas de foros, los comentarios de un blog, los posts de un blog, y alguna que otra cosilla que se me debe haber escapado. El problema de hacer mucho es que se tiende a la distracción, y al final el producto tiene a sufrir de una implementación desprolija. Hay varios ejemplos de esto en Wave.
Si estás acostumbrado al molesto relampagueo del botón de Messenger cada vez que alguien te manda un mensaje instantáneo con ese servicio, verás que existe algo similar en Wave. Sin embargo está implementado por la mitad. Con esto quiero decir que si bien el servicio te avisa cuando recibís un mensaje nuevo, ya sea marcando en negrita el título de la wave determinada –como ocurre en Gmail al recibir un nuevo correo– o bien titilando el rectángulo correspondiente de la wave si ésta está minimizada arriba, no hay forma de darse cuenta en una wave con muchos mensajes si alguien te comentó algo más arriba, es decir, si existen nuevos blips más arriba de tu campo de visión dentro de la wave que tengas abierta y estés leyendo.
Como una wave no es algo fijo y estático como un email, si vos y yo empezamos a hablar y la charla dura horas, el documento irá creciendo a tal punto que verás aparecer una barra de scroll para poder moverte dentro de toda su extensión. El gran problema de Wave en este sentido es que no te dice “unos párrafos más arriba, mirá que tu contacto te respondió un blip” y como al hablar demasiado lo hablado se va empujando hacia arriba, eventualmente algún blip se te escapa y no lo ves. Esto se soluciona haciendo scroll cada tanto y viendo hacia arriba qué no leíste. Es un tanto molesto, y si hablás con alguien que siempre escribe debajo tuyo sin citar ningún blip tuyo en el medio de la charla, dudo que lo notes, pero no deja de ser molesto. También para solventar este problema Wave marca cada blip nuevo con una barrita verde vertical a la izquierda de sí mismo, cosa de que de un vistazo te des cuenta si no viste un mensaje nuevo. Pero como ya te dije, esto no ayuda cuando alguien cita un blip que está más arriba de tu campo de visión.
Algo común es encontrar mensajes de error, como que la wave “está sufriendo turbulencia y puede explotar”. O ver un aviso diciendo que estás “OFFLINE” con la opción de reconectarte. Sin mencionar algunos problemas de sincronización –imaginate lo que debe ser para Google estar trabajando sobre el mismo documento colaborativo entre muchas personas, todas al mismo tiempo, mostrando en tiempo real cómo escribe cada una a las demás; ahora multiplicalo por todos los documentos colaborativos que deben existir, es decir, todas las waves, y sumale además los gadgets, mapas, videos y demás de cada una–, la imposiblidad de recordar la posición de los paneles –los minimizás, te vas, volvés, y está todo como la primera vez que usaste el servicio, no como lo habías dejado vos; es decir, no hay persistencia–, la imposibilidad de crear más de dos columnas de lectura para las waves, la imposibilidad de configurar el servicio –esto es algo temporario– y otras limitaciones.
Por todo esto es difícil no ver en Wave un gran potencial para reemplazar muchas cosas que usamos ahora para comunicarnos. La realidad es que en el corto plazo, Wave solamente cambia la forma en la que vemos los servicios y productos que utilizamos, sin cambiar efectivamente cómo nos comunicamos. En unos años es posible que sea la forma de comunicación preferida por la mayoría de la gente y finalmente derrote al email. (Dios quiera y la Virgen; el email existe hace cuarenta años.) Lo que creo que ocurrirá es que el email seguirá existiendo como el más bajo común denominador para comunicarnos en internet por mucho tiempo aún. Quizás la prueba de esto es que para poder acceder a Wave necesitamos una cuenta de email. El día que Wave reemplace realmente al correo electrónico, deberá ser tan ubicuo como éste.
