Si estás con una mujer porque te gusta el culo, todo tu interés morirá en la cama. Si estás con una mujer porque te gusta su sonrisa, tu interés morirá recién cuando se le caigan los dientes.
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Un profesor de EconomÃa del CBC dijo una vez que él no entendÃa por qué la gente le tenÃa tanto miedo a la inflación, si la inflación no es mala. Cuando los sueldos aumentan, no es mala, decÃa él.
Claro, corazón. Pero hay un problemita con tu opinión. Y la llamo opinión porque es bastante estúpida como para ser considerada algo más.
El problemita es que en el mundo real donde vivimos, y en el paÃs retrógrado donde tenemos la dicha de vivir, cuando hay inflación los sueldos no aumentan. Los precios aumentan pero los sueldos no.
Ese es el problema. La realidad. Los hechos. La teorÃa siempre suena idÃlica y maravillosa, pero llevada a una realidad de mierda, como la nuestra en esta república bananera que se las da de primer mundo, es completamente ridÃcula.
SÃ, obviamente serÃa fabuloso que al aumentar un 20% la carne, también aumenten los sueldos proporcionalmente al promedio de gastos mensuales de la población.
Pero eso no ocurre.
Y por eso la gente grita y llora cuando escucha “inflación”. Si en los libros no hay por qué temer, me alegro, pero yo vivo en el mundo real, no en los libros.
Y vos sos profesor.
(Pelotudo)
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Ayer fui al cine del Abasto con “la chica que mora en mi actualidad”. (Me encanta esa nomenclatura, carajo.)
A ver. Fueron $40 de entradas (cada vez me alegro más de haberme colado en el cine del Abasto hace años) y $10 del vaso oficial para cine de Pe’si. (TenÃa como un litro. Era de plástico duro.)
Fue una de esas veces que gastás y decÃs: “valió la pena”. No por el cine o las instalaciones, sino toda la experiencia. (Me refiero a la compañÃa, la pelÃcula me daba igual)
(Adoro el cine)
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Anoche, mientras esperaba que el sueño reclamara el dominio de mi cuerpo por las próximas horas, me detuve a pensar en la importancia que le doy —y le damos— a las cosas triviales y qué poca importancia tienen en el gran esquema de las cosas.
A lo que voy es que si ayer mi mundo era el parcial de álgebra, hoy que ya lo dÃ, me importa tres carajos. SÃ, bueno, quiero saber la nota, pero francamente no pierdo el sueño por saberla.
O sea, me fascina cómo algo tan relevante hoy puede ser tan inverosÃmil mañana. Tan poco importante que uno lo trata con un “ah, bueno”.
Y si lo pensáramos un poco más allá verÃamos que hacemos —y hago— esto con muchas otras cosas.
Cuando llega el Mundial de fútbol todos se excitan como si fueran chicos comiendo azúcar, pero una vez que el Mundial pasó, ese momento se siente como algo pasado y lejano. Se siente con la forma de algo que en realidad, frÃamente pensándolo, no tenÃa por qué haber sido asÃ. Después de todo, son gente jugando un deporte. Tampoco es para tomárselo tan a la tremenda.
Obviamente lo del Mundial no es mi caso porque el fútbol, los futbolistas y los hinchas me importan menos que la economÃa de Ecuador, pero sirve como ejemplo.
En mi caso particular podrÃa hacer una autocrÃtica y decir que yo actúo de forma fanática cuando hay una keynote de Steve Jobs tres veces al año; en Macworld, WWDC y algún que otro evento especial de Apple. Sigo lo que dice minuto a minuto con varios sites al mismo tiempo, tengo preparados pochoclos y bebidas para disfrutar del show y luego leo toda la cobertura de los sitios maqueros. Además tengo lista la página de Apple para que se recargue a intervalos regulares, a la espera de los nuevos productos que sigo sin poder comprar. Lo que sÃ, yo no grito ni pataleo ni salgo a la calle a tocar la bocina o a hacerme el loquito porque hay un nuevo iPhone o una nueva Mac.
Pero incluso yo veo que esto es quizá demasiado. Ahora, en el presente, no puedo sentir el placer de todos esos buenos momentos de esas keynotes. No siento ahora el placer de haber sido uno de los primeros hombres de este lado del mundo en saber que Apple harÃa el iPhone cuando Steve lo dijo ese 9 de enero del 2007 en Macworld. Y ahora, visto hacia atrás, parece falto de sentido.
No sé bien qué pensar.
Si es pelotudo hacer mucho escándalo por las cosas porque total van a pasar y uno no puede sentir esas buenas sensaciones todo el tiempo; o no hacer ningún escándalo con nada por miedo a no volver a sentir esas sensaciones otra vez.
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Voy a sonar como un insensible de mierda por esto.
Y probablemente sea justo, porque creo que lo soy.En fin.
Nunca entendà por qué la gente hace comentarios del tipo “uy, pobre!” cuando ven en el noticiero que alguien se muere o sufre una catástrofe.
A mà sinceramente no me importa. Tampoco si le ocurre a alguien de acá, ojo.
Porque lo pienso asÃ:
¿Esas personas son familiares mÃos? No.
¿Los conozco? No.
¿Me entretienen? No.
¿Me siguen o aclaman? No.
¿Me odian o desprecian? No sé ni me intriga saberlo.
Entonces, ¿qué carajo me importan?
(Ser sincero es más importante que quedar bien)
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Hace mucho mucho tiempo que no estudiaba tanto para un parcial como para no estar una hora antes en la puerta, releyendo todo a último momento.
Me sentà calmado y contento, escuchando música mientras el resto se volvÃa loco a mi alrededor. Qué lindo.
(Ahora seguro que me fue como el culo)
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Pareciera que cada vez que tengo que dar un examen mi cuerpo automáticamente dijera: “Hey! Vamos a resfriarnos! Wiii!”
Eso, o que siempre los parciales y demás caen para estas frÃas épocas.
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Ya llegó el frÃo, y con él, el resfrÃo.
Me imagino la gente de Bayer, brindando y bailando, felices.
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Nota: esto empezó como un pensamiento y terminó como algo que siempre tuve adentro y quise decir sobre la adolescencia y la secundaria.
Alguien que fue durante su infancia y/o adolescencia una persona recluida, estudiosa, antisocial e independiente en demasÃa, puede —si se lo propone y le interesa— ser alguien social, conversador, divertido y extrovertido.
¿Por qué?
Porque alguien que creció siendo tomado por “el loco de mierda marginal” tiene la suficiente apreciación del entorno para saber cómo ser aceptado, por el simple hecho de que mantenerse al margen le permitió observar al resto por años. Sabe qué hacer para ser “cool” o qué debe cambiar. El problema que tiene es que los demás no lo consideran asà y no ven su potencial, con lo cuál lo tienen encasillado en el papel del “nerd” o el “pelotudo” o el “loco marginal”.
