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  • Leonardo 11:42 pm on August 22, 2009 Permalink
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    Bueno, mañana no saldré, y planeo estar en mis yamis –piyamas– todo el día.

    (Quisiera tener una bata larga, como los actores de las películas de Hollywood. Con el cinturoncito de seda y las pantuflas. Quizás un gorro con un pompón. Hey, no me pongas esa cara. Yo tengo mi sexualidad bien asumida, eh.)

    Siempre quise hacer eso de estar todo el día con atuendo de cama por la casa, sin salir. De hecho, siento como que ya lo hice antes…

    ¡Ah, pero claro! ¡Ya recuerdo! ¡Lo hice hace mucho, cuando no tenía vida!

    Ahhh… recuerdos. (Suena “Memories” de fondo.)

     
  • Leonardo 7:44 pm on August 21, 2009 Permalink
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    Hoy:

    — Gracias por completar el formulario, bebé.
    — Gracias por hacerlo.

    Cuànto tiempo pasó desde el formulario. Parece que hubiera sido hace tan poco.

    Y es curioso como eso nos cambió la vida a los dos.

     
  • Leonardo 3:48 pm on July 21, 2009 Permalink
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    Si hay una cosa que me gustó de Análisis matemático es esta:

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    El hecho de que 0.999… sea igual a 1.

    Me acuerdo que el día que la profesora nos dijo esto nos negábamos a creerlo. Pero eventualmente, al ver la ecuación, lo aceptamos.

    Creo que debió ser el único momento matemático de mi vida que me resultó fascinante. (De acuerdo, estoy exagerando. Quizá haya habido otros momentos así. No suelo atesorarlos en mi memoria, así que sabrás disculparme.)

    ¿Para qué carajo sirve saberlo en la vida real?
    Para hacer conversación en un coctel —o en su defecto, en un blog. Pará de contar.

     
  • Leonardo 11:53 am on June 28, 2009 Permalink
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    Así que hoy fui a comprar los ravioles para almorzar y esperé el 70 un rato. No tardó mucho, me bajé al poco tiempo y luego hice mi compra. Caminé hasta la parada del 70 que me trajera de vuelta y ya sentí que me iba a quedar esperándolo ahí como un boludo por horas, como siempre. Aparte había un señor esperándolo con cara de “¿cuándo carajo viene ese colectivo de mierda?”.

    Habiendo vivido esa escena antes, y queriendo evitar el déjà vu, bajé el cordón y miré a lo lejos de la calle, a ver si al menos se divisaba algo. Nah, nada. Entonces dije: “se va a cagar el 70, yo no lo espero otra vez”, y comencé a caminar.

    Y caminé, y caminé. (Me viene a la mente la canción de la tortuga Manuelita, no sé por qué.)

    A las dos cuadras de llegar a casa lo veo pasar a mi lado. Mirá lo que había tardado en llegar. Me hubiera tenido que comer 15 o 20 minutos de espera, posando con las cajas de ravioles.

    Me vino bien la caminata además porque escuché la mayor parte de Windows Weekly.

    (Ahora a ver cuándo comemos, que tanta charla me dio hambre)

     
  • Leonardo 5:41 pm on June 12, 2009 Permalink
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    Obtuve un 7 en Teoría contable.

    (Ja! Y decian que debía ser diseñador web. Pobres idiotas…)

     
  • Leonardo 6:33 pm on May 22, 2009 Permalink
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    Tras la clase de Teoría contable —durante la cual vimos una introducción a la inflación— me di cuenta de que mi base de datos de gastos tiene la gran falla de no considerar la inflación como uno de los factores sobre los cuales yo después haré comparaciones.

    O sea que comparar los gastos de Febrero ’09 con los de Febrero ’10 resulta en algo engañoso. Porque en un periodo anual acá hay bastante inflación. Bah, eso creo. (Convengamos que me mantengo lo más lejos posible de los medios de comunicación, así que me baso en lo que escucho de la gente para decir lo que digo sobre el nivel de inflación, pero me parece que en este país crece bastante a comparación de otros.)

    Esto significa que si en el 2009 gasté $100 y en el $2010 gasté otros $100, los $100 del 2010 valen menos que los del 2009, teniendo en cuenta la inflación. Hasta hoy yo los hubiera comparado como algo igual. Pero en realidad no lo son. Y ahí estaba mi error a largo plazo.

    Entonces al terminar la clase —porque detesto ser de esos hijos de mil puta que le hacen perder tiempo a los demás con preguntas puntuales que sólo les interesan a ellos y nos tenemos que bancar todos— le pregunté a la profesora cómo podía saber el índice anual de inflación para incluirlo en mi base de datos de gastos.