La clave de la ubiquidad es la federación. Google presenta Wave como un servicio, y un protoloco de código abierto, para que cualquiera pueda crear su propio cliente de waves. Así como la clave de la interoperabilidad del email es que cualquiera puede crear su servidor de correo y dar sus propias cuentas de correo a los demás –yo podría tener una cuenta leonardo@justleo.wordpress.com si quisiera ponerme a ver el código para hacerlo y supiera cómo, por darte un ejemplo–, la clave de que Wave triunfe y se popularice es la interoperabilidad. Es decir, que cualquier pichi pueda crear su servidor de waves y dar cuentas a sus empleados y demás, tal cual ocurre con el email. Eso está planeado en un futuro cercano por Google.
En resumen, si lo querés probar, pedile a alguien una invitación y sacate las dudas, pero si no estás seguro, mejor esperá un tiempo, al menos hasta que algunas de las mayores limitaciones sean eliminadas. El servicio no está listo aún para dar cabida a las necesidades de alguien dependiente del email en busca de algo mejor. Probablemente tome entre seis meses y un año llegar a un punto de estabilidad en el cual la gente se sienta cómoda usándolo.
Esperar parece ser algo común en Wave, pero dudo que sea en vano, el servicio promete mucho.
El otro día probé el helado Slice sabor kiwi.
Los Slice suelen ser pasables, y éste no era excepción, sin embargo el sabor a kiwi era tan leve que llegué a pensar que estaba chupando algo sin sabor. Incluso a veces me pareció que tenía un gusto más parecido a manzana.
Igualmente el kiwi siempre me pareció medio boludo como fruta. Hace años que no como ninguno, creo. Por cierto, ¿cuándo carajo llegan las cerezas? Me encantan, y siempre escasean, las muy guachas.
En fin, lo comí como novedad, pero prefiero el de Ananá o bien, el de multifruta.
A propósito de la lectura, en mi iTouch continúo utilizando la app Documents para llevar una simple hojita de cálculo donde calculo el porcentaje de mi progreso de lectura en El diario de Ana Frank.
Ya sé, ya sé. El diseño es horrendo. Creeme, si tuviera más opciones en materia de colores y tipografías, verías algo más lindo. Desgraciadamente, es lo que hay.
(Hey, es una app bastante barata, así que no le pidamos tanto. No tengo dinero ni interés en gastar cerca de $40 por una mini suite de oficina para mi Touch, sólo para ponerle más colorcitos lindos a la planilla. Tampoco soy TAN superficial)
buy·ology
de Martin Lindstrom
Lo escuché como audiolibro. Muy interesante, quizás lo mejorcito que he leído este año. Se trata de cómo el autor busca encontrar relaciones entre el comportamiento de los consumidores y su actividad cerebral a la hora de comprar. Así, explica cómo es que tanta gente sigue fumando a pesar de la advertencia donde se especifica que es perjudicial para la salud, la religión y el sexo en el marketing, la importancia de venderle a nuestros cinco sentidos, y qué tanta coherencia existe entre lo que decimos que hacemos o las razones que damos al haber elegido un producto sobre otro, y la realidad misma, vista a través de escaneos cerebrales hechos a voluntarios en muestras dedicadas a medir todo esto. Me gusta porque está hecho con un método científico en vez de ser simples conjeturas.
Es interesantísimo, me encantó. De hecho, es la segunda o tercera vez en mi vida que digo “mierda, yo debería estudiar marketing algún día”.
(Quizás, algún día, una vez tenga el título de contador)
Lista inteligente de vodcasts.