Cuando llega el cambio de escenario, particularmente la facultad, la cosa es borrón y cuenta nueva. Chau. Se terminaron los prejuicios. Porque al llegar ahà todos caen en la cuenta de que no hay antecedentes. Son todos iguales. SÃ, claro que se forman grupos y demás, la gente siempre hace eso, pero lo importante es que todos esos años de marginación se olvidan tras un par de meses o años de facultad. (Sobre todo en la UBA, donde ves gente de diversas clases sociales y te filtran constantemente, obligándote a repetir las mismas putas materias una, otra, y otra vez; y a conocer nuevas personas constantemente.)
Ahora bien, lo mismo no ocurre con el deportista “cool”.
¿Por qué?
Porque el deportista cool, o la rubia fashion, son parte de un ecosistema cerrado, compuesto por creÃdos. Ellos creen ser lo más top. En realidad no son nada. Pero no se van a dar cuenta de esto hasta llegar a la facultad, cuando se encuentren con otra gente y ya no tengan a sus amiguitos al lado. Estarán solos.
La diferencia clave entre ambos tipos de persona es que esta gente no sabe cómo manejarse independientemente en la facultad, porque jamás lo hicieron en la primaria o en la secundaria. No tienen ese instinto de arreglárselas solos. Estudiar solos. Hacer las cosas solos. No saben, no quieren o no pueden.
La gente que fue popular en la secundaria cuando llega a la facultad no es nadie, y la gente inteligente de la secundaria, en la facultad se vuelve “interesante”. Se sienten interesados por el cambio porque es diferente al infierno que tuvieron que bancarse por años.
Los papeles cambian, y asà las cosas finalmente se arreglan. Los que sólo saben patear pelotas y hablar de lo que hay en MTV están al margen, y los que saben cómo aprobar la materia, están en el centro y son mirados por el resto como “los que saben”, atrayendo el interés. El que triunfa es ahora considerado el ganador, no un marginado o un loco.
Lo interesante de todo esto es que la persona que fue inteligente puede ser popular o extrovertida al madurar y tiene ambas cosas: el intelecto y la sensibilidad de un ser pensante, y el atractivo o el carisma de alguien más deportivo o hablador. (Asumiendo que al llegar a la facultad empieces recién ahà a hacer alguna actividad fÃsica y a hablar con la gente.)
Opuestamente, quien lo único que hizo fue hablar y hacer deporte durante su crecimiento, no desarrolló jamás sus capacidades mentales y por consiguiente no tiene la sensibilidad ni el intelecto de un ser pensante. Tampoco advierte esto, y aunque pudiera advertirlo, no sabrÃa cómo solucionarlo ya que jamás necesitó ejercitar su intelecto para lograr nada.
Esto no es reversible: el boludito con músculos es sólo eso. El ser sensible y pensante puede ir a un gimnasio cuando crezca (y eso hacemos), pero el que nunca usó el cerebro, no tiene arreglo, por más musculitos o futbol que juegue como los dioses.
Esa es la diferencia clave.
Mensaje para el chico/a de diecisiete años que se siente deprimido/a o no le encuentra el sentido a la vida:
Algún dÃa la secundaria terminará. Parece eterna, lo sé. Es una condena, lo sé. No sirve para nada y cuesta dinero. Mierda, si lo sabré yo. Pero termina. TER-MI-NA. Y cada dÃa que volvés de ese antro a tu casa es un dÃa menos que te queda soportar y es un dÃa más cerca de llegar al ansiado final.
Son cinco años de mierda. De rutina, de tareas estúpidas, de amistades que terminan al finalizar quinto año —y a pesar del “amigos para siempre”—, de profesores que se la dan de amigos pero cuando los vas a ver no te dan ni la hora, de rechazo, sufrimiento y aprendizaje. En fin, son una cagada.
Pero van a terminar. Aunque te parezcan eternos, se terminan.
Y si alguna vez sentÃs que te gustarÃa mandar tu vida a la mierda de forma abrupta —vos me entendés—, pensá con la perspectiva de que tu situación actual es sólo un momento en la vida.
Son cinco años de mierda, pero son sólo cinco años. O doce, si contás también la primaria. Igualmente, se van a terminar. No vas a ser eternamente joven o eternamente adolescente ni papi o mami te van a mantener toda la vida. Ahora no lo ves, y te parece que todo tu mundo es ir al colegio y bancarte a la gente de ahÃ, pero a medida te acerques al final, a quinto año, verás que ese suplicio acabará y estará en vos ver qué mierda hacer con tu vida. Finalmente serás dueño y autor de tus dÃas.
Te vas a dar cuenta que vale la pena vivir, contrario a lo que esos años y esa gente de mierda te habrán hecho pensar.
Suerte.
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La primero que hay que saber para ser previsor es que no siempre podrás prever lo que ocurra.
O sea, tenés que anticipar que no vas a poder anticipar todo.
Y eso se hace teniendo siempre, o en lo posible, un plan B.
Si dependés del subte, no tengas sólo la tarjeta. Llevá monedas también por si está cerrado o están de paro o algo asÃ; y puedas escapar en un bondi.
Si querés sentarte pronto en el colectivo, tené las monedas preparadas en la mano y no esperes a subir para buscarlas, porque en lo que tardás te van a cagar el asiento los que paguen con boleto.
Si tenés un amante y no querés que se entere tu pareja oficial del sorete que sos, borrá periódicamente el historial de mensajes de tu celular. Bañate bien cuando vuelvas de revolcarte con ella.
Eso es tener capacidad de previsión: anticiparse a las posibles adversidades del dÃa a dÃa.
(Y si vas a cagar a tu mujer, ¿no serÃa mejor plantearte si querés seguir con ella?)
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Estaba conversando con la chica que mora en mi actualidad, cuando salió el tema del orgullo en la pareja.
Comenté que para mà el orgullo está por encima de todo, incluso del amor.
Porque si de verdad las cosas están bien con la otra persona, no habrÃa necesidad de elegir entre mantenerte alejado por orgullo o ir detrás de la pareja a pedir perdón o hacer lo que tu pareja quiera.
Si estás obligado a elegir entre tu orgullo y alguien… hay algo que ya está mal desde el vamos.
¿Por qué ese alguien te cuesta tu orgullo?
Si de verdad esa persona te quiere, te acepta como sos. Si ya te quiere estar cambiando… se mete con quién sos.
Eso es intolerable.
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No soy patriota.
He aquà el por qué.
Yo no puedo sentirme ciudadano de un pedazo de tierra cuando en el gran esquema de las cosas (la naturaleza, el universo, la galaxia, el sistema solar, el planeta Tierra, los átomos y los organismos miscrocópicos, etc) no existen las simples divisiones territoriales imaginarias que los seres humanos imponen en los paÃses.