    Y me comentó varios métodos interesantes, entre los cuales me dijo que en la página del INDEC debería estar el valor, pero que debería “tomarlo con pinzas”. También me comentó que se puede calcular como el 14% o el 16% anual, y dividir ese valor mensualmente para tenerlo en cuenta sobre los gastos mensuales. Sin embargo, otro método que me comentó fue el de utilizar el dolar como divisa de referencia, pero considerando su propia inflación, que no es tan frecuente como la nuestra.

    Estuvo interesante y voy a tener que ver qué método adopto, porque estas boludeces de registración me encantan y adoro crear gráficos y comparaciones a raíz de lo que observo en mis patrones de conducta, en este caso en cuanto a gastos.

    Y pensar que los del secundario querían que fuera diseñador web. ¡Ja! “Hacé lo que te gusta” y toda esa patraña. Resulta que me gusta más observar información y sacar conclusiones que diseñar.

    Cómo cambia uno en unos pocos años.

     
  • Leonardo 10:21 am on May 1, 2009 Permalink
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    Otro día del trabajador, otro aniversario de la pérdida de mi virginidad.

    (Ahhh, recuerdos)

     
  • Leonardo 2:00 pm on April 18, 2009 Permalink
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    Cuando era chiquito siempre quise tener un traje y ser importante y tener cosas que hacer.
    Qué lindo.

    Con la facultad, me sobran cosas por hacer.
    Me faltan el traje y ser importante para completar la escena.

     
  • Leonardo 11:34 pm on April 10, 2009 Permalink
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    Ayer, 9 de Abril, hace un año mi vida comenzó a dejar de ser una cagada.

     
  • Leonardo 9:14 am on March 30, 2009 Permalink
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    Qué lindo, no tengo facultad hoy.

    A ver si puedo hacer algo de la “tarea” antes de salir a gozar mi tarde.

    PD: Suena medio boludo decirle “hacer la tarea” cuando uno está en la facultad. Me siento como un nene de cinco añitos que va a tomar la leche y ver los Power Rangers. Ahhh, cuántos recuerdos. Sniff.

     
  • Leonardo 10:09 pm on March 24, 2009 Permalink
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    Recordando mi vieja crítica a Menéame y su mafia.

    http://leonardodamian.blogspot.com/2006/10/la-mafia-detrs-de-menamenet.html

    (Qué tiempos aquellos)

     
  • Leonardo 11:28 pm on March 23, 2009 Permalink
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    Extraño las viejas Frenchitas—bah, creo que eran Frenchitas, pero quizá eran otra marca—del tipo onduladas acanaladas con picante.

    Ese es otro producto que recuerdo con mucho cariño, como la sopa crema Knorr de espinacas y los antiguos medallones de jamón y queso Granja del Sol, que incluían una salsa exquisita, siempre escasa. Recuerdo que mi hermano y yo teníamos que pasar bien el último trocito del medallón por el plato para poder hacer rendir hasta la última gota de salsa, que siempre resultaba mezquinamente poca.

    (Ahh, viejos tiempos)

     
  • Leonardo 8:32 pm on March 21, 2009 Permalink
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    Al ofrecernos una oferta de dos paquetes de gomitas Yummy por no-sé-cuánto, recordamos con mi novia que ambos comíamos eso cuando éramos muy chiquitos.

    Me pregunto hace cuántos años que existirá ese producto.

    Son muy ricas las Yummy, la verdad. Y siguen teniendo el mismo sabor exacto que hace al menos diez años.

     
  • Leonardo 7:07 pm on March 16, 2009 Permalink
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    La heladera murió.

    Duró 38 años.

    El motor se quemó y el humo ahora nos recuerda todos los momentos que vivimos con ella. Todas las pizzas, la carne, las empanadas, cazuelitas, las verduras, los canelones que mi vieja prepara el día anterior a cocinarlos y guardaba ahí.

    Tantos recuerdos.

    Pero claro, esto sólo significa otra cosa…

    ¡Nueva heladera!

    (Yuuupi!)

     
  • Leonardo 10:50 pm on March 14, 2009 Permalink
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    Si alguna vez viajara en el tiempo hacia el futuro, haría estas cosas.