Ya sé que es inconsistente tener una lista de podcasts y otra de vodcasts, y a una ponerle "on-the-go" y a la otra no. Me gusta más cómo queda, a pesar de la incoherencia. Supongo que le sacaré el "on-the-go" a podcasts.

Los vodcasts tiene la particularidad de poder verse en orientación portrait, a diferencia de las películas y videos en general --creo. Además, en vez de un botón "Salir", tienen uno "OK". Presumiblemente porque el espacio es más chico en esa orientación en la barra.
Y así es como se puede tener en el Touch, al igual que hice con mis podcasts de audio, una lista inteligente que junte todos los podcasts en video.
Para hacerlo en iTunes, creá una lista inteligente usando como criterio que el tipo de soporte es podcasts y el tipo –de archivo– contiene “vídeo”, o sino, contiene “película”. Te conviene poner las tres cosas, quedándote tres criterios en total. Si no te sale, mandame un correo y te trato de ayudar. Si muchos me lo preguntan (o sea, dos personas o tres) les hago un tutorial paso-a-paso para hacerlo.
Pero por lo pronto te pido que lo pruebes, lo goces, tengas un orgasmo y lo disfrutes mucho, porque es así de placentero este tip.
(De acuerdo, estoy exagerando; pero que está práctico, está práctico)
Idea: Crear una lista de reproducción inteligente con todos los podcasts de audio.
Ventajas de esto:
Muy práctico.
(Hice otra lista para los vodcasts, o videopodcasts, pero aún no la probé)
Comics de Comixology. (Gratuita)
Una app para leer cómics online en el iTouch. (O iPhone, obviamente.)

Vista de página completa. Igualmente al leer, la app es lo suficiente inteligente como para mostrarte la historia un cuadro por vez. Es muy fluida la navegación. De hecho, esta vista de página completa no sé por qué apareció. No es algo que vayas a ver mucho.

En estos casos se puede girar el iTouch para que la imagen se reajuste en modo landscape y se vea mejor.
Me gusto mucho leer este cómic en mi iTouch. La experiencia de lectura es muy cómoda y divertida. Lo malo fue que al querer bajarme el segundo número de esta miniserie de 14 partes, me encontré con esto:

Sólo el primero es gratis. Los siguientes números cuestan dos dólares cada uno. Al cambio, ocho pesos. Y son 14. O sea que si quiero seguir leyendo la historia, me va a costar. Quizá lo compre de a poco. Quizá no compre una mierda y chau.
En fin, vale la pena tener en cuenta esta app si te gustan los cómics y te bancás leer en inglés. Y tenés ganas de bancarte pagar por uno o dos cuando te copes con alguna miniserie. (Y podés vivir sin leer nada de DC y Marvel; es un tanto deprimente, la verdad.)
A ver si entendí, porque soy lento. ¿Si instalo una actualización de confiabilidad lograré mayor confiabilidad? Ajá. Tiene sentido, sí.
Y eso de “es posible que deba reiniciar el equipo” es una mentira. No es posible. Es SEGURO que lo voy a tener que reiniciar. Porque tenemos computadoras personales hace unos treinta años, pero aún no podemos instalar actualizaciones sin requerir de un puto reinicio de todo el sistema.
La informática es frustrante y fascinante al mismo nivel.
Compré FluxTunes. (Cerca de $4 de Argentina, o 1U$S.)
Esta app sirve para controlar la reproducción de música mediante gestos multitouch en la pantalla del iTouch o iPhone. El diseño no provocará orgasmos en ningún aficionado al diseño, pero tampoco es horrendo.

Al hacer el gesto de mover un dedo de izquierda a derecha, muestra el símbolo de "Siguiente" y pasa al siguiente tema. (No sabés lo que me costó capturar la pantalla justo durante el segundo que apareció ese símbolo.)