¿Qué es un paÃs? Es simplemente una extensión de tierra. Alguno podrÃa decirme “un paÃs es su gente, su cultura”. SÃ, está bien. Pero esa cultura es diferente dependiendo de la región del paÃs.
Entonces al final lo que importa tampoco serÃa el paÃs, sino en todo caso, las provincias, los barrios y demás comunidades pequeñas. El concepto de nación o paÃs me parece sinceramente ridÃculo.
Yo no me considero ciudadano de un sólo paÃs. Soy ciudadano del mundo. O del universo, en todo caso, porque existo en él. Pero eso de limitarme a un paÃs, como si de alguna manera un cacho de tierra importara en la vastedad del cosmos, me resulta completamente ridÃculo.
Esto viene a cuento de otra cosa.
Con lo del volcán ese de Chile que está por hacer erupción y quizá afecte a Argentina, algunos dicen: “Pero esos chilenos de mierda, con sus volcanes, van a cagarnos a nosotros”.
El problema es que para la naturaleza, no existen Chile o Argentina. Hay tierra, el volcán hace “bum!” y te vas a cagar vos, seas quien seas y estés donde estés. Ya sea que le quieras llamar Chile o le quieras llamar Argentina, en el gran esquema del universo es un simple trozo de tierra continental, y si al volcancito se le da por eyacular ahÃ, jodete, andá a buscar un gran trozo de papel higiénico porque a la naturaleza le importa tres carajos.
Con lo cuál, las divisiones nacionales son pelotudeces.
Y esto no es un discurso a favor de nada ni nadie. No me interesan ni los anarquistas ni los de izquierda, derecha, arriba, abajo o de donde carajo sean, porque tampoco son nada. Son solamente gente con ideas que quiere convencer a otra gente sin ideas propias. No son nada espectacular.
No creo en nada de esto y no me interesa morir por ningún ideal o persona que no sea yo. He dicho.
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No tolero a la gente que se refiere a su primera experiencia sexual con la palabra “debut”.
Tener sexo no es una obra de teatro. “Debut” las pelotas.
“Ay, mi debut, mi debut!”
Andá a la puta que te parió.
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Si las uñas siguen creciendo y creciendo a menos que uno las corte, ¿cómo hacen los que naufragan y terminan en una isla para cortarse las uñas?
Quizá la actividad de cazar animales o construir un emplazamiento donde vivir en la islita les permite desgastar las uñas.
Me intriga.
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Ayer, cuando fui al centro, pasé por un local de Frávega o Garbarino o uno de esos lugares donde los vendedores están posando en la puerta, haciéndose los cancheritos.
Bueno, de lejos me pareció ver una vieja iMac blanca. Asà que entré. $6500
Lo interesante era que, de nuevo, estaba apagada. Todas las PC’s feas estaban prendidas, pero la única Mac estaba apagada. Y no sólo eso, sino que además estaba como puesta asà nomás en la estanterÃa, como si fuera basura, en un costado.
Finalmente me di cuenta por qué nadie prende las Mac.
No tienen la más puta idea de qué es una Mac.
Si llegaran a prenderla y la gente viera el diseño de Mac OS X, todos empezarÃan a preguntar, como preguntan en cualquier local de Apple, y ellos no sabrÃan ni cómo mentirles.
Porque los inmundos vendedores están acostumbrados a Windows y las PC crotas que se joden, son feas, se ponen lentas, tienen virus, etc, etc, etc. No saben ni les importa saber qué hace diferente a la Mac.
No la saben vender.
Cuando deberÃa ser lo más fácil de vender, solamente mencionando las caracterÃsticas que tiene: no tiene virus, mantiene el valor de reventa en mayor proporción, la vida útil es mayor, no se cuelga, no es frustrante de usar, es compatible con Office, etc.
Yo podrÃa hacerlo mucho mejor. Quizá porque prácticamente soy un maquero sin Mac. (Conozco algo de la parte técnica del SO, por curiosidad)
El problema es que yo nunca podrÃa trabajar en un lugar asà porque:
a) no me gusta versear a la gente para venderles algo
b) no me gusta perseguir a nadie
c) tendrÃa que vender también PCs además de Macs, cosa que no tolerarÃa(Este fue un pequeño ejercicio mental de la mañana, estilo: “¿Qué tal si…?”)
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Por qué será que cuando estoy soñando y en el sueño tropiezo o caigo, automáticamente me despierto, como si fuera un shock que me devolviera a la realidad.
(Asumiendo que la realidad sea esta)
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Cuando no querés que te roben, tratás de no llamar la atención.
Cuando no querés que te maten, tratás de no ir por lugares peligrosos.
Cuando no querés que te pidan guita, tratás de ir por calles donde no abunden los que te manguean.
Cuando no querés que te hablen, tratás de mirar para otro lado u ocultarte en los audÃfonos del iPod.
Cuando no querés que te miren, usás ropa oscura o fea y vas vestido pedorramente para no llamar la atención.Ahora yo me hago una preguntita.
Cuando no querés que los negros te toquen el culo o te digan cosas groseras por la calle, querida, ¿no deberÃas dejar de mostrarlo como si quisieras o esperaras calentar a los negros o los desubicados?
Porque si no te gusta que te traten como puta, quizá deberÃas recatarte un poco. Y si te gusta ser tratada como puta, no deberÃas aparentar estar ofendida.
Digo, no sé, me parece.
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Leonardo
He descubierto que cuando no uso el dinero, se junta. Y se junta, y se junta.
Me tomó veinte años aprender el valor del ahorro. Y ahora que lo aprendÃ, finalmente me doy cuenta de lo poderoso que es.
El sólo hecho de no salir un par de veces o de simplemente ir a caminar en vez de tomar un café afuera, me permite disponer de más cash cuando salgo con alguien más.
Pasado cierto tiempo el nivel de cash en mano es lo suficientemente alto como para ahorrar una parte, dejando el resto disponible para alguna salida eventual.
A medida pasa el tiempo, y mientras no salga en salidas que requieran quemar mucha guita, ese porcentaje ahorrado aumenta y aumenta con cada ingreso de efectivo que tengo.
Es fantástico. No hago un carajo y cada vez junto más guita. Quién hubiera dicho que ahorrar se sentÃa tan gratificante.
(No entiendo por qué la gente miserable no es feliz)
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Leonardo
He estado pensando que como a veces se llama finamente “provecho” al eructo, la frase “buen provecho” en realidad significarÃa “buen eructo”.
Entonces lo que en realidad querrÃan decirte serÃa: “espero que tu comida esté tan buena que la eructes de forma sonora, cosa de que te haya hecho provecho.”
