Fui a comprar pan para hacerme unas rodajitas con manteca. En la panadería me tocó el número 52. Iban por el 46, así que esperé. Había bastante gente.
A los pocos minutos alguien comenzó a gritar afuera, en la vereda. “¡Pará, soltalo, pará!”–se escuchó. Todos se dieron vuelta –porque la gente es metida. Yo no. A mí me interesaba que me dieran mi cuartito de pan y una prepizza. Pero no, me tuve que bancar que todo se detuviera. Entonces nos acercamos (éramos como veinte personas) a la puerta y miramos. (Si no puedes vencerlos, úneteles.)
El que gritaba era el dueño de un rottweiler, mismo que estaba mordiendo a lo loco a otro perro. Todos se desquiciaron. El dueño del perro asesino lo agarró del collar y se lo llevó.
“Bueno, listo, ya está”–pensé. Me di vuelta y esperé que me llamaran. Craso error. Esto daba para largo. Las mujeres del lugar estaban shockeadas por toda la escena. Siempre me pregunté si las mujeres reaccionarían como en las novelas y películas, quedándose rezagadas y con actitud de temor. Parece que sí. Son exactamente así. Una escena de… “terror” y chau. Las perdimos. (NO, NO TODAS SON ASÏ. OK??? Hay algunas que son normales. Pero no son la mayoría. Admitamosló.)
Una estaba con la mano en la boca, tapandoselá en señal de “ay, Dios… esto es abrumador” y mirada de terror absoluto. Era como si estuviéramos en el Pacífico rodeados por tiburones. Tesoro. Estamos adentro de una panadería. El perro asesino estaba afuera y se estaba deleitando con el otro perro. No con nosotros. Y aparte, ya se lo habían llevado. ¿Por qué la carita de miedo? (Si yo tengo una nena, ¿me saldrá así de boluda? La paternidad me aterra cuanto más observo a la gente.)
Todos comenzaron además a decir sus teorías y comentarios al respecto, como no podía ser de otra forma. La gente es tan molesta. Tan molesta. Y yo me quería ir a la mierda. Con mi cuartito de pan. Creo que no pretendía mucho. En fin.
Uno contó que esos perros hay que llevarlos con bozal. Una mujer dijo que ese perro era un animal. (Y sí. Es un perro, mamita. Perro = Animal. Biología 101.) Otro contó que él aprendió que a esos perros hay que agarrarlos de las patas traseras para que se caigan y pierdan el control cuando están devorando a otro rope. (Nunca falta el experto en el tema, que justo está en la escena del crimen. ¿De dónde carajo salen estos hijos de puta que se la dan de expertos en los más diversos temas?) Y no faltó la vieja que dijo: “hay que denunciarlo, así va a aprender”. Sí, corazón. Esperá que alguien la haga.
A todo esto las que deberían estar atendiendo comenzaron a charlar con el público. No sabía que era un evento social. Mirá vos, yo simplemente queria comprar pan. Qué tonto de mi parte.
Finalmente me atendieron, me dieron mi prepizza y un cuartito de pan. Fui a la caja y aboné con $20. Eran $10. La mina estaba tan traumada por la situación que no sabía sumar ni restar. Se ve que el shock fue como un reinicio de su sistema operativo. Todavía estaría cargando algún driver a nivel cerebral, porque no le carburaba bien a la pobre. Al principio me dio $10 antes que yo le diera mi billete. O sea que ella me estaba pagando a mí. Le dije y ella entendió que para darme vuelto primero yo debía darle dinero. Sino la cosa falla. Por lo menos para el dueño de la panadería. (A mí me hacen un favor si todavía me indemnizan por bancarme todo eso.)
Con las bolsas y los diez mangos de vuelto salí y vi un perrito blanco, onda labrador, con cara de bueno y contento. Varias personas lo rodeaban. A pesar de que el otro casi se lo almorzó tenía cara alegre y la lengua afuera, mirando como si nada hubiera ocurrido. (Qué animales tan raros son los perros.)
Caminé lentamente de regreso a casa, dejando atrás ese frenesí colectivo de emociones caninas. Y cuando llegué a casa le conté todo esto a mi madre, que estaba preparando los ravioles que compré esta mañana mientras llegaba mi viejo. Tras todo esto, y varias horas después, me di cuenta de una cosa.
Olvidé comer el pan con manteca.