Algo interesante, y absolutamente necesario si vas a tener el iTouch en el bolsillo, es la opción de bloquear la app tocando con cuatro dedos simultáneamente en la pantalla. Así no cambiás de canción ni te mandás otra cagada de ese estilo cuando metés la mano en el bolsillo. Aparte convengamos que si bloquearas el Touch usando el botón del aparato, no podrías acceder a la app. (Me pregunto si Apple dará más libertad a los desarrolladores de apps algún día. Lo dudo. Pobre gente.)
La verdad que usar gestos para controlar el iTouch es muy cómodo pero especialmente útil cuando lo tenés en un bolsillo y no querés –o no podés– sacarlo. Metés una mano, hacés el gesto pertinente y listo. A mover la cabecita al son de la música. (Si acaso hacés eso. Yo suelo seguirla con los pies.)
Igualmente FluxTunes tiene sus bugs y limitaciones. No he podido lograr que reprodujera podcasts en video –en audio no tuvo ningún drama–, no hay forma de ver la información de un podcast, ni la duración de una canción.
Aparte me ha ocurrido tocar la pantalla y mantener el dedo ahí para ver las instrucciones de gestos y que cargue la ayuda pero sin nada de texto. Evidentemente no es algo absolutamente perfeccionado, pero para ir en el bondi lleno hasta los huevos controlando la música o el volumen mediante gestos, es absolutamente útil.
Bien vale cuatro pesitos.
(Mierda, gasto más en café)
Fotos recientes.
Hace un montón que no publico fotos, así que me decidí a cortar la racha de sólo-texto. Aparte estoy aburrido y no tengo un carajo que hacer. (Bueno, debería estar resumiendo el enorme apunte de Administración general, pero… es un embole.)

Mi ice capuccino de The Coffee Store. Muy rico. Es como el frappe de McCafé o el Avellana no-sé-qué-goma de la Full.

Esto es de cuando fuimos a Starbucks con mi novia. Qué empleadas tan repugnantes nos atendieron. El lugar era lindo, pero la gente que te atiende es soberbia y repugnante. Me enferma eso. ¡Son simples empleados! ¿Quién carajo se creen que son? Ahora no vamos más. ¿De qué les sirvió?

En Starbucks te ponen el nombre en tu café. Cosa terriblemente boluda cuando sos el único cliente esperando su café. Pero estas cadenas son así. Es todo sistematizado. Los sacás del sistema y no pueden pensar. (Taylorismo puro.) Ah, y no venden gaseosa. Encima si pedís una te miran como si fueras un pelotudo que debería saberlo. Porque en Starbucks son todos re cool y esperan que vos sepas todo desde el primer día que vas. Qué repugnantes son, la puta que los parió.

El Touch en The Coffee Store. Por cierto, en TCS --y a diferencia de Starbucks-- te atiende un mozo/moza. No es autoservicio como Starbucks. Y te tratan con cordialidad, aunque sea fingida. Ah. Y tienen gaseosa. (La puta que te parió.)
No sé si se nota que Starbucks no me gustó. El lugar era lindo, la gente un asco y el ambiente muy cool y top pero atendido por soberbios de mierda.
Nota para los que se la dan de hombres de negocios: Cuando ofendés a tu cliente, ya no es más tu cliente. ¡Oh, tengo una idea! Ya sé. ¿Qué te parecería contratar empleados que atiendan a la gente con más cordialidad? Qué concepto innovador sería para Starbucks.
Hasta los pobres pseudo-esclavos de McDonald’s al menos fingen interesarse por tu vida. Obviamente que es una gran charada, pero en el proceso te tratan relativamente bien. ¿Por qué? Porque quieren que vuelvas.
A tomar nota, Starbucks: Un cliente satisfecho te compra más de una vez.
Dudo mucho que yo lo haga. The Coffee Store me gusta más, y a mi novia también, que se sintió molesta por tanta pregunta de la pelotuda de la caja de Starbucks.
Ah! Y tampoco te ponen en la mesa azúcar o servilletas. Agarratelas vos.

Eso sí: cuando encontrás y agarrás las servilletas, notás que son ecológicas. O sea, el servicio es pedorro, pero piensan en el medio ambiente. ¡Qué bien!
(Andá a cagar)
Rediseñando mi base de datos de gastos.

Así se ve al entrar al formulario de carga de gastos. Logré que al entrar fuera directamente a un nuevo registro y le dé el enfoque al campo "Gastos". Parece re boludo pero me llevó horas. (Eso sin mencionar el diseño ultra minimalista.)