(Bueno, esa es mi interpretación)
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Leonardo
Hay gente que confunde “dame un consejo” o “decime tu opinión” con “decime qué hacer”.
Y lo peor es que cuando vos hacés lo que se te canta, se ofenden, porque creen que como te dieron una opinión o un consejo, vos lo vas a seguir.
(MiopÃa mental)
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Leonardo
Cuando era muy chico querÃa ser adulto, aunque no recuerdo por qué.
De hecho, ahora que lo pienso, siempre quise ser más grande. Y siempre tuve más afinidad con los adultos que con mis pares. (Bah, “pares”. Por llamarles de alguna forma…)
Supongo que en el fondo siempre supe que las respuestas estaban en la experiencia obtenida al crecer. Y quizás por eso siempre escuché atentamente los consejos de abuelos y padres. Desde el inicio me resultó obvio que aquél que fuera más grande que yo sabrÃa más por el simple hecho de haber vivido por más tiempo.
Qué imbécil serÃa si teniendo acceso a toda esa sabidurÃa la hubiera desaprovechado.
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Leonardo
He estado pensando por qué me gusta tanto la comunidad maquera y deduje que es por su inconformismo.
Su deseo de querer lo mejor siempre, en toda ocasión, es algo digno de mi admiración porque lo comparto. Solamente la gente que usa Mac no te descarga un programa porque “es feo” o porque “no está pulido”. Esa gente es exigente. No se conforman con basura. Demandan calidad y estilo. Y lo obtienen, porque quienes programan en Mac son verdaderos artistas que también saben diseñar y disfrutan usando sus Macs.
Nunca, nunca, jamás he visto (ni veré) tal dedicación a la búsqueda de la perfección en Windows o Linux.
Mierda, cómo quiero una Mac.
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Leonardo
Para mà el merengue de dulce de leche no merece ser llamado merengue.
(Y no me gusta, por cierto)
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Cómo ofender a una mujer.
· Decile que es gorda.
· Decile que su amiga/hermana/prima está buena.
· Recitá tus logros y luego con tono altanero preguntale: “¿Y vos qué lograste en la vida?”(Quizá no sean las formas más efectivas, pero son las primeras tres que se me ocurrieron)
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Leonardo
No entiendo a esas parejas que cuentan fanáticamente hace cuánto están de novios, como si fueran a batir un récord.
Un noviazgo no es un concurso ni una competencia. Puede durar dos meses y ser el mejor momento de tu vida o durar más y no serlo.
Infelices.
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Este año me di cuenta para qué sirve realmente tener un 29 de frebrero cada cuatro años.
Se relaciona con algo que venÃa pensando hace tiempo, y es que las estaciones parecen desfasadas de ubicación. O sea, el invierno empieza más tarde, el verano también, y las otras dos sufren de lo mismo.
Me he preguntado por qué. HabÃa llegado a la conclusión de que probablemente nuestra forma de contar debe ser imperfecta y cada año perdemos unos minutos que a largo plazo y tomado en cientos o miles de años, terminan por hacer inexactas las fechas de las estaciones.
Pero luego este año, escuchando un podcast, alguien comentó que el 29 de febrero sirve para corregir una diferencia que se produce por la manera de contar los años que usamos.
O sea, si no estoy en lo incorrecto —cosa que es también probable— mi teorÃa de que cada año se pierden unos minutos es más o menos correcta. (Incluso a mà me cuesta explicarla como corresponde.)
Pero por otra parte, eso no tiene nada que ver con las estaciones que llegan más tarde.
Asà que resolvà un misterio de mi vida, pero ahora me surge otro. (Es el problema de la ciencia.) ¿Por qué las estaciones están desfasadas?
Si el otoño empieza el 21 de Marzo, no te digo que el 21 se caigan todas las hojas, como un relojito, pero no puede ser que estemos casi en Mayo y siga haciendo calor. Algo pasa.
¿Cuándo carajo viene el frÃo?
Eso es lo que yo quiero saber. A este paso recién en agosto, para mi cumpleaños, estaremos empezando a sentir el invierno.
Me están cagando el clima.
(Que alguien llame a los locos esos de GreenPeace)
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Ayer me encontré con esta imagen en Flickr.
Aunque no logro racionalizar el por qué, me gusta. No sé si es por la fragilidad de la flor violeta o por el fondo borroso. Ni idea.
De cualquier forma, en Flickr no se ve con el fondo negro ni está en tamaño grande. Para obtenerla con esas caracterÃsticas usé el servicio On Black, y la podés ver acá.
(Es una flor hermosa, pero desgraciadamente cuando el Sol se trague a la Tierra en unos cientos de miles de años, nada importará)
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Me gustan las fotos en blanco y negro.
Hasta ahora pensé que era porque me resultan más finas, elegantes. Pero me he dado cuenta que no es enteramente eso.
Las fotos en blando y negro tienen un componente obvio: la ausencia de color. Y como tal, ese componente hace que uno preste más atención al resto de las cosas, o sea, al contenido en sà de la fotografÃa.
Si logro conseguir una cámara o compro una [sÃ, claro] experimentaré con eso. Y quizá hasta las suba a Flickr.
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Hoy estuve bikeando por la costanera y me pasó algo que rotularÃa como “interesante”.
Cuando seguà el camino hacia la Reserva Ecológica un tipo en otra bike venÃa en dirección opuesta y me miró detenidamente —y sin el menor disimulo— directo a los ojos.
Luego, una vez dentro del lugar, al llegar a un punto del camino en el que habÃa que subir una pendiente y luego elegir si ir hacia la izquierda o derecha, và de reojo que tenÃa detrás a alguien.
La bicicleta estaba dura porque no hice el cambio de velocidad y la pendiente me detuvo, haciendo que el pelotudo que tenÃa detrás se quedara clavado en su lugar. Mi maniobra lo detuvo y obligó a continuar su camino, eligiendo ir hacia la derecha, que era hacia donde yo habÃa apuntado.
Al darme vuelta para ver lo que estaba haciendo noté que él se habÃa dado vuelta para mirarme. Y tenÃa cierta similitud con el tipo que me habÃa cruzado antes. La misma remera negra y el mismo pantalón corto azul. Qué curioso—pensé.
Decidà ir hacia la izquierda, evitando al sospechoso hombre, porque me enferma la gente competitiva que al verte con una bicicleta con cambios cree que vos vas a hacer carreritas. Pero por favor. Como si yo necesitara competir con otro ser humano para tener mi autoestima en alto. No me hagas cosquillitas que me cago de risa. (Esta frase es un nuevo leonardodamianismo, por cierto)
Asà que seguà por la izquierda, y para chequear me di vuelta para ver qué hacÃa el otro. ¡Se dio vuelta!
