Recuerdo hace como un año que habÃa dos chicas con uniforme de colegio privado en el colectivo 12.
Una se bajó al rato pero quedó la amiga, que además llevaba a su hermanita. Asà que cuando ella se disponÃa a bajar cerca de Montes de Oca como yo, le pregunté por la amiga, que era la morocha que habÃa estado mirando todo el viaje.
(Era una morocha linda y se cruzó en mi camino. Hacé las cuentas.)
Entonces le dije a la rubia amiga que estaba con la hermanita:
-”Disculpame, quedarÃa muy desubicado si te pido el msn de tu amiga?”
-”Y si, la verdad que sÃ…”
-”Ajá…”
-”Y además tiene novio”
-”Ah, ok, ok. Hay ciertos códigos que yo no rompo”
-”Me parece muy bien”
Toqué el timbre y bajé en mi parada.
Quiero aclarar una cosa. Para mà hubiera sido peor no haber dicho nada que lo que hice. (O sea, haberlo intentado y salir con las manos vacÃas.)
Lo intenté, y eso dejó mi conciencia tranquila. A diferencia de muchas otras veces en el pasado, cuando me quedaba mirando y me preguntaba qué hubiera podido pasar.
Por lo menos ahora ya no me importa si la mina me da la hora o no. (Y esa es precisamente la clave de todo)