Así se ve un gasto registrado. El campo del precio solía ser rojo. Pero no combinaba con el gráfico que te mostraré en unos minutos. (El gráfico tiene un elemento anaranjado.)
Ahora bien, antes de pasar al gráfico debo contarme cuál fue el proceso que me llevó a tomar la decisión que tomé con respecto a dónde colocarlo.
Al principio yo tenía pensado mostrar en esa misma ventana emergente que contiene al formulario, un par de gráficos a modo de estadística rápida de mis gastos. Hice un botón y traté de programar con Visual Basic algo muy sencillo que ocultara/mostrara un subformulario invisible con un gráfico dinámico que yo tenía ya preparado de antemano, encima del formulario de gastos que te mostré arriba. La idea era que ambas cosas ocuparan el mismo espacio exacto, estando una oculta –el subformulario con el gráfico–, y otra visible siempre en la capa inferior –el formulario de gastos.
No funcionó. (Soy un desastre para programar. Hay que asumir estas cosas. Es como jugar al fútbol o levantarme una mina en un boliche. Son cosas que yo nunca pude lograr. Tampoco las intenté demasiado, sinceramente. El fútbol no me gusta y las minas de boliche me parecen mayormente pelotudas y creídas; preferí siempre de otros ámbitos, como mi novia. Pero dejemos porque me fui de tema.)
Entonces se me ocurrió algo aún más sencillo. Más minimalista que tener un botón y un subformulario es tener solamente el subformulario. “Pero, Leo, –pregunta la voz en off– ¿cómo vas a hacer entonces para cambiar entre los estados de visibilidad del subformulario sin el botón?”. Ay, la adoro a esa voz. Siempre sabe qué decir para llevar la conversación adelante. Es bárbara la guacha. (0-800-BORDA. Llamá ya.) El tema es que todo el concepto me resultó rebuscado y decidí cambiarlo totalmente. Si saco el botón porque el tema de controlar la visibilidad no anda, debería dejar ambos objetos –el formulario y el subformulario con el gráfico incrustado– lado a lado. “O quizás uno abajo del otro” –comentó otra voz que también se mete en mis charlas mentales. (Es un fiesta acá adentro, sí.)
Y ahí vi la luz. (Ahhhhh… ahá! ¿Dios? ¿Sos vos? ¿O es Edenor?) Hay que separar ambas cosas, sin molestar una a la otra, manteniendo la independencia de cada tipo de objeto.
Es decir: si el formulario lo uso para ingresar datos, no quiero ver gráficos en ese momento. Y cuando quiero ver gráficos, no quiero ingresar datos. Son dos cosas independientes pero que se complementan en cierto nivel porque están relacionadas. Convengamos que ambas cosas trabajan con la misma información, pero de manera diferente. En fin. Entonces se me ocurrió ponerlas una abajo de la otra, como comentó la voz en mi mente –quiero creer que era mi voz, porque no pienso compartir el crédito con una voz ajena y metida, que se vaya a cagar. Pero con la diferencia de usar el tamaño de la ventana emergente y el scroll de la barra de desplazamiento para separar ambos elementos.
Como habrás notado en la imagen de arriba, hay una barra vertical de scroll en la ventana emergente del formulario. ¿Qué hay más abajo en la ventana?

