Me enferma el ruido de los papeles de caramelos al ser abiertos cuando trato de concentrarme en algo.
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El portugués es un idioma que detesto.
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No tolero, me molesta, me asquea, me da pataletas al hígado, me hastía, me disturba, me altera, odio…
… la cumbia.
(Me refiero a la denominada “cumbia villera”. Esa negrada)
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También fui una vez a cenar a Puerto Cristal, el de Puerto Madero.
La salsa blanca es muy mantecosa.
(Aj… asco)
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Otro que detesto: el pibe de anteojitos de la publicidad de Koh-I-Noor.
Es insufrible.
Y no porque tenga anteojos o por el look de nerd (yo también fui así alguna vez; maldita miopía) sino por sus diálogos, por su forma de ser y por el hecho de comparar a su madre con un secarropas. (Aunque eso es culpa del que hizo la publicidad)
Bueno, lo detesto. Que quede bien claro.
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Por qué no soporto el pan Fargo.
· Porque las rodajas son demasiado grandes. Son como para camionero.
· Porque la textura es seca. No hay humedad en ese pan hijo de puta. Está totalmente seco.
· Porque la forma es demasiado cuadrada. Prefiero una sutil forma redondeada arriba.
· Porque no es suficientemente suave. Se siente áspero.Es un pan ordinario.
Nunca me lo banqué.
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No tolero a la gente que se refiere a su primera experiencia sexual con la palabra “debut”.
Tener sexo no es una obra de teatro. “Debut” las pelotas.
“Ay, mi debut, mi debut!”
Andá a la puta que te parió.
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El frío llega y las ganas de bikear se me van.
(La ropa del otoño no fue hecha para ser usada con la bicicleta)
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No me gustan las aceitunas negras.
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Tengo tantas ganas de estudiar álgebra como de ser castrado.
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Valeria Lynch es como El Guasón*. No puede dejar de reír.
(No la soporto)
*Sí, ya sé que la traducción verdadera debería ser El Comodín, pero pocos lo saben.
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Hay gente que confunde “dame un consejo” o “decime tu opinión” con “decime qué hacer”.
Y lo peor es que cuando vos hacés lo que se te canta, se ofenden, porque creen que como te dieron una opinión o un consejo, vos lo vas a seguir.
(Miopía mental)
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Me molesta en demasía la gente que para darle más fuerza a su argumento te cuenta los logros de su vida o su gran trayectoria o que sabe mucho del tema a tratar porque toda su vida laburó en algo relacionado aunque sea remotamente.
La puta madre que los parió.
(Sinceramente y de todo corazón)
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Para mí el merengue de dulce de leche no merece ser llamado merengue.
(Y no me gusta, por cierto)
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Nunca me gustó la poesía.
No me gusta su falta de claridad. No soporto a los autores que disfrazan los significados en frases simbólicas y rebuscadas.
Todo el ecosistema poético me harta.
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Me enferma la gente que no puede pronunciar correctamente la palabra “show”.
No es “chow”, ni “you”, ni mierda.
(Infelices)
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No puedo beber agua tónica. Me da verdadero asco ese sabor.
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¿Cómo puede ser que en el año 2008 todavía sea posible en Windows Vista que las aplicaciones roben el foco?
Estás escribiendo algo en Word mientras se abre el Messenger, y cagaste, lo que estabas escribiendo aparece en el Messenger, porque el muy sorete cuando se abre roba el foco.
O estás por cambiar el título de una canción en iTunes y salta un cuadro de diálogo para avisarte algo y justo te caga el título que estabas escribiendo en iTunes.
Windows, cómo te odio. Qué necesitado de atención que estás, la puta madre que te parió, que fue Microsoft.
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El jamón cocido siempre se me antojó un fiambre muy boludo.
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No entiendo a esas parejas que cuentan fanáticamente hace cuánto están de novios, como si fueran a batir un récord.
Un noviazgo no es un concurso ni una competencia. Puede durar dos meses y ser el mejor momento de tu vida o durar más y no serlo.
Infelices.
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No me gusta cuando compro una comida preparada y me dan servilletas de papel.
Odio las servilletas de papel cuadradas con la doble franja azul.
Es un asco. Y no es suave.
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No Soporto Cuando Las Canciones Y Los Títulos Tienen Cada Palabra En Mayúscula.
(Todas mis canciones están en minúscula, según mis designios)
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Al nene de la publicidad de Fargo, con peinado de taza y flequillito… no lo puedo ver.
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Si hay algo que detesto es cuando un cantante se pone a hablar a mitad de la canción.
O sea, cuando la canción baja de intensidad, se produce un momento de relajamiento en el medio y el intérprete decime hablar o susurrar o contar algo como al pasar pero en tono de charla.