¿Por qué?
¿Por qué se dio vuelta él? ¿No habÃa ido a la derecha? ¿Qué lo empujarÃa a mirarme otra vez?
Y luego de lejos vi otra cosa: Dio la vuelta. VenÃa hacia mÃ. A lo lejos.
“Bueno, es un chorro o un depravado o algo peor”— pensé. Asà que aprovechando el trecho de ventaja que tenÃa apuré el pedaleo hasta la salida más cercana y tomé una curva que me permitió bajar a un área segura desde donde aproveché para arreglar el iPod que me colgaba de una clavija del jean y me tenÃa podrido.
Cuando terminé con eso subà una vez más y vi que el tipo habÃa pasado y se dirigÃa hacia un camino alternativo.
Tomé el camino por el cuál él habrÃa venido y luego la salida más próxima.
Mientras escuchaba música estuve pensando detenidamente en el asunto.
¿Por qué alguien que claramente estaba saliendo de la reserva ecológica volverÃa a entrar? ¿Por qué vendrÃa tan pegado a mÃ? ¿Por qué justo tenÃa que tomar el mismo camino que yo? ¿Por qué esperó a ver qué camino tomaba yo si él ya habÃa decidido ir a la derecha?
Y más importante, ¿por qué carajo cambió de curso encaminándose a mi dirección?
Sospechoso.
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Ayer no dà muchas explicaciones sobre la nueva historia, Puerto Madero tendrá que esperar.
Todo comenzó hace como un año. Yo habÃa ido a tomar el subte en Uruguay para ir a sentarme en mi banco habitual en Puerto Madero, frente al cartel de Nextel.
Al bajar la escalera vi a esa chica y me quedé pensando cómo encararla. De hecho, ni siquiera pensaba en eso a esa altura, solamente la estaba mirando, como quien pasa por la vidriera de Delicity y ve una porción de Lemon pie.
En fin, no voy a seguir contando porque la idea es que leas la historia. Pero sà querÃa agregar algunas notas sobre el trasfondo de ese momento.
Para empezar, yo nunca le dà mucha importancia a ese episodio de mi vida, porque he vivido unos cuántos similares. Algunos infructuosos y otros victoriosos. Me ha llevado no demasiado tiempo deducir que la clave no es acercarse a la persona que te atrae con un plan, sino simplemente ir con más o menos una idea de qué decir para empezar a hablar. Lo demás va cayendo sólo, si la chica quiere hablarte. En caso contrario, al menos te sacaste la duda y podés volver por donde viniste. (Yo no persigo. Mi orgullo lo impide.)
Ya me olvidé a qué iba con todo esto…
(¡Ah, sÃ!)
DecÃa.
No estaba en mis planes contar esa historia porque no me parecÃa lo suficientemente importante. Al mismo tiempo, seguÃa recordando esporádicamente a la chica del subte.
De modo que la idea de contar la historia comenzó a gestarse, pero a medida pasaba el tiempo, los detalles se volvieron más y más borrosos.
Al final decidà no escribir un carajo.
Pero cuando me encontré con la idea del concurso de las anécdotas de viajes que hizo MetrovÃas, pensé rápidamente qué anécdota de viaje tendrÃa para contar. Mi mente me regaló con una acertada primera opción.
La chica del subte.
Por esa razón durante el mes de febrero y la primera mitad de marzo estuve yendo repetidas veces a mi McCafé habitual del centro.
CorregÃa, agregaba, borraba y tiraba ideas para contar mejor la historia. La debo haber releÃdo fácilmente unas cuarenta veces. Quizá más.
El mayor reto fue quitar muchas cosas que le daban a la historia un cariz humorÃstico. Pronto me dà cuenta que yo no estaba tratando de contar nada con humor, sino mostrar de forma sincera un momento de mi vida, sin disfrazarlo con toques de humor para hacerlo más llevadero.
La verdad es que no quiero hacer de todo una historia sarcástica. A veces es propio del ambiente en el que se desarrolla la historia darle esa onda irónica, y en otras ocasiones se intenta contar algo con otro tono. Más racional. Por llamarlo de alguna forma.
Otra cosa nueva para mà fue el lÃmite de tres páginas impuesto en las bases del concurso. Yo ahora suelo explayarme bastante en las historias. Perdà la costumbre de contar algo conciso y al punto en pocas páginas.
Más aún cuando caà en la cuenta de que aquél momento que antes me habÃa parecido tan breve e indigno de ser escrito, al momento de ponerlo en papel se me presentaba como una tarea de proporciones escandalosas.
La historia habÃa crecido demasiado en poco tiempo. Como esas nenitas de ocho y nueve años que ya están buscando novio y se transan a los nenes de primaria. (La futura generación de trolas.)
Varias visitas al café, canciones, episodios de “no tengo cambio” con la gente de McCafé, y frustraciones por no encontrar la forma perfecta de contar la historia se sucedieron hasta que finalmente logré terminarla.
Para entonces me sentÃa conforme con el producto final, pero sabÃa que no era perfecto. Y aún ahora, a mis ojos no lo es.
Sin embargo, esta experiencia me permitió probar nuevas cosas.
O, si querés que te lo diga como una persona de Recursos Humanos: “Esta nueva experiencia nos ha permitido embarcarnos en un proyecto conjunto que nos encamina a un florecimiento en común, donde hemos incorporado nuevas propuestas y sinergÃas conjuntas que nos permitirán desembocar en el próspero desarrollo de este emprendimiento”. O algo asÃ.
(Esa gente me hace reÃr. Qué ganas tienen de complicarle el texto al lector y decir las cosas de la forma más asbtracta posible.)
Ahora en serio. Esta historia podrÃa llegar a ser un punto de cambio en mi narrativa. Nada radical, pero sà lo veo como un cambio evolutivo.
Concretamente:
· No siento la necesidad de ser totalmente fiel a los hechos
· No me importa tanto si me olvido de alguna palabra que haya dicho la persona con la que hablé
· No necesito explayarme por hojas y hojas para describir una escena breve y concreta
· Siento una necesidad más fuerte de corregir incesantemente lo que escribo.Me he dado cuenta que cada corrección aumenta mucho el nivel de la producción. También me lleva muchÃsimo tiempo más, pero eso no es relevante.
Y habiendo dicho eso, una última cosita.
Si no fuera por esa historia —no estoy totalmente seguro— quizá no habrÃa tomado el valor necesario para embarcarme en un nuevo proyecto literario, paralelo a mi contÃnuo trabajo con las historias que disfruto contar.
Estoy escribiendo una novela.
(Chan)
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Leonardo
Me resulta interesante cómo la palabra “amante” es sinónimo de “la persona con la que tengo sexo”.
Y me resulta interesante por la raÃz de la palabra: amor.