    1) Buscaría un diario, si acaso existieran aún, para ver qué fecha exacta es y cuáles son las noticias.
    2) Intentaría aprovechar el acceso gratuito a internet que probablemente sea cosa común en ese entonces, como el agua en los bebederos de algunas plazas ahora. En internet buscaría qué fue de Google, Apple, Microsoft y me buscaría usando el motor de búsqueda de esa época.
    3) Trataría de encontrarme a mí mismo y establecer contacto.
    4) Trataría de ver si tuve hijos, nietos o parientes, e intentaría contactarlos para ver qué les pasó.
    5) Buscaría información online sobre gente que conocí, para ver qué fue de sus vidas.
    6) Buscaría en cementerios las tumbas de mis parientes.
    7) Leería la historia y los hechos ocurridos durante todos los años que transcurrieron.
    8) Observaría las costumbres, modas y acciones de la gente de la época.
    9) Vería qué cosas cambiaron. Para bien o para mal.

    Desde que era un nene siempre deseé dos cosas sobre todas las demás: ser inmortal y viajar en el tiempo. (De hecho, hay algo que siempre deseé más que esas dos, algo mucho más simple pero más importante. Se me ha concedido y estoy muy agradecido por ello.)

    Me encantaría que se me concedieran alguna de las otras dos.

    A veces yo también soy un idealista boludo, con un toque científico—porque me encantaría experimentar cosas que sólo existen en la imaginación pero que podrían existir en la realidad gracias a la ciencia, algún día, quizás.

    (No tengo arreglo, pero qué es la vida sin sueños; no sería vida)

     
  • Leonardo 12:12 pm on March 7, 2009 Permalink
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    Ahora las tarjetas de Movistar dicen “RASPE SUAVE”.

    Comentarios al respecto:

    1) Esto me recuerda la primera vez que usé una tarjeta para recargar mi cel. Le di tan fuerte al coso-tapa-número que borré algunos números. Me pasé semanas probando todas las combinaciones hasta que finalmente logré obtener mi preciado crédito.
    2) Debería ser “Raspe suavemente”.

     
  • Leonardo 4:16 pm on March 2, 2009 Permalink
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    Me he dado cuenta de que INXS jamás—en la puta vida—logrará volver a ser tan buena banda como era cuando estaba Michael Hutchence.

    Es una lástima que haya muerto ese tipo. Qué groso era.

    Todavía recuerdo cuando era chiquito y mi hermano tenía dos temas de INXS que me encantaban: Suicide blonde, y These are the times.

    Siguen siendo dos de mis favoritos.

    El nuevo INXS—y su cantante—no me copan tanto como el original, con Michael.

    (Una pena)

     
  • Leonardo 7:43 am on February 27, 2009 Permalink
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    Tuve un sueño raro.

    Ayer me fijé en la página de la facultad para ver mis horarios de las materias, pero me faltaba saber en qué aula se dictaría cada una.

    Me fui a dormir pensando en eso, supongo, porque soñé con que caminaba por los pasillos buscando el aula correspondiente. Después hablaba con una chica que me estaba tirando onda y yo le decía “eh… tengo novia”, y ella se disculpaba y me decía que no quería cagar a nadie. “¡Yo tampoco!”—aseguraba yo en el sueño.

    Luego desperté totalmente confundido. “Tengo que fijarme los horarios. ¿No estaba en la facultad? ¿Ahora dónde estoy? Qué dormido estoy. ¿Y la mina esa quién carajo era? Ah, era un sueño nada más. Menos mal…”

    Me di vuelta y traté de dormir, pero con todo el quilombo matutino de casa, decidí levantarme. Te lo vine a contar porque seguramente en quince minutos me olvidé completamente de esto.

    Es increíble cómo uno se olvida de los sueños.

    (Es como si quedaran en una memoria RAM y al despertar se cortara la luz)

     
  • Leonardo 9:07 pm on February 19, 2009 Permalink
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    Cuando era chico quería tener un gato con estilo ruso y llamarlo Dimitri.

     
  • Leonardo 7:02 pm on February 17, 2009 Permalink
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    Extraño a mis abuelos.

     
  • Leonardo 11:21 am on February 14, 2009 Permalink
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    Cuando era chiquito recuerdo que alimentaba a los gatos de mi abuela con galletitas.

    (Tengo la sensación de que ya dije esto; pero no sé si te lo conté a vos o a otra persona)

     
  • Leonardo 8:38 pm on February 8, 2009 Permalink
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    Hoy comimos los Crazy Pops, o algo así.

    Son esos chupetines que vienen en un sobrecito con una suerte de polvillo que al hacer contacto con la saliva comienzan a producir una sensación efervescente en la lengua.

    Hace años que ninguno de los dos comíamos eso.

    (Volviendo a la infancia…)

     
  • Leonardo 8:26 am on February 7, 2009 Permalink
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    Soñé que hacía las paces con un viejo enemigo de la primaria.