¡El gráfico! (Y el elemento naranja que combina con el campo del precio, del que te hablaba al comienzo.)
Está ahí, siempre cargado y esperando ser visto si yo quiero. Sino, no me molesta. No tengo que tocar nada. Solamente hacer scroll con la ruedita del mouse.
Si quiero cargar datos, simplemente abro el formulario –que le va a dar siempre el enfoque al campo “Gastos”–, y comienzo a registrar. Si quiero ver el gráfico de gastos mensuales, simplemente hago scroll hacia abajo sin escribir nada.
Es tan simple y minimalista que me encanta.
Hice un dock de madera para mi iPod touch.
Las fotos están en Flickr. (Guiño, guiño. ¡Entrá!)
Te adelanto que no soy carpintero matriculado, así que está lleno de defectos.
(¡Ya sé que con madera balsa quedaría mejor! Pero no había en la librería, ¿ok?)
RSS Player es una app que bajé hace tiempo. Su utilidad me resultó evidente hoy.
Mi viejo estaba usando la PC, cosa que me impedía bajar el episodio nuevo de Windows Weekly –podcast que escucho religiosamente, junto a otros que tratan sobre Mac– y se me ocurrió que podía bajarlo mediante WiFi usando esta práctica app.
Me permite suscribirme a un feed RSS de cualquier podcast –o al menos los que yo probé– descargando, o haciendo streaming –o sea, a medida que baja ir escuchandoló, sin esperar a que baje todo– de cualquier episodio en el feed. Está muy bueno en cuanto a su utilidad. No en cuanto a la interfaz, que se siente medio pedorra en el uso, no tanto en el diseño. Aunque tampoco me moja la interfaz, sinceramente.
Pero bueno, cuesta un dólar. O cerca de $4 si estás en Argentina. La verdad, en mi caso, lo vale.
No tanto por la situación que te describí arriba, sino más porque lo uso para bajar podcasts que no quiero tener en iTunes, bancándome que los esté actualizando todo el tiempo. Como RSS Player no sincroniza con iTunes sus podcasts, ambos directorios son independientes. Entonces lo uso para tener a mano podcasts que no quiero escuchar siempre, o que sí quiero escuchar siempre pero quiero bajar cómodamente en cualquier lugar con WiFi para escucharlos mientras se descargan.

Al hacer tap sobre el botón de play, el podcast que no estaba descargado se comenzó a bajar y reproducir en modo streaming. El único problema es que la barra de progreso no se actualiza. Se queda congelada ahí. Es un poco molesto no saber cuánto escuchaste y cuánto te falta del podcast.

Los episodios más recientes del feed del podcast aparecen listados y desde ahí podés entrar a cada uno y descargarlos. No se puede decir "bajame estos tres o cuatro" de una. No, tenés que ir uno por uno. Y mirá esos botones blancos. Ho-rren-dos.

Dentro del episodio podés marcar el mismo como escuchado, bajarlo "de verdad" --o sea, que no haga streaming, sino que lo baje completo y luego lo puedas escuchar-- y recomenzar la descarga. ¿O es recomenzar la reproducción? Ni idea. No es claro. Y yo no lo probé eso.

Las notas del episodio. Algo muy interesante es que a diferencia de las notas que aparecen en los podcasts de iTunes, acá hay links que se pueden tocar para abrirlos ahí mismo. Insisto: La interfaz no es precisamente hermosa.

Seis podcats. Uno es de Windows, el otro es de leyes en el mundo tech, y... todos los demás son de Mac. Creo que eso dice algo sobre mis intereses.

Las opciones son re tristes. Busqué un switch para cambiar de interfaz pedorra a interfaz linda, pero no había. Cagamos.
La verdad que a pesar de la interfaz pobre y uno o dos bugs, es una buena app y bien vale los 4 pesitos, si te interesa escuchar podcasts desde cualquier lugar con WiFi.
Viendo feeds de fotos en Newsstand.

Al igual que en iTunes, el punto azul marca los ítems nuevos. Y lo configuré para que me baje todas las imágenes de todos los feeds. Por defecto te baja sólo la última imagen, para ahorrar tiempo y ancho de banda. (Pero yo quiero todo, así que me banco esperar.)

Así se ve la imagen al entrar al ítem. Notá que la flechita de abajo me dice también cuántos elementos nuevos hay hacia abajo. Muy útil.

El menú para compartir el elemento. Es excelente. Y hace uno o dos días agregaron soporte para Read it later. Acá no aparece porque esta captura la tengo guardada hace rato. (Y si no usás casi nada de ese menú, podés ocultar las opciones que no uses.)

La opción de compartir por mail el ítem que estás leyendo no te manda a la app Mail, sino que abre un panel de Mail ahí mismo, sin hacerte salir para luego regresar.