Amor ≠Sexo
Qué curioso.
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Leonardo
Sobre mi vocación y futuro.
Son pocas las charlas introductorias que disfruto, porque las demás suelen estar manchadas con la molesta pregunta: “¿Pero por qué estudiás para contador si te gusta escribir y diseñar?”
Lo voy tratar de dejar bien claro acá, una sola vez, y a cada persona que me encuentre en la vida y me haga esa pregunta o cuestione MIS decisiones en cuanto a MI vida lo redigiré a este artÃculo.
(Si vos llegaste hasta acá por esa razón te invito a seguir leyendo. Todo este artÃculo fue pensado para vos.)
Primero: por qué no diseñador web.
Porque no tengo la paciencia para aprender constantemente nuevas herramientas como Flash, JavaScript, PHP y esas delicias que cambian de la noche a la mañana. Tampoco tengo ganas de estar pendiente de quién me roba el diseño de alguna cosa o me copia el diseño de otra.
No tengo paciencia para soportar clientes que me digan que quieren un diseño hermoso pero no tienen contenido para poner en el site, o tener que estar defendiendo mi trabajo o explicando por qué un diseño en Flash cuesta tanto más que un diseño choto en HTML. No tengo ganas de lidiar con eso.
Tachemos diseñador web de la lista.
Sobre por qué no trabajar de escritor, las razones las voy a ir dando más abajo. Pero andá sabiendo que no voy a dejar de escribir, porque me encanta hacerlo.
Por qué contador
Hace años, cuando cursaba la secundaria en un colegio con orientación contable, me di cuenta que la contabilidad no me molestaba. Por supuesto que tampoco me entretenÃa.
Seamos sinceros, ¿cuándo viste a un contador diciendo “¡esta es mi vocación! ¡yo quiero llevar los libros de una empresa! ¡es mi sueño!”?
Nunca. Y jamás lo vas a ver. Por la simple razón de que la contabilidad no es divertida.
Pero, si no te apasiona algo no significa que lo odies. Y si no lo odiás no significa que te apasione. La ausencia de una emoción no implica la presencia de la emoción opuesta. (Qué linda frase, la voy a anotar.)
Puede haber un punto medio.
Ese punto de toleración donde decÃs: “Seeh, la verdad que no la paso mal. No es un parque de diversiones pero tampoco es un velorio. Estoy bien.”
Y chau, seguÃs adelante con tu vida.
Además, consideremos el aspecto económico.
Soy sincero conmigo mismo: yo no quiero vivir de ideales. Soy materialista. No vivo en una nube de marihuana, soñando con un mundo mejor. SerÃa perder el tiempo.
Aprecio la belleza de las cosas que me rodean. Y esas cosas bellas que me hacen feliz o contribuyen a mi nivel de toleración de la vida cuestan guita. No caen de arriba, hay que pagarlas.
Entonces, asumiendo que como contador tendré una mayor oferta de laburo y podré sacar provecho del tÃtulo, las probabilidades de tener un buen pasar económico son mayores que las de un escritor o diseñador web.
Y en consecuencia, con ese sueldito de contador podré quizás algún dÃa comprar esa Mac con la que vengo rompiendo las pelotas hace años, y finalmente escribir esa novela que tanto quiero escribir.
Quiero que quede claro este concepto central: yo no vivo para trabajar. Trabajo para vivir. Yo trabajo para obtener los medios de expresarme. Trabajo para pagar la luz y el gas, comprar la Macbook y hacer ese viaje al Sur que siempre quise hacer.
No lo hago por amor a la contabilidad, porque no lo tengo. No me interesa la contabilidad. Pero tampoco la odio. Y es por eso que la utilizaré como un medio para lograr lo que quiero.
Otra cosa: yo no abandono las cosas que empiezo. (Las importantes.)
¿Cuántas clases pelotudas de SociologÃa me tuve que comer? ¿Cuántos debates de gente sin autoestima me tuve que bancar en cada clase de Historia, sólo porque siempre hay algún boludo que tiene que acotar algo en vez de quedarse callado y dejar hablar al profesor para que termine pronto y nos podamos ir?
Yo no me banqué todas esas putas clases de análisis matemático repletas de embolantes temas que jamás aplicaré en ningún aspecto de mi vida para decir “uy, no, mejor no, tiro todo por la borda y cambio de carrera.”
Andá a cagar. No voy a hacer eso.
¿Cuántos años de mi vida invertà en esta carrera de contador? ¿Vos creés que a mà me divierte eso? ¿Que yo tengo buenos recuerdos sobre la experiencia? No. Para nada. Es detestable ese puto CBC que está hecho para filtrar gente. Es una condena.
Pero es mi condena, y yo elegà vivirla, porque es el camino para alcanzar mis metas.
No voy a tirar a la basura todo el tiempo invertido, porque serÃa como haber vivido al pedo los últimos años. Y como no va a bajar Dios para devolvérmelos, tengo que seguir con esta carrera hasta el dichoso dÃa en que la UBA me dé mi tÃtulo, para que no haya sido todo en vano.
¡Pero no vas a ser feliz!
Siempre me salen con eso de ser feliz.
Para que quede claro: yo no creo en la felicidad eterna e imperecedera.
Para mà la felicidad dura un tiempo, y luego te acostumbrás a aquello que te hace feliz, seguÃs con tu vida bajo un estado de conformismo y terminás buscando la felicidad de nuevas formas.
Si siendo contador no soy infeliz y me pagan bien, listo. Ya está. Ya la hice. Lo importante es no ser infeliz. Si no soy infeliz, voy a estar bien. Y la contabilidad no me hace infeliz. De modo que asumir que no seré infeliz siendo contador es bastante correcto.
Aparte, no busco la felicidad en el trabajo. La felicidad la busco en otras cosas más importantes. En un cuadro, en una pelÃcula, en el amor de una mujer, en un proyecto, en algo que escribo, en una canción que me inspira, en degustar un delicado café mirando el mar, en viajar, en analizar algún aspecto de la vida y encontrar una respuesta, etc.
La felicidad no es un estado eterno, y no va a haber una sola cosa que me haga feliz.
Esa es mi opinión. Si tenés otra, me alegro por vos.
¡Pero no todos los contadores ganan bien, muchos se mueren de hambre!
Y muchos manejan un Audi. Y si empezamos a ver la proporción de cuántos diseñadores web o escritores ganan bien comparados al porcentaje de contadores que ganan bien, me parece que los contadores ganan por amplio margen.
Además de que tienen un tÃtulo universitario, cosa que si sos diseñador web o escritor, te la debo.
¡Pero esa no es tu vocación!
No, no lo es. Yo adoro escribir.
