No puedo pararme delante de un músico del subte para “admirar su arte” porque no me gusta.
Con la única excepción de una vez en que estábamos caminando con mi novia por el andén de la estación Carlos Pellegrini de la línea B y vimos a dos violinistas.
Pero nos pareció demasiado estilo para el subte.
Es como llevar a la filarmónica de Londres a la cancha de Boca. No va.
(Igualmente era lindo; un poco de depre, pero lindo)