¿Por qué hacen eso? ¿Qué carajo intentan demostrar?
Cuando escucho una canción quiero escuchar al tipo cantar, no me interesa que hable, como charlando en un bar. ¿Qué mierda es eso?
Si yo no canto en mis charlas, ustedes no charlen en mis canciones.
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Cuando hago una práctica de análisis matemático o álgebra me molesta bastante encontrar que los ejercicios parecen ser 10 o 20. Pero en realidad son muchos más.
Porque los hijos de puta que hacen las prácticas usan sub-viñetas como si no hubiera un mañana. O sea que no son realmente 10 o 20 ejercicios. Son como 60.
Resulta que el 1 tiene a), b) y c). O que dentro del 3 a) hay más divisiones, como “i”, “ii” y “iii”.¿Qué clase de engaño es éste? ¿Por qué menosprecian mi capacidad de apreciación de contenido? Yo me doy cuenta que acá me están cagando, corazón.
No son ni 10 ni 20 ejercicios. Dejen de mentir.
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La pera siempre se me antojó una fruta boluda.
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Sobre los que sacan fotos.
Me enferman. Me jode estar caminando por Puerto Madero, o Plaza de mayo, y tener que desviarme de mi camino porque algún infeliz quiere sacar alguna foto a la familia o a quien sea, y para hacerlo retrocede diez metros, ocupando todo el paso.
Entonces si te le cruzás entre la cámara y la persona que quiere fotografiar sos “malo”, pero si te ponés a esperar, no la saca más la foto. Parece que tuvieran un trauma con sacar “la foto perfecta”. ¿Por qué no se dejan de romper las pelotas?
La calle está para caminar, no para ocupar el paso.
Y las fotos en las que hay una familia o personas de un grupo, siempre, siempre, siempre son pedorras. Siempre la luz les da en la cara o no hay Sol, o el flash es una cagada. Son un asco, sin estilo ni sentido artístico. No sé ni para qué se molestan.
Mi nueva política: seguir caminando. Si estás en el camino, jodete. Yo no paro más. Sacarás la fotito cuando yo termine de pasar, dulzura. Vos no tenés prioridad. Yo tengo prioridad porque hago lo que supuestamente debo hacer en una vereda: caminar.
Pelotudos.
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¿Sabés cuál es el problema con el boliche?
Te cuento.
Yo soy hombre. Yo voy al boliche a buscar minas. Punto.
No voy a venir con ese verso de que me gusta bailar o que “voy a divertirme” o “a tomar algo” porque estaría mintiendo descaradamente. Y no es mi estilo. (Por si no te diste cuenta hasta ahora)
Así que imaginate qué lindo debe ser para mí ir a bolichear. Analicémoslo.
Vos entrás al boliche, después de pagar una entrada poco económica, para tener el privilegio, la fortuna y por qué no el grandísimo honor de respirar humo en medio de una aglomeración de minas creídas que van a hacerse las divas y tipos musculosos que creen que se llevan al mundo por delante porque van al gimnasio y tienen pelo largo.
Wow. Momento, corazón. Vamos a tratar de entender un poquito esto. Porque jamás lo logré comprender.
Por una parte tenés la motivación del 99.7% de los hombres: ir a buscar minas. El resto va a “ponerse en pedo”. Pará de contar. Esas son las razones.
El hombre va donde están las mujeres. Como el león va al abrevadero para agarrar a los antílopes mientras toman agua. Si las mujeres solo salieran a patinar, todos los boludos iríamos a comprar patines. Si fueran a coser, tendríamos cajas de agujas e hilo. Es así. Hacemos lo que ellas hacen porque es lo necesario para conseguirlas. (No tengo problema para admitirlo.)
Por otro lado, la motivación de las mujeres para ir a bolichear es bastante dispar. Como de costumbre, la mujer es siempre rebuscada. Compleja. Torcida. Loca. Contradictoria. Poco exacta para expresarse. Etcétera. Intentemos ver qué carajo le pasa.
Algunas te van a decir que van “porque van las amigas”. Eso yo lo interpreto como: “no tengo opiniones propias. Contrólenme, chicas”.
Otras que lo hacen porque les gusta bailar. Me pregunto cómo harán para bailar si están amontonadas y en pedo, y apenas pueden dar dos pasos sin pisar a alguien.
Luego no falta alguna que confiesa que va a calentar a los hombres pero se hace la difícil porque ella “no se puede ir con cualquiera”. ¡Ojo, eh! Ella es toda una dama. No te confundas porque te tiró onda o te hizo ojitos o se te frenaleó por media hora. No, no. Ella es una SE-ÑO-RA. Guarda.
Y alguna que otra reventada confiesa que lo hace porque cree que es lo que tiene que hacer para encontrar al amor de vida u otra paparruchada incoherente por el estilo.