Al actualizar los cambios, te muestra por dónde va en la sincronización con Google Reader pintando de celeste el texto del feed que esté sincronizando en ese momento.

Oh, no. Un feed con sólo una imagen. ¿Pero y si quiero que baje todas las imágenes del feed? (Debería haberlo hecho automáticamente cuando le dije que quería descargar todas las imágenes de todo, pero no lo hizo porque eso lo configuré un tiempo después.)

No hay que temer. Existe la opción de bajar todas las imágenes e incluso eliminarlas para recuperar espacio.

Compartirlo con Instapaper también permite cambiar el título y agregar notas. Lo mejor es que al igual que compartir por mail, el panel se abre ahí mismo, sin molestar.
Newsstand en mi iTouch.
Newsstand es un lector de RSS de 5U$S, que al cambio sale unos $20 en Argentina –redondeando para arriba, sí. Es muy completo, así que no duele tanto pagarlo.
Así se ve en mi pantalla inicial, con el badge indicando la cantidad de ítems sin leer –224 en este caso. El ícono me parece una cagada. Sinceramente, si tengo que pagar veinte mangos, por lo menos contraten un diseñador para que les haga el ícono. Uno con talento.
Lo más interesante es que sincroniza los feeds con Google Reader, con lo cual podés dejar de putear cada vez que entrás a la versión para iPhone/iTouch del site en MobileSafari y te encontrás con esa navegación pedorra –sobre todo para ver fotos.
Algo muy lindo es la vista diario, que te muestra los feeds a los que estés subscripto como periódicos.
Esta vista estilo periódico muestra algunos feeds en un efecto de diario viejo. Supongo que es una forma visual de decirte que el feed no se actualiza hace rato. Muy lindo el efecto.
Para ir cambiando de periódicos, pasás el dedo por la pantalla de lado a lado en cualquier dirección. Ahí se produce el efecto de rotación que aparece en la imagen de arriba. (Me costó capturarlo, así que aprecialo.)
Si hacés tap encima de un diario te lleva a su correspondiente feed, con el diseño normal de lista de encabezados, es decir, dejando la metáfora del diario. (Lo cual es una pena. Quisiera que hubiera un modo diario exclusivo.)
Lo bueno es que además Newsstand es mucho mejor que usar Google Reader en MobileSafari para ver fotos de feeds de usuarios de Flickr.
Fin por ahora.
(Más sobre Newsstand en estos días)
Podcasts en el iTouch.
Eso de “Obtener más episodios” no anda en Argentina.
¿Por qué? Porque no tenemos iTunes Store para música, videos, audiolibros y demás. Lo único que tenemos son apps para el iTouch y iPhone. Pará de contar. Entonces cuando querés usar esta función de bajar desde el iTouch nuevos episodios de tus podcasts, no podés. Cagate.
Este es uno de mis podcasts favoritos, BOL. Lo escucho todos los días y me mantiene al tanto de las noticias tech de EEUU, que terminan siendo las noticias tech de acá a la semana o al mes. (A veces siento que vivo en la época colonial.)
Esta vista es la más simple; te muestra la portada y los controles abajo.
Si hacés un tap –el equivalente a un click en lenguaje iPhone OS– sobre la portada, aparecen dos nuevas cosas. La primera es esa barra superior que te muestra la longitud del audio sobre tres botones. De izquierda a derecha, son para: enviar a alguien un link para escuchar o bajar el podcast, ir 30 segundos atrás por si no escuchaste qué dijeron en el podcast o te perdiste un chiste por distraido, y escuchar el podcast en velocidad normal, lenta o rápida. Yo a veces los escucho en 2X, que es el doble de velocidad, entonces puedo escuchar un podcast de una hora en media hora. (En teoría. No siempre se entiende. Depende de quién esté hablando.)
La segunda cosa que aparece es la letra –en caso de ser una canción– o las notas del episodio –en caso de ser un podcast, como es éste.
¿Y qué pasa cuando un podcast no tiene notas sobre el episodio? ¿Aparece el panel negro vacío?
Claro que no. Apple cuida mucho el diseño, y poner cosas que no sirven va en contra de todo lo que ellos creen. Entonces, si no hay letras, nada aparece. Bárbaro.
El Touch es excelente para escuchar podcasts en particular, gracias a los pequeños detalles que hacen a la experiencia altamente disfrutable. Por ejemplo, en el apartado de cada podcast te avisa en cada episodio cuánto te falta escuchar de los episodios que hayas dejado por la mitad. También te marca los episodios que son nuevos y los que ya escuchaste previamente.
El fuerte del iPhone y el iPod Touch son los detalles. Están llenos de detalles que parecen boludeces pero te alegran la experiencia.
(Hace años escucho a los maqueros decir esto mismo sobre la Mac, así que no me sorprende)
Algunas cosas que capturé de la pantalla del iTouch.
(Mantené presionado el botón de Hold y apretá el de Home para sacar una captura de pantalla.)