    (A veces los sueños son tan idílicos e irreales que al despertar te sorprendés de haberlos experimentado)

     
  • Leonardo 2:14 pm on January 24, 2009 Permalink
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    Recuerdo que ya desde chico consideraba a mis pares unos completos idiotas. Y me relacionaba mejor con la gente más grande.

     
  • Leonardo 9:02 pm on December 23, 2008 Permalink
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    Hoy, camino a encontrarme una vez más con la compañera de mi vida, decidí matar el tiempo completando algunas palabras cruzadas con un cafecito de McCafé.

    Estaba en el centro y no tenía ni lápiz ni una mísera revistita de palabras cruzadas. Pequeño problema. Pasé por un quiosco y le pregunté al tipo que estaba parado al lado si tenía revistas de palabras cruzadas. Me señaló una de las puertas del quiosco, donde se alojaban unas cuántas, aunque apretadas y encimadas unas con otras. Agarré una que no parecía contener ni los malditos autodefinidos que detesto ni los estúpidos crucigramas que me pudren. Era solamente de palabras cruzadas. Una rápida ojeada me confirmó que no había otros juegos al pedo. “Ah, bárbaro”—pensé. Pregunté el precio, que resultó ser $3,10.

    Antes de que el tipo se moviera hacia la caja para buscar el vuelto del billete de $5 con el que aboné, le pregunté si tendría además una lapicera o lápiz, a lo que respondió con un gesto negativo. Sin embargo,  al darme el vuelto de $2, porque me había pedido 10 centavos más para hacer el vuelto redondo—cosa que me repudre de los comerciantes y por la cual casi siempre niego tener monedas que en verdad tengo y no quiero dar, la-puta-madre-que-los-parió—me dijo que a dos cuadras había una librería. Le agradecí y tras recibir mi vueltito y con revista en mano, dirigí mi pálido culo hacia la librería. (No tomo Sol en el culo, así que obviamente sigue blanquito. Supongo, bah.)

    Arribé minutos más tarde, donde tras esperar unos breves momentos fui atendido por un tipo que me preguntó qué buscaba. Le dije que quería un lápiz de mina. Me mostró una primer bandeja. “¿Algo así?”—preguntó. “Mmm…”—me limité a responder, insatisfecho pero esperanzado de que lo próximo fuera mejor, cual puta ante un cliente primerizo.

    La siguiente bandeja me gustó más. Tenía una serie de lápices Pilot de mina, de los cuales había uno que era exactamente el que tengo en casa, aunque a diferencia de aquél, éste no estaba bastante destruido. Agarré justo ese y lo analicé. Chequeé la goma de atrás y que tuviera alguna mina. Mientras, el tipo sacaba una última bandeja, pero yo ya había hecho mi elección y no quería saber más, cual mujer entregada ante el hombre que la enamoró. “No, no. Llevo éste. ¿Cuánto sale?”—sentencié. “Nueve”—respondió el hombre-atiende-librería. Le pagué y me retiré.

    Caminé unas cuadras hacia el McCafé, donde pedí un Expresso doble. La chica-esclava-de-la-caja me preguntó si quería algo para acompañar. “No, no”—respondí. Pero luego cambié de opinión. “Una cookie”—le dije. “¿De pasas o chocolate?”—inquirió. “Eh… chocolate”—respondí. Luego dudé sobre sí hubiera sido mejor pedir la otra, para variar y porque jamás la probé. Pero no di el brazo a torcer; dije chispitas de chocolate y chispitas de chocolate iba a ser, carajo. (Soy re heavy, sí.)

    Once pesitos y algunas poses después, obtuve mi bandeja, que demostró ser chica para contener todos los innecesarios platos y boludeces de acompañamiento. Me senté en una mesita cercana a la entrada, donde esperé a la compañera de mi vida mientras escuchaba música de mi iPod de la lista de reproducción “calma” y degustaba mi cafecito doble, servido en una de esas putas tazas enormes que detesto. Parecen palanganas más que tazas. Y tienen esa haza en miniatura que me desquicia. Nunca sabés cómo mierda meterle los deditos para agarrarla. (Let it go, Leo, let it go. En fin…)

    Con la mísera mina que me habían dado con el lápiz, traté de completar el primer juego de palabras cruzadas, siguiendo mi técnica de poner primero las palabras de mayor cantidad de letras donde no hubiese muchas opciones y continuando desde ahí hasta completar el resto según conviniera en cada caso. En un momento la punta de la mina bajó sola, demostrándome su ínfimo tamaño. Descubrí que a diferencia de lo que siempre creí, las minas de lápiz que están cortadas y no son más que pequeñas puntas, sí pueden reutilizarse. Basta con volver a cagarlas, pero no por adelante, sino por atrás. Aparentemente de esa forma agarran como si estuvieran nuevas y enteras. Andá a saber por qué, pero eso descubrí. (Yo las cargaba por adelante para no perder tiempo, pero no agarraban bien a menos que fueran nuevas.)