Sin mencionar a las putas totales que descaradamente admiten que van “a buscar chongos”.
En definitiva, pocos saben a qué carajo van. Y los pocos que saben y no pertenecen a ninguna de las denigrantes calañas humanas previamente mencionadas, se joden. Porque deben bancarse a todos los demás.
Encima, impera un ambiente soberbio de gente creída donde no podés escuchar al que tenés al lado y sos víctima de todos los hijos de puta que fuman y te obligan a respirar el humo que debería matarlos a ellos pero que desgraciadamente te mata lentamente a vos también por ser fumador pasivo.
Y tenés que pagar por la bebida. Pagar otra vez. Porque recordemos que ya habías pagado para entrar. Para tener el gran honor de estar entre esa gente maravillosa. “La crem de la crem.”
Llega la hora de cierre y te encontrás en la calle, solo o con la trolita de la noche (una de ellas, el boliche está plagado) que conseguiste en un momento llevado por el alcohol y el deseo, pensando en buscar el hotel más próximo para terminar de una vez y poder seguir con tu vida sintiéndote como todo un ganador por haber tenido sexo con una perfecta desconocida por la cual no darías ni dos mangos.
Si se te dio con alguna, es por esa noche. Porque, claro, una mina de una noche que ya tiene ganas de una, es claramente una trola. Entonces no sirve para nada más. Con lo cuál, cuando se te fueron las ganas (a la salida del telo) te terminás preguntando por qué las cosas tendrán que ser así. Por qué no podremos ser más honestos y sinceros. Por qué todos tendrán que dárselas de estrellas de cine y tratar a los demás como basura.
¿Por qué todo estará tan venido a menos?
Y, típico de mí: ¿Por qué las costumbres, y la vida misma, tienen tan poco sentido?
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¿Camisa, remera o chomba?
La chomba me parece una de las cosas más boludas inventadas en la historia del hombre.Los dos o tres botoncitos están al pedo. Porque si los abrís obtenés un cuello más grande. Cosa que podrías tener desde el vamos con una camisa o remera.
Si lo que querés es tener menos botones podés pasar directamente a la remera. Y si querés algo más formal o cool o con botones, pasás a la camisa.
Sinceramente, no entiendo para qué carajo sirve la chomba.
Yo elijo remera o camisa. Nunca jamás chomba. Las odio.
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Si tomo té con limón no me gusta mojar nada.
Porque lo que moje termina teniendo gusto a limón. Eso no me va. No, no.
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Otro día contemplativo de meditación.
(Ergo: no hice un carajo, usé la bike y escuché unos temas de piano de Rob Costlow de los que hablaré luego.)
Sentado en uno de los dos sillones individuales del living me puse a pensar dos temas que parecen marcar mi existencia. El más obvio es el de mi mujer ideal y el otro es sobre mi inexplicable deseo de tener nietos pero no hijos.
Lo pensé durante una hora y me di cuenta que debía ser sincero conmigo mismo, aunque fuera crudo, para llegar a una conclusión que lograra satisfacerme.
Y lo logré. Encontré las respuestas. Aunque quizá no te guste leerlas.
Me di cuenta de que ambas cuestiones tienen un nexo común. Pero eso lo explicaré luego. Vamos por partes. Empecemos con el tema de la mujer ideal.
Aquello que siempre pienso sobre mi vida de pareja es lo que llamo “la parte buena”. O sea: ser despertado por una morocha hermosa de pelo enrulado que previamente había estado durmiendo en mi pecho y con la cuál estaría desayunando en la cama minutos después. Y algunas cositas más que te podrás imaginar.
En fin, a lo que voy es ésto: ¿Por qué nunca logro imaginar cómo sería el día a día con esa morocha? ¿Cómo sería ir a Pago Fácil a pagar el gas? ¿Cómo sería si me olvido de nuestro aniversario? ¿Cómo sería si una noche estamos con ganas y a las semanas nos enteramos que seremos padres no-deseados? Todas estas cosas jamás entran en mi proyecto de vida.
Y me he preguntado fría y honestamente por qué. ¿Por qué?
La respuesta es clara y cruda: porque no quiero vivir todos los pesares de una relación. Solamente quiero la parte buena. Solamente quiero acostarme con la morocha hermosa, despertar con ella y desayunar juntos. O leer un libro juntos. O lo que sea. Pero no me interesa lidiar con su familia. No quiero saber qué hacen sus viejos, ni bancarme al pelotudo del hermano. Ni nada que me disguste en lo más mínimo.
Ergo: no sirvo para la vida en pareja. Porque cuando mi novia me empiece a decir qué hacer o altere mi rutina o se atreva a criticar alguno de mis caprichitos la mando a la puta madre que la re mil parió. (Como a cualquier otra persona.) O sea que hoy me he dado cuenta que si estuviera con alguien le cagaría la vida. Y ella me la cagaría a mí. Fin.
