Cuando “ayudar a la señora” es opuesto a cumplir las reglas.
Ayer, camino a la facultad, fui a la parada del colectivo. Como de costumbre, un mogólico estacionó su camioncito de reparto justo detrás de la parada, dejando un escaso margen para poder bajarse uno del cordón y subirse al colectivo. De cualquier forma, me paré justo al lado de la parada, sobre la calle, como acostumbro siempre. (Jamás logré formarme la costumbre de esperar sobre la vereda.)
Pasaron unos minutos y vi asomarse desde atrás del camión una señora grande. (Grande en edad. Era petisa, como toda vieja.) La señora me observó levemente y se dio vuelta, mirando hacia la dirección desde la cual el colectivo vendría. Y se quedó ahí. No hizo el esfuerzo de caminar desde su erróneo lugar de espera, que era detrás del camión, o sea a unos tres o cuatro metros más atrás de la parada de colectivo; y venir hasta donde estaba yo, que era donde estaba la parada.
El colectivo dobló la esquina y tanto ella como yo le hicimos el gestito con la mano para que se detenga. “A ver dónde para este hijo de puta…” pensé. Y pesimista como soy, deduje que en vez de hacer lo correcto y detenerse en la parada, se detendría en donde estaba la vieja, a pesar de que ella no sólo estaba mal, sino que encima llegó después que yo.
Eso fue exactamente lo que ocurrió.
El tipo le paró a ella. Yo tuve que caminar desde donde estaba, en la ubicación correcta, hasta el encuentro de la vieja y el colectivero, la ubicación errónea. Ergo: me cagaron.
Y eso que hice las cosas bien. (Bah, como si eso fuera garantía de que no te van a cagar en este país bananero de décima…)
Un par de cosas sobre esto.
La primera es que si la situación hubiera sido inversa, si yo hubiera estado esperando el colectivo alejado de la parada y la vieja hubiera estado bien, el tipo me cagaba de vuelta a mí y detenía el colectivo en la parada, para “ayudar a la señora mayor”. Y yo no tendría derecho a queja, porque la vieja hubiera estado bien, esperando el bondi al lado de la parada, como se debe. (Cosa que en la vida real no hizo. Yegua.)
Mientras pensaba esto en el viaje, escuché en mi mente un argumento opuesto a mi queja. “Bueno, está bien, vos tenés razón. Pero la vieja es una señora mayor, no se puede mover con facilidad. Está más cerca del cementerio de Chacarita que de la parada. ¿Qué te cuesta dejársela pasar? Si total cuando seas viejo los jóvenes te lo van a dar a vos el asiento, o te van a dejar pasar que los cagues.”
Sin embargo ese argumento está fallado.
Primero, yo no tengo forma de saber las dolencias de la vieja. No le voy a ir a prenguntar: “¿A usted le duele cuando camina? ¿Era mucho laburo venir hasta la parada?” No. O sea que yo no tengo forma de saber si a ella realmente le duele caminar. Por ahí es sorda, pero la piernas le andan bien. Entonces caminar no es un problema para ella.
Segundo, esperar a que yo sea viejo para conseguir retribución sobre esto no es una solución. La justicia no puede ser a largo plazo. Tiene que ser inmediata. Si te roban, querés que el chorro sea atrapado pronto, no dentro de cuarenta años. “En el largo plazo estamos todos muertos” es una frase común en la economía. A mí no me sirve esperar a ser viejo para que me den el asiento en el colectivo, o para que me dejen pasar el hecho de que soy un pobre pelotudo que se caga en los demás y no hace la cola en la parada como es debido. Porque además, cuando yo sea viejo, no planeo cagarme en la parada. Planeo cumplir con el acuerdo tácito de “si tenés que esperar un colectivo, hacé la fila en la parada, boludo”, a diferencia de muchos.
Entonces la vieja me cagó. Por varias razones.
Me cagó porque se coló. (Yo llegué primero.) Me cagó porque el colectivero le paró a ella, que estaba indebidamente parada, para hacerle el favor, perjudicándome a mí que había parado bien. Me cagó porque cuando yo sea viejo no quiero ser otro sorete que se caga en todo por el simple hecho de ser viejo.
¿Entonces cuál es la solución?–pregunta la voz en off.
Lo correcto hubiera sido:
1. Parar donde estaba yo.
2. Esperar a que la vieja moviera el culo hasta donde estaba el colectivo y subiera.
3. Que el colectivero le dijera: “Señora, por favor espere el colectivo en la parada la próxima vez.”
Sí, ya sé que es re Disney pretender que en esta ciudad se cumpla algo o se hagan las cosas como corresponde, pero esto hubiera sido lo correcto.
La mentalidad detrás de las cosas debería siempre ser: el que cumple con las cosas siempre debe beneficiarse más.
Si yo estaba bien, porque me tomé el laburo de caminar hasta la parada, yo tendría que haber sido beneficiado. No la vieja que no respetó un carajo y por ser vieja se lleva al mundo por delante.
Beneficiar a la vieja es ir contra lo correcto.