    Así que esperé durante un rato en esa situación de mi entera creación sintiéndome muy afortunado. Ahí estaba yo, con la camisita negra de Robins que adoro usar en días nublados porque me queda bien; tomando un expreso doble con una cookie de chocolate, haciendo palabras cruzadas como las que hacía mi abuela y de la cual heredé el gusto, escuchando la música que me llevó años elegir y almacenar hasta lograr poseerla en la forma que yo quiero y bajo mi estricto control; y esperando a mi novia, la única persona sobre la faz de la Tierra que considero mi igual. Me sentí muy afortunado, pero más aún, me sentí feliz.

    (No me gusta hablar al pedo con setimentalismos boludos; por eso las pocas veces que digo algo como lo del párrado anterior quiero que quede en claro que es una ocasión especial y no algo que digo a la ligera para hacerme el sensible.)

    Al rato llegó mi novia, con la cual, luego de una Coca y de escuchar cómo había logrado completar todo el juego de palabras cruzadas, nos retiramos a caminar por ahí.

    PD: Café + Cookie ($11), lápiz de mina ($9) y revista de palabras cruzadas ($3,10). La Coca yo no la aboné, pero eran $5.

     
  • Leonardo 11:04 am on December 16, 2008 Permalink
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    Qué eran los insulae. Según Wikipedia.

    (…) Bloques de viviendas, normalmente en régimen de alquiler, de varios pisos en el periodo imperial romano. Eran utilizadas por los ciudadanos que no podían permitirse tener viviendas particulares.

    O sea, serían los antepasados de los edificios.

    (Siempre me interesó el imperio romano)

    PD: Recuerdo haber aprendido esto cuando era chico, leyendo cómics de Asterix.

     
  • Leonardo 9:11 am on December 9, 2008 Permalink
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    Recuerdo que cuando era chiquito había inventado un sistema para leer completos los libros Elige tu propia aventura.

    Agarraba una hoja y ponía sobre el margen izquierdo el primer número de un grupo de 10 números, así:

    1 -
    10 -
    20 -
    30 -

    Etcétera.

    Supongamos que empiezo a leer y las primeras cinco páginas son de corrido. En la página 5 me encuentro con que tengo que decidir qué hacer. Si quiero ir al baño a lavarme el culo, paso a la página 8, pero si quiero salir a caminar, paso a la página 23. Ponele que elijo ir a la página 23.

    Bueno, en mi sistema, eso se simbolizaría así:

    1 – 2,3,4,[5]
    10 -
    20 – 23

    Como verás, cada página que leo la tengo que poner a la derecha del primer número, lo que denomino el “índice” de esa fila. Las páginas que me permiten decidir qué hacer, o que tienen una bifurcación con opciones, las marco con un círculo o con corchetes, en este caso la página 5. Y como elegí ir a la 23, ya la marco como leída también. Es decir, en la “tanda de los veintes”, sólo tengo leída la página 23. Y en la “tanda de los unos” tengo leídas las primeras cinco páginas. Para marcar a la página 1 como leída conviene tacharla o hacerle una marquita para que se entienda que se leyó y no está ahí solamente como índice de la fila.

    Entonces cuando llegás a uno de los múltiples finales del libro, simplemente vas volviendo a las páginas que tenías marcadas como bifurcaciones y tomás las decisiones que te faltan para completar el resto de aventuras.

    Además, estuviste anotando qué páginas leíste, te fijás cuáles te faltan para terminar el libro. Supongamos que en la serie de los veintes tenés solamente marcado el 23. Bueno, evidentemente te faltan la 20, 21, 22 y 24 en adelante hasta el 29 inclusive. Entonces sabiendo eso podés inferir que aún te falta tomar algún camino alternativo que te llevará por esas páginas, y así completarás toda la lectura.

    (Siempre me gustó crear sistemas rebuscados para hacerme la vida más fácil, desde que era chico)

     
  • Leonardo 8:40 am on December 2, 2008 Permalink
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    Recuerdo que cuando cursaba la primaria, mi maestra de plástica—dibujo—, siempre decía: “Llenen toda la hoja, chicos”. Y no tenía mucha paciencia cuando uno le dibujaba algo chiquitito en un rincón de la enormes hojas Canson Nº5 sobre las que trabajábamos.