Vamos a la otra cuestión, la de los nietos. Ya vas a ver que es similar. Estuve pensando por qué quiero nietos pero no hijos. Digo, es medio pelotudo querer hacer yogur pero no tener la vaca.
De repente me golpeó la respuesta. Es bastante lógico, de hecho. Pensalo, si tenés hijos, los vástagos son tuyos. Si les pasa algo, si cagan o no cagan, si comen o no comen, si se enferman o se mantienen sanos, si violan a alguien o si son normales es tu problema. Vos sos el responsable. Si “el nene” sale con la moto y mata a una chica que cruzó la calle, los vecinos te vienen a apredrear la casa a vos. Bueno, es tu problema por ser papi. Jodete.
¿Pero qué pasa si sos el abuelo? Ahí está lo maravilloso. Un abuelo no está obligado a estar todo el tiempo con los nietos. Mierda, aunque los vea una vez por año está re bien. De modo que ser abuelo es el paraíso para alguien que no quiere tener que estar constantemente cuidando a sus vástagos pero sí quiere cada tanto sentirse paternal con un pequeño retoño que está dando los primeros pasos en el mundo. Ser abuelo te permite ser groso, porque no tenés que ponerle límites al nene. No sos un perseguidor, no le rompés las bolas porque sinceramente lo que haga tu nietito te importa tres carajos. Porque no es tu problema, es problema de tu hijo, el boludo ese.
Y el nexo final entre ambas cosas es: a mí no me gusta sentirme demandado constantemente. No me gustan las obligaciones. Y tampoco me gustan los problemas. No quiero cuidar crías que me pondrán en un geriátrico dentro de cuarenta años. No quiero que me jodan, que mi mujer me de órdenes o se atreva a criticarme. (Ni ella ni nadie, no lo digo porque sea una mujer. No se lo tolero a nadie y punto. No soy sexista.)
Conclusiones: lo más probable es que me muera solo. Sin hijos, ni nietos (porque no quiero tener cría) y sin pareja. (¿Qué mujer en su sano juicio elegiría un loco de mierda que quiere estar solo pero la quiere para divertirse y cuando la diversión termina mandarla a su casa?)
Bueno, ya lo descifré.
Valió la pena despertarse hoy. -
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No sé si dije esto en un episodio previo de “Viviendo con Leonardo Damián”, pero la publicidad online me molesta.
Me jode.
Hastía.
Cansa.
Pudre.
Harta.
Sofoca.
Embola.
Agobia.
Agota.Y no se me ocurren más adjetivos. Pero fueron unos cuántos. Quizá deba seguir escribiendo. ¡Es una señal!
(A veces envidio a la gente que toma la cosa más inverosímil como una señal, le encuentran el sentido a todo, aunque no lo tenga a mis ojos)
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No me gusta el queso rallado.
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No me cae bien Pergolini.
Creo que es un falso de mierda.
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Me molesta cuando los políticos dan un discurso y repiten la estructura de una frase en una enumeración.
Ejemplo:
“Esto es malo para mí, es malo para la gente, es malo para él, es malo para ella, es malo para el vecino, es malo para Don Braulio, es malo para…”Cuando la manera correcta de decirlo —y redactarlo— sería: “Esto es malo para mí, la gente, él, ella, el vecino, Don Braulio…”
La coma hace que no haga falta repetir la estructura. Está implícita.
(Esto lo aprendí en una clase de Literatura o Lengua, y siempre me fascinó que nadie le dé bola)
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Luis Majul me parece el típico petiso falso, cagón y mediocre, víctima de un complejo de inferioridad, ostensiblemente merecido.
(En criollo: es un pelotudo)
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Hace instantes:
Estaba leyendo sobre la evolución de los sistemas de archivos.
*Suena el teléfono*— ¿Hola?
— (Silencio)
— ¿Hola?
— Buenos días, mi nombre es Vanesa, nos estamos comunicando para reducir los costos de sus…*¡Click!*
Corté el teléfono antes de que Vanesa se las ingeniara para solucionarme la vida.
(No soporto a los telemárketers)
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Acabo de escuchar un montón de temas de la banda Weezer. ¿Cuántos aprobaron?
Ninguno.Asco. Más espacio del disco ha sido liberado.
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Los discursos políticos me aburren en demasía.
(Todo continúa igual o empeora. ¿Cuál es el punto?)
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No me gusta el diario Clarín.
Las tipografías son feas, parecen salidas de Windows.
(Adivinaste: las tipografías en Mac OS X tienen un tratamiento especial que las hace hermosas. Porque hasta la cosa más pelotuda es bárbara con una Mac. O eso he leido.)
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