Estoy probando las listas Genius. Curiosamente, las hice pero no las escuché, así que no te puedo decir qué tan buenas son.

Este es un audiolibro que bajé. Es de uno de los que hace el podcast Buzz Out Loud, que escucho siempre.

Mi fondo de pantalla. "Yo amo..." ejem, ejem. Creo que se entiende, no? (Coger, sí, coger. Ay, Dios, todo tengo que explicar. TODO!)
Hay un par de juegos que te quiero mostrar. En un próximo post lo haré, si no me vuelvo loco con lo que tengo que hacer de Estadística para la facultad.
(El Touch es realmente el funnest iPod ever)
TweetDeck en mi iTouch.
Hice un grupo para mis publicaciones preferidas.
Y otro para cuando alguien me comenta algo en Twitter.
Lo único que me pudre es que marca todo como leído o visto cuando cierro la app para ver otra cosa del Touch. Debería dejar como no leído todo hasta que yo determine que quiero marcarlo como leído.
Pero salvo eso, es una excelente app.
Probando Instapaper Pro en el iTouch –iPod Touch.
Me gusta mucho. Lo uso para leer mis artículos de Google Reader y Twitter, offline.
Eso de poder mover levemente el Touch hacia delante o atrás para hacer scroll en el texto, es muy útil. (Y cool. Pero más que nada útil.)
Lo adoro, es un orgasmo hecho app.
(Y el iPod Touch es una sesión de apasionado sexo hecho gadget… si acaso eso fuera posible)
Harry Potter and the half-blood prince.
La vimos ayer con mi novia en el cine y voy a reconocer que la película me gustó. Me entretuvo, la verdad.
Prejuzgué a Harry Potter hasta ahora.
Comimos un balde ENORME de pochoclo. Y no era el más grande, creo.
También había unas chicas, putas de mierda que a cada rato hacían “shhh” a todos.
Cuando nos paramos para irnos las miramos y les hicimos “shhhhh” a las dos mogólicas. (Putas.)
Esto es lo que pienso cuando digo “compartir cosas que no haríamos por nuestra cuenta”. Yo en la puta vida hubiera ido solo a ver esta peli, pero como mi novia quería, la descubrí.
Y estaba buena al final.
Si hay una cosa que me gustó de Análisis matemático es esta:
El hecho de que 0.999… sea igual a 1.
Me acuerdo que el día que la profesora nos dijo esto nos negábamos a creerlo. Pero eventualmente, al ver la ecuación, lo aceptamos.
Creo que debió ser el único momento matemático de mi vida que me resultó fascinante. (De acuerdo, estoy exagerando. Quizá haya habido otros momentos así. No suelo atesorarlos en mi memoria, así que sabrás disculparme.)
¿Para qué carajo sirve saberlo en la vida real?
Para hacer conversación en un coctel —o en su defecto, en un blog. Pará de contar.