    A mí no me gustaba dibujar porque lo hacía mal y eso me desalentaba. Desde el inicio supe que si iba a tener talento para algo, no sería el dibujo. Y lo peor era que en ese ambiente tampoco se fomentaba demasiado la creatividad. Si me hubieran dicho “llená toda la hoja de colores y mezclalos” quizá hubiera disfrutado más de la clase, que siempre detesté.

    En cambio, yo intentaba dibujar cosas más humanas, pero eran una cagada. Un tipo parado frente a una casita con humo. Un auto cuadrado y totalmente anti-aerodinámico, algo que si viera Pininfarina, le daría un infarto ahí mismo, y en caso de recuperarse, me mataría. En fin, el dibujo no era lo mío. Si hubieran fomentado más el arte abstracto, sin formas ni nada, mezclando solamente colores, quizá hubiera sido más llevadero.

    Pero al menos ahora cuando diseño algo—bah, ahora no, porque dejé de diseñar, pero hasta hace poco—intento cubrir toda el área de trabajo con los colores a utilizar, y que no queden áreas vacías, donde el arte parezca prófugo.

    Al menos eso me quedó.

    (Este artículo se lee mejor con la canción “Memories” de fondo. Aunque a mí no me gusta, pero supongo que a otros sí)

     
  • Leonardo 5:07 pm on November 30, 2008 Permalink
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    Cuando era chiquito y llovía, mi vieja me hacía poner unas botas.

    Entonces ya que tenía las botas puestas, yo aprovechaba para pisar todos los charcos de agua que hubiera a mi paso.

     
  • Leonardo 3:16 pm on November 27, 2008 Permalink
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    Cuando era chiquito jamás pude completar un álbum de figuritas.

     
  • Leonardo 11:13 am on November 15, 2008 Permalink
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    Tuve un sueño raro. Bah, dos.

    Uno era que yo viajaba en tren y había un viejo cuyos años no le habían llegado solos, así que lo llamé para darle el asiento pero el tipo no me entendía o algo así. Al final lo logré sentar, pero no había ya nadie alrededor sentado ni parado en el vagón. Y él me pregunta cómo me llamo. Le digo «Leonardo», y creo que le pregunto el nombre de él o algo así, pero no me responde esto, y en vez, me agarra y me dice que un Leonardo muere en ese tren a las 0:46 o una hora así, que terminaba en 6.

    Y justo ahí me despierto porque creo que él me mata. O simplemente sabe lo que ocurrirá y lo anuncia. (Mi subconsciente ahora me crea sueños con finales de suspenso. Está bárbaro.)

    Después de ese best-seller soñé que mi vieja ganaba $500 en la quiniela, y estaba re contenta. (?)

    (No dejo de sorprenderme de mí mismo)

     
  • Leonardo 9:33 pm on November 13, 2008 Permalink
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    Jugo de caramelos.

    Cuando era chiquito y estaba de vacaciones en Mar del plata, se me ocurrió ver qué pasaba si dejaba un par de caramelos en un vaso con agua. Cuando fui al día siguiente a ver cómo había evolucionado eso, noté que había quedado un agua coloreada y dulce.

    La llamé “jugo de caramelos”.

    (Pequeño curioso)

     
  • Leonardo 10:38 am on November 1, 2008 Permalink
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    Una vez fui a la biblioteca de Congreso a leer sobre física cuántica.

    Leí unos párrafos y me aburrí. Finalmente me fui como a la hora o quizá más.

    (Estaba al pedo, pero buscaba conocimiento)

     
  • Leonardo 9:52 am on October 23, 2008 Permalink
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    Me acuerdo que cuando era un infante uno de mis mayores ahnelos era crecer y ser un adulto.

    Ahora, mi mayor anhelo es conservarme joven y vivir cien años, siendo cada vez más sabio.

    Supongo que cuando sea viejo y esté podrido de todo, mi mayor anhelo será querer volver a vivir estos años.

    (Me pregunto cómo seré de viejo)

     
  • Leonardo 4:55 pm on October 3, 2008 Permalink
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    Fui a ver si había cambiado la fecha del parcial de Análisis.

    Cuando llegué al aula había ya empezado la clase. Habré llegado quince o veinte minutos después. Quizá más. Antes de abrir esa fea puerta de madera pude escuchar a una de las profesoras dando la clase. Y por el volumen de la voz deduje que estaría parada justo al costado de la puerta.

    Cuando empujé la fea puerta me recibieron todos esos ojos. Escrutiniando cada poro de mi piel, cada hebra de mi ropa y cada gesto de mi cara. Sin darle ninguna bola a la profesora, caminé al fondo del aula y me senté en la última fila. Recuerdo que cuando iba al colegio primario siempre tenía que sentarme adelante de todo porque no veía una mierda, debido a mi gran miopía. Ahora me siento atrás de todo siempre que puedo, para darme el gusto.