Me apasiona y encanta hacerlo. Escribir me hace feliz, o me pone triste, dependiendo de aquello que esté contando. Pero de cualquier forma, lo siento cerca de mÃ. Ya sea contando mis aventuras por la vida o creando personajes ficticios. (En un proyecto nuevo del que no hablé aún.)
Pero no planeo pagar la luz y el gas siendo escritor. Porque soy realista y creo que si contara con eso, me morirÃa de hambre.
Entonces que quede claro algo: lo que yo planeo para mi futuro ya fue pensado detenidamente y orquestado con antelación. No soy un pendejito improvisado sin capacidad de previsión. No voy a la deriva, tengo un plan. Me está llevando tiempo, lo admito, pero lo estoy haciendo.
Y quizá cambie, porque suelo hacer grandes planes y tirarlos a la basura, pero ese es mi problema. Y es mi vida.
El plan es seguir escribiendo y diseñando, pero laburar de contador. Punto.
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Leonardo
Imagino que para ofender a cualquier hombre sólo basta decirle que es un pésimo amante.
(Decirle eso es aún peor que lo del tamaño.)
HabrÃa que preguntarle a una chica, pero estoy casi seguro que si alguna se lo dijo al novio, el tipo se sintió bastante humillado y se fue lo más pronto que pudo.
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Leonardo
¿Sabés cuál es el problema con el boliche?
Te cuento.
Yo soy hombre. Yo voy al boliche a buscar minas. Punto.
No voy a venir con ese verso de que me gusta bailar o que “voy a divertirme” o “a tomar algo” porque estarÃa mintiendo descaradamente. Y no es mi estilo. (Por si no te diste cuenta hasta ahora)
Asà que imaginate qué lindo debe ser para mà ir a bolichear. Analicémoslo.
Vos entrás al boliche, después de pagar una entrada poco económica, para tener el privilegio, la fortuna y por qué no el grandÃsimo honor de respirar humo en medio de una aglomeración de minas creÃdas que van a hacerse las divas y tipos musculosos que creen que se llevan al mundo por delante porque van al gimnasio y tienen pelo largo.
Wow. Momento, corazón. Vamos a tratar de entender un poquito esto. Porque jamás lo logré comprender.
Por una parte tenés la motivación del 99.7% de los hombres: ir a buscar minas. El resto va a “ponerse en pedo”. Pará de contar. Esas son las razones.
El hombre va donde están las mujeres. Como el león va al abrevadero para agarrar a los antÃlopes mientras toman agua. Si las mujeres solo salieran a patinar, todos los boludos irÃamos a comprar patines. Si fueran a coser, tendrÃamos cajas de agujas e hilo. Es asÃ. Hacemos lo que ellas hacen porque es lo necesario para conseguirlas. (No tengo problema para admitirlo.)
Por otro lado, la motivación de las mujeres para ir a bolichear es bastante dispar. Como de costumbre, la mujer es siempre rebuscada. Compleja. Torcida. Loca. Contradictoria. Poco exacta para expresarse. Etcétera. Intentemos ver qué carajo le pasa.
Algunas te van a decir que van “porque van las amigas”. Eso yo lo interpreto como: “no tengo opiniones propias. Contrólenme, chicas”.
Otras que lo hacen porque les gusta bailar. Me pregunto cómo harán para bailar si están amontonadas y en pedo, y apenas pueden dar dos pasos sin pisar a alguien.
Luego no falta alguna que confiesa que va a calentar a los hombres pero se hace la difÃcil porque ella “no se puede ir con cualquiera”. ¡Ojo, eh! Ella es toda una dama. No te confundas porque te tiró onda o te hizo ojitos o se te frenaleó por media hora. No, no. Ella es una SE-ÑO-RA. Guarda.
Y alguna que otra reventada confiesa que lo hace porque cree que es lo que tiene que hacer para encontrar al amor de vida u otra paparruchada incoherente por el estilo.
Sin mencionar a las putas totales que descaradamente admiten que van “a buscar chongos”.
En definitiva, pocos saben a qué carajo van. Y los pocos que saben y no pertenecen a ninguna de las denigrantes calañas humanas previamente mencionadas, se joden. Porque deben bancarse a todos los demás.
Encima, impera un ambiente soberbio de gente creÃda donde no podés escuchar al que tenés al lado y sos vÃctima de todos los hijos de puta que fuman y te obligan a respirar el humo que deberÃa matarlos a ellos pero que desgraciadamente te mata lentamente a vos también por ser fumador pasivo.
Y tenés que pagar por la bebida. Pagar otra vez. Porque recordemos que ya habÃas pagado para entrar. Para tener el gran honor de estar entre esa gente maravillosa. “La crem de la crem.”
Llega la hora de cierre y te encontrás en la calle, solo o con la trolita de la noche (una de ellas, el boliche está plagado) que conseguiste en un momento llevado por el alcohol y el deseo, pensando en buscar el hotel más próximo para terminar de una vez y poder seguir con tu vida sintiéndote como todo un ganador por haber tenido sexo con una perfecta desconocida por la cual no darÃas ni dos mangos.
Si se te dio con alguna, es por esa noche. Porque, claro, una mina de una noche que ya tiene ganas de una, es claramente una trola. Entonces no sirve para nada más. Con lo cuál, cuando se te fueron las ganas (a la salida del telo) te terminás preguntando por qué las cosas tendrán que ser asÃ. Por qué no podremos ser más honestos y sinceros. Por qué todos tendrán que dárselas de estrellas de cine y tratar a los demás como basura.
¿Por qué todo estará tan venido a menos?
Y, tÃpico de mÃ: ¿Por qué las costumbres, y la vida misma, tienen tan poco sentido?
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Leonardo
Hoy casi pido helado.
Pero pensé:
“¿Acaso siento ahora el placer de todos los helados que degusté a lo largo de mi vida? No. Entonces no pido nada, porque cuando el helado se termine seré miserable otra vez. Y $6,50 más pobre.”Eso es pensar con perspectiva de futuro.
(O ser un obsesivo de mierda que no logra disfrutar de la vida)
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Leonardo
Otro dÃa contemplativo de meditación.
(Ergo: no hice un carajo, usé la bike y escuché unos temas de piano de Rob Costlow de los que hablaré luego.)
Sentado en uno de los dos sillones individuales del living me puse a pensar dos temas que parecen marcar mi existencia. El más obvio es el de mi mujer ideal y el otro es sobre mi inexplicable deseo de tener nietos pero no hijos.
Lo pensé durante una hora y me di cuenta que debÃa ser sincero conmigo mismo, aunque fuera crudo, para llegar a una conclusión que lograra satisfacerme.
Y lo logré. Encontré las respuestas. Aunque quizá no te guste leerlas.
Me di cuenta de que ambas cuestiones tienen un nexo común. Pero eso lo explicaré luego. Vamos por partes. Empecemos con el tema de la mujer ideal.