    Un par de turras se dieron vuelta para echarme ojo. “Qué sutiles son algunas”—pensé. La profesora también me miró como quien no sabe a qué atenerse. Mientras tanto yo me quité el iPod y lo enrollé en sí mismo. (Adoro esa característica del Shuffle.) Observé a la profesora dando su clase magistral durante unos minutos. Cometiendo errores y diciendo cada dos por tres cosas como “no copien! mírenme! que se tienen que acordar de esto!” y las mismas boludeces que he escuchado cientos de veces antes.

    A todo esto yo ni había sacado las cosas. Estaba sentado atrás de todo, con el morral rojo sobre el asiento de al lado, observando toda esta escena desde afuera. Digo desde afuera porque una vez más, me sentí parte de otro plano, de otra cosa que no era esa pero se superponía a esa. Yo estaba ahí, pero miraba y observaba a la gente como quien mira las hormiguitas cargar hojas camino al hormiguero. Uno está ahí al lado, pero la forma de actuar y pensar es diferente tanto para las hormigas como para uno. Acá era igual.

    Muchos copiaban desesperadamente, como si eso les fuera a servir en el parcial. Otros intercambiaban sus preguntas y boludeces aledañas a la materia. Era un pequeño circo que me entretenía ver y diseccionar lentamente. Grupo a grupo. Persona a persona. Todos tenían una particularidad. Un gesto, rasgo, tono de voz, lenguaje corporal o reacción particular.

    En un momento la profesora fue interrumpida por su celular y mientras respondía la llamada nos dijo que podíamos copiar el ejercicio del pizarrón. Ni me digné. Porque ya cursé la materia y encima estoy algo atrasado, así que te imaginarás que si estoy intentando entender lo anterior, ni ganas tengo de tratar de entender un ejercicio particular de algo que aún no llegué a ver con las prácticas. Dejame de joder, tesoro.

    Aproveché esta pausa general para pararme y preguntarle a una chica con cero estilo—era tan femenina como un pedo—cuál era la fecha del parcial. Yo la sabía, pero quería corroborar si la habrían cambiado, porque como no voy a clases, no me entero de esos pormenores. La chica ni sabía. Con mucha inseguridad me dijo que según ella el parcial era dos días después de la fecha que tenía yo. “¿Lo habrán corrido? Ojalá!”—pensé. Le agradecí a la pobre víctima del mal gusto, volviendo a mi lugar.

    Una de las chicas de la fila de adelante me escuchó y se dio vuelta, mirando de manera sutil. “Te vi, hija de puta! Te vi!”—pensé. (Me venís a mirar de reojo a mí. Me doy cuenta, turra.)

    Luego la profesora terminó el ejercicio con una de esas explicaciones que debo haber presenciado decenas de veces. Lo curioso es que casi nunca he visto que en una clase expliquen algo que no haya visto antes. Pero al estudiar por mi cuenta descubro muchas cosas que jamás había visto. Sin embargo cuando voy, siempre están explicando las mismas cosas. Casi parece orquestado. (A veces creo que mi vida es como The Truman Show, donde todos son actores.)

    Al terminar esta explicación fue a los bancos de cada uno de los que tenía dudas particulares. Siempre me emocionó esa gente con montones de dudas. Les fascina omitir la acción más básica de pensar por sí mismos. Yo entiendo que uno no puede saber todo. Todos tenemos dudas. Pero hay gente que DEBE preguntar cada pelotudés imaginable, porque es tanta la inseguridad que tienen que todo los aterra. “Ay, y si paso el 2 restando, qué pasa? Se puede hacer así?” ¡HACELO Y FIJATE, PELOTUDA! Todo preguntan. Todo. Falta que busquen un tutorial para cagar. “¿Primero me bajo los pantalones o eso viene después? Ay! No sé!”. (Me dan ganas de ahorcarlos.)

    En una de esas pasadas que hacía la profesora, se acercó en forma muy poco sutil hasta donde yo estaba. Me miraba como queriendo preguntarme algo. Y queriendo ver qué tenía entre las manos. (En ese entonces yo había sacado un resumen y estaba fingiendo que lo leía para hacer tiempo.)

    Después de todo, había ido para preguntar lo del parcial. No estaba en mis planes comerme toda una clase repleta de mogólicos con preguntas pelotudas y temas que yo no había visto aún. Te la regalo, gracias. Entonces—y al ver a la profesora acercarse—me di cuenta.