Aquello que siempre pienso sobre mi vida de pareja es lo que llamo “la parte buena”. O sea: ser despertado por una morocha hermosa de pelo enrulado que previamente habÃa estado durmiendo en mi pecho y con la cuál estarÃa desayunando en la cama minutos después. Y algunas cositas más que te podrás imaginar.
En fin, a lo que voy es ésto: ¿Por qué nunca logro imaginar cómo serÃa el dÃa a dÃa con esa morocha? ¿Cómo serÃa ir a Pago Fácil a pagar el gas? ¿Cómo serÃa si me olvido de nuestro aniversario? ¿Cómo serÃa si una noche estamos con ganas y a las semanas nos enteramos que seremos padres no-deseados? Todas estas cosas jamás entran en mi proyecto de vida.
Y me he preguntado frÃa y honestamente por qué. ¿Por qué?
La respuesta es clara y cruda: porque no quiero vivir todos los pesares de una relación. Solamente quiero la parte buena. Solamente quiero acostarme con la morocha hermosa, despertar con ella y desayunar juntos. O leer un libro juntos. O lo que sea. Pero no me interesa lidiar con su familia. No quiero saber qué hacen sus viejos, ni bancarme al pelotudo del hermano. Ni nada que me disguste en lo más mÃnimo.
Ergo: no sirvo para la vida en pareja. Porque cuando mi novia me empiece a decir qué hacer o altere mi rutina o se atreva a criticar alguno de mis caprichitos la mando a la puta madre que la re mil parió. (Como a cualquier otra persona.) O sea que hoy me he dado cuenta que si estuviera con alguien le cagarÃa la vida. Y ella me la cagarÃa a mÃ. Fin.
Vamos a la otra cuestión, la de los nietos. Ya vas a ver que es similar. Estuve pensando por qué quiero nietos pero no hijos. Digo, es medio pelotudo querer hacer yogur pero no tener la vaca.
De repente me golpeó la respuesta. Es bastante lógico, de hecho. Pensalo, si tenés hijos, los vástagos son tuyos. Si les pasa algo, si cagan o no cagan, si comen o no comen, si se enferman o se mantienen sanos, si violan a alguien o si son normales es tu problema. Vos sos el responsable. Si “el nene” sale con la moto y mata a una chica que cruzó la calle, los vecinos te vienen a apredrear la casa a vos. Bueno, es tu problema por ser papi. Jodete.
¿Pero qué pasa si sos el abuelo? Ahà está lo maravilloso. Un abuelo no está obligado a estar todo el tiempo con los nietos. Mierda, aunque los vea una vez por año está re bien. De modo que ser abuelo es el paraÃso para alguien que no quiere tener que estar constantemente cuidando a sus vástagos pero sà quiere cada tanto sentirse paternal con un pequeño retoño que está dando los primeros pasos en el mundo. Ser abuelo te permite ser groso, porque no tenés que ponerle lÃmites al nene. No sos un perseguidor, no le rompés las bolas porque sinceramente lo que haga tu nietito te importa tres carajos. Porque no es tu problema, es problema de tu hijo, el boludo ese.
Y el nexo final entre ambas cosas es: a mà no me gusta sentirme demandado constantemente. No me gustan las obligaciones. Y tampoco me gustan los problemas. No quiero cuidar crÃas que me pondrán en un geriátrico dentro de cuarenta años. No quiero que me jodan, que mi mujer me de órdenes o se atreva a criticarme. (Ni ella ni nadie, no lo digo porque sea una mujer. No se lo tolero a nadie y punto. No soy sexista.)
Conclusiones: lo más probable es que me muera solo. Sin hijos, ni nietos (porque no quiero tener crÃa) y sin pareja. (¿Qué mujer en su sano juicio elegirÃa un loco de mierda que quiere estar solo pero la quiere para divertirse y cuando la diversión termina mandarla a su casa?)
Bueno, ya lo descifré.
Valió la pena despertarse hoy. -
Leonardo
Debatir no tiene sentido.
Vos no le vas a cambiar la opinión a nadie. Y si se la cambiás no te lo van a decir, porque nadie admite que estuvo diciendo algo equivocado toda la vida y para no quedar como pelotudos prefieren seguir repitiendo lo que dijeron toda la vida.
Pero más importante: aún si vos pudieras cambiar la opinión de otro y aún si se diera la idÃlica situación en que tu oponente dijera: “¿Sabés qué? ¡Es verdad! ¡Vos tenÃas razón! ¡Voy a tirar por la borda todas mis creencias para pensar como vos!”; sinceramente, ¿qué carajo te importa la vida o la opinión de los demás?
Por eso debatir, para mÃ, no tiene el más mÃnimo sentido.
¿Querés pensar que es mejor un gobierno que otro? Adelante. ¿Querés debatir qué equipo de fútbol es mejor que otro? Adelante. Perdé tu tiempo.
Yo prefiero vivir mi vida y seguir guardándome mis opiniones. Porque estoy contento sabiendo que tengo ideas propias y no necesito gritárselo a todos en cada debate para sentir algo de autoestima.
¿No pensás como yo? No me interesa. ¿Pensás como yo? Tampoco me importa.
Hacé tu vida, yo ya vengo haciendo la mÃa hace años.
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Leonardo
Momento, ahora que lo pienso, el slogan de AyudÃn es perfecto para preservativos.
(Asumiendo que la gente se acuesta con gente que ama. Jaja, sÃ, claro…)
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Leonardo
¡LO LOGRÉ!
Finalmente pude arreglar todos los errores —que encontré— del cuestionario sobre mi mujer ideal.
Ahora lo jodido: lograr que vayan a responderlo.
(La vida está llena de pequeños desafÃos. Mayormente sosos)
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Leonardo
Mañana: feriado.
Posibles alternativas a dejar la vida frente esta computadora:
· Ir a escribir al McCafé.
Supongo que no cerrará. Sabemos que ahà esclavizan a la gente pero el cafecito nunca te falta. (Qué ternura.)· Bikear por horas.
No creo que tenga muchas ganas. Hoy estuve usando la bike y en las calles del microcentro advertà la manifestación por el discurso de la presidente. (A propósito, creo que “presidenta” está totalmente mal dicho.) Fue entretenido salir rajando de ahà tomando caminos alternativos y evitando la muerte bajo los vehÃculos adyacentes.· Ir a mi lugar favorito de Puerto Madero, mirar el agua amarronada y los turistas pasar.
Ya lo hice la semana pasada. Es relajante pero no algo que quiera repetir constantemente.No sé. Mañana decidiré qué curso de acción tomar.
(Y no te sorprendas si mando todo a la mierda y me quedo en casa leyendo o diseñando algo)
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