    “Ella sabe la fecha. Le pregunto a ella y listo”—me dije. Le hice un gesto a la mujer y con tono de alumno aplicado pregunté: “Disculpe, ¿la fecha del parcial es el 8 o el 10? Porque yo no vengo hace mucho y quería ver si la habían cambiado.” Ella me atajó con otra pregunta, que era—seguramente—la que me quería hacer apenas me vio entrar: “¿Vos cursás acá?”. “Sí, pero vine a la primer clase nada más. Porque ya la cursé. Solamente quiero saber cuándo es el parcial”. “Ah, bueno. No sé cuál es la fecha, a ver…”—dijo, volviéndose a la otra profesora, más delgada, seria, malhumorada y hastiada de la vida. A esa pobre víctima de la matemática le gritó: “¡¿Me decís la fecha del parcial?!”. Estaba jodida la preguntita.

    Desde el frente del aula respondió: “el 8!”. “Bueno, gracias”—me limité a decirle a la profesora que tenía al lado. (Ni idea de cómo se llama, por cierto.)

    Al retirarme me vio una ex-compañera de otras cursadas anteriores. O, como digo yo, “otra sobreviviente de la máquina de picar carne que es la UBA”. Me acerqué para saludarla y ver qué contaba. Estaba más atrasada que yo con las prácticas. (Uno se reanima cuando hay gente que está peor. Sirve para pensar “bueno, al menos no estoy tan mal”.)

    Hablamos menos de un párrafo cuando la profesora se acercó y con ese tonito típico de profesora nos dijo: “Acá no es para hacer sociales, hablen en otra parte” o algo así. Y esto me enferma, porque me pasa siempre a mí. Cuando yo tengo que estudiar todo el mundo grita y patalea a mi alrededor, pero nadie les dice nada. Ahora, el puto día que a mí se me ocurre hablar con otro ser humano, ah, no. Tabú. Ni se te ocurra. ¿Cómo osé hablar? ¡Vade retro, Satanás! Todo mal.

    Me despedí de la vieja compañera de viejas batallas y encaminé a la salida. Pude sentir a mi espalda una docena de miradas punzantes. Todas gritando al únisono el mismo pensamiento: “Ya se va? Pero si entró hace un rato”. Y creo que hasta escuché a alguien bufando o sentí algo referido a eso. Sin hacerme mucho problema—porque total la gente es una mierda y nos vamos a morir todos algún día—me retiré con la información que quería.

    (Y pensar que en una semana tengo que volver a ese antro)

     
  • Leonardo 11:32 am on September 29, 2008 Permalink
    Etiquetas: , , recuerdos   

    Me acordé de ese día que vi en una frutería marplatense una oferta por no-sé-cuántos kilos de “vananas”.

    (No podía creerlo)

     
  • Leonardo 6:05 pm on September 24, 2008 Permalink
    Etiquetas: , recuerdos   

    Cuando estaba en el secundario mi tema favorito de contabilidad era Conciliación bancaria.

    El profesor nos hacía copiar un balance de la “empresa” y otro del “banco”. Había que compararlos, buscar diferencias y hacer los asientos de ajuste.

    ¿Te sobra guita? Fácil! Caja a sobrante de caja. (Es una cuenta de ganancia.)
    ¿Te falta guita? Cagaste! Faltante de caja a caja. (Es una cuenta de pérdida.)

    Era re boludo el tema y a todos les costaba un huevo hacerlo. A mí me gustaba y hasta me entretenía porque había inventado un diseño para que todo el ejercicio me entrara en una sola página, usando una diagramación más chica con hojas cuadriculadas.

    Yo siempre usé el diseño en las cosas cotidianas. Y nunca me embolaron los trabajos de oficina de ese tipo.

    (En general el diseño y la contabilidad no van de la mano, pero conmigo sí)

     
  • Leonardo 8:25 pm on September 20, 2008 Permalink
    Etiquetas: , , recuerdos   

    Siempre que sacaban una foto en el colegio le decía a los que estaban parados a mi alrededor: “Finjan que son felices”.

    Porque sonreír para una foto no es más que eso: fingir falsamente que se es feliz a pedido del fotógrafo.

    (Qué falsedad que son las fotos escolares)

     
  • Leonardo 8:31 am on September 18, 2008 Permalink
    Etiquetas: recuerdos,   

    Me pica el ojo izquierdo.

    De repente recuerdo la voz de mi padre, durante mi niñez: “Cuando viajes en colectivo o subte, nunca te toques la cara.”

    (Pero no viajé a ninguna parte en estos días, que recuerde)

     
  • Leonardo 10:20 pm on August 17, 2008 Permalink
    Etiquetas: recuerdos   

    Tengo un Jenga.

    Y hace años que no juego.

    (Gracias por eso, Gerardo Sofovich)

     
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